La controversia generada luego de la inauguración de la Copa América de fútbol es el ejemplo más evidente de que vivimos en un mundo que en el que los valores humanos más auténticos e importantes son vistos como algo que puede “ofender” y, por tanto, hay que tener cuidado de expresar algo relacionado con eso por más verdadero y bueno que sea.
Lo que vemos en este tiempo, no solo en nuestra sociedad paraguaya, sino en el mundo, es que la verdad dejó de ser la “piedra fundamental” sobre la cual se construyen dichos valores dando paso al relativismo absoluto, donde lo que prevalece es la verdad de cada uno, el interés particular por sobre el general.
Para entender mejor lo que está pasando, debemos reconocer que la bendición del pastor Emilio Agüero Esgaib (y su colega que lo hizo en inglés), pudo haber sorprendido sobre todo por el contexto en el que se dio, aunque no fue para nada extraño para los miles de espectadores que respondieron con un estruendoso ¡Amén! a dicha plegaria.
Es que si nos ponemos a pensar, la gran nación norteamericana nació y tiene los valores cristianos muy arraigados, al igual que todo el continente americano. La propia leyenda “In God we trust” (En Dios confiamos) que se lee en los billetes y monedas estadounidenses tiene una razón de ser y evoca el espíritu religioso que predomina en la población.
Por tanto, hay que dejar de lado la hipocresía, sobre todo de algunos medios de comunicación, periodistas y “opinólogos” en general que se han rasgado las vestiduras por el gesto de bendecir, que no es otra cosa que desear el bien a alguien, independientemente de sus creencias religiosas. Algunos colegas recordaban que cuando se llevó a cabo la inauguración del Mundial de Qatar, religiosos musulmanes recitaron pasajes del Corán, pero aquella vez, ninguno de los que hoy se escandalizan lo cuestionaron.
Lo irónico es que muchos de esos medios de comunicación y sus periodistas (incluidos algunos políticos pescadores de río revuelto) son los mismos que se expresan a favor de una supuesta inclusión y tolerancia, siempre y cuando sea para defender causas como el aborto o las uniones homosexuales, pero donde no hay lugar para mensajes de fe y esperanza.
Definitivamente, vivimos en una sociedad que tiene los valores trastocados, así que no nos queda otra que levantar la voz y bendecir, es decir, desear el bien, aunque el mundo entero se ofenda. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.
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La controversia del arroyo Estrella y el río Apa
- Carlos Fleitas
- Embajador
- Fotos: Gentileza
Los trabajos llevados a cabo por la primera Comisión Mixta Demarcadora de Límites entre la República del Paraguay y el Imperio del Brasil se desarrollaron en un escenario muy complejo para nuestro país. Apenas concluida la guerra contra la Triple Alianza, nuestra nación afrontaba las consecuencias materiales, económicas e institucionales del conflicto mientras permanecía bajo la presencia de fuerzas de ocupación brasileñas y atravesaba una profunda inestabilidad política.
En ese contexto, se puso en marcha la ejecución del Tratado de Límites del 9 de enero de 1872, que el Paraguay debió afrontar con limitados recursos técnicos y humanos.
Mientras el Brasil organizó una comisión integrada por ingenieros militares y personal técnico, la representación paraguaya estuvo encabezada por el capitán Domingo Antonio Ortiz, acompañado inicialmente por un reducido número de colaboradores, varios de los cuales abandonaron posteriormente la misión, quedando prácticamente solo Ortiz y el secretario José Dolores Espinoza al frente de los trabajos.
Efraím Cardozo señala que el Gobierno brasileño impulsó una rápida ejecución de la demarcación, interés que ya se reflejaba en las disposiciones del propio tratado de 1872, que fijaban plazos breves para la designación de los comisarios y autorizaban incluso que los trabajos continuaran si una de las partes demoraba su participación. Esto es un caso inédito, pues nunca una demarcación podría autorizarse con la participación de una sola parte.
Esa premura se tradujo posteriormente en un ritmo acelerado de los trabajos sobre el terreno, circunstancia que, a su juicio, contribuyó a varias de las controversias técnicas surgidas durante la demarcación.
Entre una de las controversias surgidas se encontró con la determinación de la naciente principal del río Apa. El desacuerdo fue sobre cuál de los dos cursos de agua debía considerarse la continuación principal de dicho río y, por consiguiente, por cuál debía seguir la línea fronteriza.
CONSECUENCIAS TERRITORIALES
Aunque inicialmente se presentó como una discusión técnica sobre nombres, caudales, perfiles y nacientes, la decisión tenía consecuencias territoriales importantes. Si se reconocía como verdadero Apa el curso situado al norte, la frontera continuaría por ese cauce; si se aceptaba que el arroyo Estrella, situado al sur, era la naciente principal del Apa, la línea divisoria debía seguir su álveo.
La cuestión enfrentó durante 1873 al comisario paraguayo, capitán de fragata Domingo Antonio Ortiz, y al comisario brasileño, coronel de ingenieros Rufino Eneas Gustavo Galvão.
El desacuerdo quedó formalmente planteado en la quinta conferencia de la Comisión Demarcadora, celebrada el 14 de enero de 1873 en el campamento brasileño ubicado en la tapera de Gabriel López. Para entonces, la demarcación había llegado al lugar situado aguas arriba del paso de Bella Vista, donde el curso del Apa se encontraba con el arroyo Estrella.
El comisario brasileño propuso continuar la demarcación por el brazo austral, conocido comúnmente como Estrella. Su posición se basaba en las mediciones efectuadas por la Comisión Mixta: según los perfiles y velocidades registrados, el Estrella transportaba un volumen de agua mayor que el curso situado al norte.
Desde esta perspectiva, el Estrella no debía ser considerado un simple afluente, sino el brazo más importante y, por tanto, la naciente principal del río Apa mencionada en el tratado.
El delegado paraguayo rechazó esta interpretación, argumentando que el uso público y tradicional distinguía claramente dos cursos diferentes: uno denominado río Apa y otro conocido como arroyo Estrella. En consecuencia, consideraba que la demarcación debía continuar por el Apa, mientras que el Estrella era solamente un afluente cuyo nombre y carácter geográfico no podían ser modificados por la Comisión.
También cuestionó las mediciones presentadas por la delegación brasileña. Señaló que el Estrella había sido estudiado cuando se encontraba más crecido debido a las lluvias, mientras que el Apa fue examinado posteriormente.
Añadió que, cerca de la confluencia, el área correspondiente al Apa era mayor, por lo que el volumen momentáneamente observado en el Estrella no bastaba para convertirlo en la corriente principal.
La delegación brasileña respondió que la denominación popular de los cursos de agua no podía prevalecer sobre los resultados de los estudios técnicos. Según su interpretación, los nombres Apa y Estrella habían sido utilizados por pobladores que “desconocían los medios para distinguir” cuál era el brazo principal de un río. Sostuvo además que las mediciones de ambos cursos habían sido realizadas prácticamente en el mismo momento y que la diferencia no podía atribuirse exclusivamente a las lluvias.
INTERPRETACIÓN
El comisario brasileño fundaba su interpretación en la expresión “naciente principal del río Apa”, contenida en el artículo primero del Tratado de Límites. A su criterio, esa fórmula obligaba a la Comisión a buscar la corriente que aportara la mayor cantidad de agua, independientemente del nombre con el que fuera conocida por las poblaciones de la región.
El comisario paraguayo insistió en que el tratado mencionaba específicamente al río Apa y no al arroyo Estrella. Para Ortiz, no se trataba simplemente de elegir entre dos brazos de un mismo río: el Apa y el Estrella eran cursos distintos, con cabeceras diferentes, y el segundo desembocaba en el primero como afluente. Aceptar otra interpretación significaba apartarse de la letra del Tratado y exceder las atribuciones conferidas a la Comisión Demarcadora.
Ortiz también rechazó que la Guardia Oliva del Brasil constituyera una prueba del reconocimiento paraguayo del Estrella como frontera. Explicó que los puestos militares habían sido establecidos para proteger las poblaciones y vigilar el territorio, no necesariamente para señalar una línea limítrofe.
Del mismo modo, sostuvo que el mapa de Du Graty no podía considerarse oficial solamente porque su autor hubiera recibido colaboración del Gobierno paraguayo.
La diferencia entre ambas posiciones también afectaba la interpretación del concepto de naciente principal. Para el comisario brasileño, debía considerarse principal la vertiente que aportaba mayor caudal. Para el capitán Ortiz, en cambio, la naciente principal debía buscarse entre vertientes pertenecientes a un mismo sistema y procedentes de una fuente común. Si el Estrella tenía un nacimiento independiente, no podía transformarse en el Apa por el solo hecho de presentar mayor volumen.
Ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo, ambos comisarios resolvieron remitir la cuestión a sus respectivos gobiernos. Mientras aguardaban una decisión, aceptaron continuar los trabajos por la sierra de Amambay y dejar pendiente la colocación del mojón correspondiente a la naciente principal del Apa.
EXPLORACIONES
Las exploraciones realizadas durante 1873 no consiguieron eliminar el desacuerdo. En la séptima conferencia, celebrada el 14 de agosto de ese año, se presentaron las plantas de las cabeceras del Apa y los perfiles transversales de los cursos situados al norte y al sur. Ortiz sostuvo que los trabajos confirmaban que el Apa era un río distinto del Estrella, porque ambos poseían cabeceras separadas y sus respectivos valles estaban divididos por una colina.
La delegación brasileña consideró, por el contrario, que los dos cursos constituían cabeceras del mismo sistema fluvial, dado que su reunión formaba el río conocido aguas abajo como Apa. En consecuencia, correspondía comparar ambos y reconocer como naciente principal al de mayor importancia hidrológica. La existencia de una colina que separara sus valles no alteraba, según esta posición, su pertenencia al mismo sistema.
Ortiz recordó que, cuando se negoció el Tratado de 1872, tanto paraguayos como brasileños conocían como Apa al curso septentrional. Señaló, asimismo, que el tratado había sido celebrado teniendo a la vista un mapa oficial del Imperio del Brasil en el cual aquella vertiente figuraba como naciente principal. Para el comisario paraguayo, el posterior reconocimiento completo del Estrella no autorizaba a modificar el accidente geográfico que los negociadores habrían tenido en consideración.
La respuesta brasileña fue que la misión de la Comisión no consistía en reconstruir las intenciones subjetivas de los negociadores, sino en ejecutar estrictamente el tratado mediante los conocimientos científicos disponibles. Sus representantes reiteraron que las plantas y los perfiles mostraban que el Estrella poseía mayor volumen y mayor recorrido.
Ortiz contestó que, incluso admitiendo ese mayor caudal, el Estrella continuaba siendo un tributario que aumentaba las aguas del Apa, pero no se convertía por ello en el verdadero río.
EL PROTOCOLO DEL 7 DE ENERO DE 1874
La controversia fue resuelta en el plano diplomático mediante el protocolo firmado en Asunción el 7 de enero de 1874 por el ministro paraguayo de Relaciones Exteriores, José del Rosario Miranda, y el representante del Imperio del Brasil, Antonio José Duarte de Araujo Gondim.
El documento examinó las últimas exploraciones efectuadas en las cabeceras del curso denominado arroyo Estrella y adoptó una solución favorable a la interpretación brasileña.
En el protocolo, ambos ministros declararon que de las exploraciones resultaba “a toda evidencia” que el arroyo Estrella no solo era una de las nacientes del río Apa, sino también su naciente principal. En consecuencia, acordaron que la línea divisoria entre Paraguay y Brasil debía seguir por el Estrella, y el canciller paraguayo se comprometió a impartir inmediatamente las órdenes correspondientes al comisario Domingo Antonio Ortiz.
La resolución fue incorporada al Acta de la 10.ª Conferencia de la Comisión Demarcadora, celebrada el 16 de marzo de 1874 en el Campamento n.º 42, en la senda abierta por la cumbre de la sierra de Mbaracayú hacia el salto de las Siete Caídas. Después de transcribir el protocolo, los integrantes de la Comisión examinaron y firmaron las plantas de la cordillera de Amambay.
En ellas se fijó como extremo norte de la línea la vertiente del Estrella reconocida como naciente principal del Apa. También se describió la continuación de la frontera por la cumbre de la cordillera hasta la naciente principal del Ygatimí.
Finalmente, los comisarios declararon encontrarse de acuerdo sobre los trabajos de extensión de la frontera por la cordillera de Amambay. En el cierre del acta se dejó expresamente asentado que en la confluencia y cabecera del Estrella se habían levantado los mojones correspondientes, reconociéndose este curso como principal u origen del Apa. El documento fue firmado por Domingo Antonio Ortiz y los demás miembros presentes de la Comisión Mixta.
Según el historiador Efraím Cardozo, el capitán Ortiz, convencido de que el reconocimiento del arroyo Estrella como naciente principal del Apa contrariaba el Tratado de Límites de 1872, presentó su renuncia en desacuerdo con la decisión adoptada por ambos gobiernos.
No obstante, en el contexto de la ocupación brasileña y de la situación política del gobierno de Salvador Jovellanos, Ortiz fue obligado a retirar su renuncia y a firmar los documentos finales de la demarcación.
Desde esta perspectiva, la firma del comisario paraguayo en las actas posteriores no reflejaría un cambio de criterio técnico, sino las complejas circunstancias políticas que rodearon la conclusión de los trabajos demarcatorios.
La materialización definitiva de esta decisión quedó registrada en la 13.ª Conferencia, celebrada el 9 de setiembre de 1874, en la cual la Comisión Mixta transcribió el acta de colocación del mojón de límites en la confluencia del Estrella. En dicho documento se dejó constancia de que el mojón había sido inaugurado el 29 de agosto de 1874 en la confluencia de los dos brazos del río Apa, frente al paso de Bella Vista, y que, conforme al Protocolo del 7 de enero del mismo año, la línea divisoria continuaba por el álveo del brazo sur del Apa, vulgarmente denominado arroyo Estrella, hasta su naciente principal en la cordillera de Amambay, donde debía erigirse un segundo mojón.
CONCLUSIÓN
En la historiografía paraguaya, diversos autores han valorado críticamente la solución adoptada en 1874. En primer término, Efraím Cardozo consideró la interpretación sostenida por Domingo Ortiz como jurídicamente consistente con el texto del Tratado de Límites de 1872. Según este autor, el principal argumento paraguayo residía en que el tratado hacía referencia al río Apa y no al arroyo Estrella, de modo que el reconocimiento de este último como naciente principal implicaba modificar el accidente geográfico tomado como referencia por los negociadores.
Cardozo observa que Ortiz fundamentó su posición mediante argumentos de carácter técnico e hidrográfico, sosteniendo que el Estrella era un afluente del Apa y no su continuación principal.
Por su parte, el historiador Antonio Salum Flecha, citando al historiador Laconich, sostuvo que el conflicto tuvo su origen en un “equívoco técnico” y consideró que el curso septentrional era el verdadero Apa, mientras que el Estrella constituía solamente un afluente. Según esta interpretación, la solución de 1874 hizo que la frontera siguiera el curso defendido por Brasil y significando para el Paraguay la pérdida de aproximadamente cien leguas de ricos yerbales.
Más de ciento cincuenta años después, la controversia del arroyo Estrella continúa siendo un caso de especial interés para la historia diplomática y de la demarcación de fronteras del Paraguay. El episodio evidencia la complejidad de trasladar al terreno las disposiciones de un tratado internacional y demuestra que, junto con los aspectos geográficos e hidrográficos, las circunstancias políticas también pueden influir en la ejecución de los acuerdos limítrofes.
El análisis conjunto de las actas de la Comisión Mixta y de la historiografía permite comprender cómo una diferencia de interpretación sobre la expresión “naciente principal del río Apa” derivó en una decisión diplomática con consecuencias permanentes para la delimitación de la frontera paraguaya.
Asimismo, pone de relieve las dificultades que debió afrontar el Paraguay para sostener su posición en un período marcado por la reconstrucción nacional, la ocupación militar extranjera y la evidente asimetría de recursos entre ambas comisiones demarcadoras, circunstancias que condicionaron uno de los primeros procesos de delimitación y demarcación de las fronteras internacionales del país tras la guerra contra la Triple Alianza.
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Alliana aclara que la opinión de Leite sobre la chapa presidencial fue “a título personal”
El vicepresidente Pedro Alliana, y candidato a presidente de la República, por el movimiento Honor Colorado, salió al paso de las declaraciones del senador Gustavo Leite, quien había afirmado que es imposible pedir que “todos estemos de acuerdo con cómo será la dupla presidencial (ya que) somos un partido democrático”.
El legislador aseguró hoy miércoles que la dupla presidencial de Honor Colorado para el 2028 “es Pedro Alliana - Juan Carlos Baruja, punto”.“
Al respecto, el presidente en ejercicio puso énfasis al afirmar que en la Asociación Nacional Republicana (ANR) la disciplina se marca con respeto a las personas y el rol que le han asignado es designar y anunciar un vicepresidente.
“La opinión del senador Gustavo Leite sobre postulación a la Vicepresidencia no representa en absoluto mi postura. Soy fiel al compromiso asumido de ser responsable del anuncio del candidato a vicepresidente al final de las elecciones municipales y mientras sea candidato ese plazo se va a cumplir”, escribió en sus redes sociales.
Alliana siguió con su posteo afirmado que un candidato de Honor Colorado es fiel a su palabra y no duda en el cumplimiento de sus compromisos.
El presidente de la República en ejercicio se ratificó en su postura de definir a su dupla presidencial luego de las elecciones municipales del próximo 4 de octubre. Sin embargo, reiteró que, si debe tomar una decisión en este momento, prefiere al ministro de Urbanismo, Vivienda y Hábitat (MUVH), Juan Carlos Baruja, para el precandidato a la vicepresidencia rumbo al 2028.
“Si es por mí, si yo hoy tengo que tomar una decisión, yo me juego por Juan Carlos, pero hay cuestiones que todavía tenemos que llevar adelante”, indicó Alliana, este miércoles, al programa “Arriba hoy” de GEN y Universo 970 AM/Nación Media. No obstante, aseguró que, a pesar de esta preferencia personal, aún falta un proceso interno en el movimiento Honor Colorado para definir a su compañero de fórmula.
Lea más: Alliana niega persecución política de Prieto: “Es un irresponsable, tiene 46 denuncias”
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La posición paraguaya ante la controversia del Salto del Guairá
- Carlos José Fleitas
- Embajador
- Fotos: Gentileza
La definición del trazado fronterizo entre Paraguay y Brasil fue el resultado de un largo proceso que sigue hasta la actualidad, combinando negociaciones diplomáticas, acuerdos internacionales y un intenso trabajo de campo realizado por las comisiones mixtas demarcadoras. Esa documentación se convertiría décadas más tarde en uno de los principales fundamentos de la posición paraguaya frente a la controversia del Salto del Guairá. A la fecha resta por demarcar aproximadamente 8 km, en la zona del Refugio Biológico de Mbaracayú.
La frontera entre el Paraguay y el Brasil no surgió de un único tratado ni quedó materializada de manera inmediata. Su definición fue el resultado de un proceso que se extiende hasta la fecha, combinando negociaciones diplomáticas, acuerdos internacionales y un intenso trabajo de campo realizado por las comisiones mixtas demarcadoras de ambos países, dentro de un marco de armonía y discusiones eminentemente técnicas.
A lo largo de este periodo ingenieros, militares y diplomáticos paraguayos y brasileños recorrieron la frontera levantando planos, identificando accidentes geográficos, colocando hitos y dejando constancia de cada decisión en actas demarcatorias.
Esa documentación se convertiría décadas más tarde en uno de los principales fundamentos de la posición paraguaya frente a la controversia del Salto del Guairá.
El punto de partida para la demarcación con el Brasil fue el Tratado de Límites Loizaga–Cotegipe, firmado en Asunción el 9 de enero de 1872, que definió la línea fronteriza entre ambos Estados y dispuso la designación de comisarios encargados de su demarcación.
En cumplimiento de ese mandato se constituyó la primera Comisión Mixta de Límites, integrada por representantes paraguayos y brasileños, que entre 1872 y 1874, que recorrió la frontera, confeccionó planos y erigió los primeros hitos. Desde entonces quedó claro que fijar jurídicamente una frontera y materializarla sobre el terreno eran etapas distintas de un mismo proceso.
Entre los protagonistas de esta primera etapa de la demarcación paraguayo-brasileña destaca el capitán de Fragata Domingo Antonio Ortiz, excombatiente de la guerra contra la Triple Alianza, quien fue designado por decreto del 17 de junio de 1872 como primer comisario paraguayo para integrar la Comisión Mixta encargada de ejecutar el Tratado.
Su misión no se limitó a representar al Paraguay: dirigió sobre el terreno los trabajos iniciales de reconocimiento y demarcación, participando junto a su homólogo brasileño, Rufino Enéas Gustavo Galvão, en la colocación del primer mojón de la frontera sobre el río Apa.
Justamente uno de los desafíos iniciales enfrentados por la Comisión Mixta fue la identificación de la naciente principal de dicho río, punto de especial importancia porque de ella dependía el trazado de la línea divisoria prevista en el Tratado. Las exploraciones de campo realizadas dieron lugar a una divergencia técnica, que fue elevada a consideración de ambos Gobiernos.
La cuestión se resolvió mediante el Protocolo del 7 de enero de 1874, por el cual el Paraguay y el Brasil acordaron reconocer al arroyo Estrella como la naciente principal del río Apa, disponiendo que la frontera siguiera la siguiente coordenada geográfica: Latitud 22°16’39”03 Sur, Longitud 12°39’1”80 Oeste.
El proceso demarcatorio recibió un impulso con el Tratado Complementario de Límites, suscrito en Río de Janeiro el 21 de mayo de 1927, y con el Protocolo de Instrucciones para la Demarcación y Caracterización de la Frontera, del 9 de mayo de 1930. Estos instrumentos reorganizaron los trabajos y crearon la Comisión Mixta de Límites y Caracterización de la Frontera Paraguay–Brasil, encargada de completar la demarcación, reparar hitos, instalar nuevos mojones y desarrollar los estudios topográficos e hidrográficos necesarios para caracterizar toda la línea limítrofe.
Esa continuidad institucional demuestra que ambos Gobiernos entendían que la frontera no era una obra concluida en 1874, sino un proceso permanente de demarcación y caracterización que debía ejecutarse de manera cooperativa y conforme a los compromisos internacionales asumidos.
CONTROVERSIA DE 1965 Y LA NOTA D.P.I. N.° 712
Antes de examinar la Nota D.P.I. N.° 712 resulta necesario comprender el contexto histórico en el que fue elaborada. Desde fines del siglo XIX la propiedad del Salto del Guairá dio lugar a una de las más importantes controversias limítrofes entre el Paraguay y el Brasil.
Mientras el Brasil sostenía que la totalidad del salto le pertenecía y que la frontera ya se encontraba completamente demarcada hasta ese punto, en el Paraguay surgieron diversas interpretaciones históricas y jurídicas acerca del alcance del Tratado de Límites de 1872 y de la soberanía sobre dicho accidente geográfico.
Estas interpretaciones contribuyeron al debate que precedió a la posición oficial asumida posteriormente por la Cancillería paraguaya en la Nota D.P.I. N.º 712 de diciembre de 1965.
Entre las interpretaciones doctrinarias paraguayas más influyentes se encontraba la sostenida por el historiador nacional Efraím Cardozo, quien afirmaba que el Tratado de Límites de 1872 no había adjudicado expresamente al Brasil la soberanía sobre el Salto del Guairá.
Según esta tesis, el Paraguay conservaba el dominio histórico sobre dicho accidente geográfico, ya que la soberanía solo podía modificarse mediante una cesión expresa, inexistente en el texto del Tratado.
Para Cardozo, la línea fronteriza debía llegar hasta el propio Salto, manteniéndose la totalidad de este dentro de la jurisdicción paraguaya. Otra interpretación fue la del jurista compatriota Juan José Soler, que sostenía que el Salto debía analizarse como parte de un río internacional.
Desde esta perspectiva, el Tratado de 1872 disponía que la frontera siguiera el canal principal del río Paraná hasta el Salto, por lo que este constituía un accidente geográfico compartido y no perteneciente exclusivamente al Brasil.
Aunque difería de la posición de Cardozo respecto del fundamento jurídico, Soler coincidía en rechazar la interpretación brasileña según la cual el Tratado había atribuido al Brasil la soberanía exclusiva sobre el Salto del Guairá.
Sin embargo, a mediados de la década de 1960 la controversia dejó de ser únicamente una discusión histórica y jurídica para convertirse en un diferendo diplomático de creciente importancia.
La presencia de efectivos militares brasileños en la región del Salto del Guairá y la paralización de los trabajos de la Comisión Mixta trasladaron el debate desde la interpretación de los tratados hacia el estado efectivo de la demarcación sobre el terreno, otorgando un renovado protagonismo a la documentación producida durante décadas por la propia Comisión.
Así el reclamo del Gobierno paraguayo se realizó en septiembre de 1965, donde por medio de una nota solicitó al Gobierno brasilero el retiro de efectivos militares instalados desde junio de ese año en un sector donde la línea limítrofe aún no había sido materializada mediante hitos.
Paralelamente, solicitó la continuación de los trabajos de la Comisión Mixta Paraguayo-Brasileña de Límites y Caracterización de Fronteras que permanecían suspendidos debido a la ausencia de la delegación brasileña.
El Gobierno brasileño respondió sosteniendo que el tramo de frontera comprendido entre el hito de Ybycuí y el Salto Grande de las Siete Caídas se encontraba íntegramente demarcado, por lo que no existían cuestiones pendientes en ese sector.
En respuesta a esa posición, el 14 de diciembre de 1965 la Cancillería paraguaya remitió la Nota D.P.I. N.º 712, firmada por el ministro de Relaciones Exteriores, doctor Raúl Sapena Pastor, al embajador del Brasil en Asunción, doctor Jayme de Souza-Gomes.
En ella el Gobierno paraguayo expuso oficialmente los fundamentos históricos, jurídicos y técnicos que sustentaban su posición respecto de la demarcación de la frontera en la región del Salto del Guairá.
DEMARCACIÓN INCONCLUSA
El principal argumento desarrollado por la Cancillería paraguaya consistió en demostrar que la propia historia de la Comisión Mixta desmentía la tesis brasileña de una frontera completamente demarcada desde el siglo XIX. Recordó que, tras el Tratado de 1872, el Salto del Guairá fue considerado un accidente geográfico suficiente para identificar el final de la frontera y no se instaló allí un mojón terminal. Sin embargo, esa circunstancia no significaba que todo el proceso de demarcación hubiera concluido.
Si realmente la frontera hubiese quedado íntegramente demarcada en el siglo XIX, carecería de sentido la firma del Tratado Complementario de Límites de 1927, del Protocolo de Instrucciones de 1930 y la creación de la nueva Comisión Mixta encargada precisamente de continuar las tareas de demarcación y caracterización.
Destacó que durante más de treinta años Paraguay y Brasil continuaron trabajando conjuntamente llegando a instalar 846 hitos, de los cuales 341 correspondían al sector de la Sierra del Mbaracayú.
Ese argumento se reforzaba con las propias actas de la Comisión Mixta. En este sentido adquiere especial importancia la 25.ª Conferencia, celebrada en Río de Janeiro el 20 de noviembre de 1961.
En esa reunión ambas delegaciones aprobaron un programa específico para realizar el levantamiento topográfico del “último trecho aún no demarcado” de la cordillera del Mbaracayú “y su ligazón con el accidente geográfico Salto del Guaira (Salto das Séte Quedas)”, proyectar la ubicación de nuevos hitos y proceder posteriormente a su instalación.
Las campañas desarrolladas en 1962 y 1963 representaron uno de los mayores avances técnicos alcanzados por la Comisión Mixta. Durante esos trabajos se midieron las cotas de más de 10.000 puntos distribuidos en el tramo final de la Sierra del Mbaracayú.
Esa información permitió elaborar cartografía de alta precisión y proyectar la futura ubicación de los hitos que completarían la demarcación. Sin embargo, la delegación brasileña dejó de concurrir a la 26.ª Conferencia, impidiendo que los trabajos fueran analizados y aprobados conforme al procedimiento previsto por el Protocolo de 1930.
Otro de los argumentos consistió en debatir el valor que el Brasil atribuía a determinados mapas y diseños elaborados durante el siglo XIX. Según el Paraguay esos documentos gráficos, si bien eran considerados instrumentos auxiliares, útiles para representar el trabajo realizado, no podían modificar lo dispuesto por el Tratado o por lo materializado posteriormente mediante las operaciones técnicas y actas de la Comisión Mixta.
ARGUMENTO JURÍDICO PARAGUAYO
La Posición Paraguaya trasciende la discusión cartográfica para defender un principio fundamental: las controversias internacionales deben resolverse mediante el Derecho y la cooperación entre los Estados. El Gobierno paraguayo recurrió a reconocidos juristas y recordó el principio pacta sunt servanda, según el cual los tratados deben cumplirse de buena fe y respetarse tanto en su letra como en su espíritu.
Esta expresión latina resume una de las reglas fundamentales del Derecho Internacional: los tratados deben cumplirse. Para la Cancillería paraguaya, este principio obligaba a ambas partes no solo a respetar el texto del Tratado de Límites de 1872, sino también a ejecutar fielmente el procedimiento de demarcación acordado posteriormente mediante el Tratado Complementario de 1927 y el Protocolo de 1930.
Desde esa perspectiva, alterar unilateralmente el criterio seguido durante décadas por la Comisión Mixta implicaba apartarse de compromisos internacionales previamente aceptados.
La Cancillería Paraguaya también afirmó su confianza en los medios pacíficos de solución de controversias frente a la propuesta de someter la controversia a arbitraje internacional. Lejos de rechazarla como una herramienta válida, sostenía que antes debían agotarse las negociaciones directas, los buenos oficios, la mediación, la investigación y la conciliación.
En realidad, el Gobierno paraguayo dejó en claro que el desacuerdo jurídico no era el principal obstáculo para las relaciones bilaterales. A juicio de la Cancillería Nacional, las diferencias de interpretación podían ser discutidas mediante los mecanismos previstos, lo que verdaderamente alteraba el clima de entendimiento era la presencia de fuerzas militares en un sector cuya demarcación aún debía completarse.
Por ello, el documento insistía en la necesidad de restablecer las condiciones que permitieran a la Comisión Mixta reanudar sus trabajos y concluir el proceso iniciado décadas atrás.
LEGADO HISTÓRICO DOCUMENTAL
La Nota D.P.I. N.º 712 del 14 de diciembre de 1965 transformó la historia de la Comisión Mixta Paraguayo-Brasileña de Límites y Caracterización de Frontera en una auténtica prueba jurídica. Cada conferencia, cada campaña de campo y cada hito colocado eran presentados como evidencia de una política de Estado desarrollada conjuntamente por Paraguay y Brasil durante más de treinta años.
Más que discutir interpretaciones cartográficas aisladas, la Cancillería paraguaya invitó a observar la continuidad de una práctica bilateral que, a su juicio, demostraba de manera concluyente que la demarcación de la frontera en el sector del Salto del Guairá permanecía inconclusa.
Vista desde la actualidad, constituye una de las expresiones más acabadas de la diplomacia paraguaya en materia de límites internacionales.
SITUACIÓN ACTUAL
A la fecha resta por demarcar aproximadamente 8 km, en la zona del Refugio Biológico de Mbaracayú. Esta área abarca aproximadamente 1.356 hectáreas y en sus adyacencias se destaca la ubicación de la ciudad de Salto del Guairá.
Respecto a la definición de la demarcación de la zona, existen dos teorías, que son posiciones históricas de ambos países: la paraguaya, que sostiene que el límite es el ramal de la Cumbre de la Cordillera del Mbaracayú que se desarrolla más al norte y que se dirige hacia la primera caída del antiguo Salto; y la brasilera, que sostiene que el límite es el ramal de la Cumbre de la Cordillera del Mbaracayú que se desarrolla más al sur y que se dirige a la quinta caída del antiguo Salto.
Para finalizar deseo resaltar que en la actualidad la Nota D.P.I. N.º 712 de la Cancillería paraguaya continúa siendo un documento de gran valor para comprender la historia de las relaciones entre Paraguay y Brasil y nos recuerda que la diplomacia también se construye sobre trabajo técnico, archivos, mapas, actas, tratados y argumentos jurídicos.
Esa combinación de diplomacia, conocimiento técnico, memoria documental y apego al derecho constituye, probablemente, el legado más perdurable de este notable documento diplomático que fundamenta la posición nacional sobre este punto.
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Gobierno alemán convoca a responsables de la Berlinale por controversia sobre Gaza
El gobierno alemán anunció que convocó el jueves a los dirigentes de la empresa organizadora de la Berlinale, en cuya ceremonia de clausura un director de cine acusó a Alemania de ser “cómplice” de “genocidio” contra los palestinos, mediante su apoyo a Israel. El diario Bild, que cita fuentes cercanas a la empresa, KBB, apuntó que la directora de la Berlinale, Tricia Tuttle, será destituida de su cargo durante esa reunión.
Consultado por la AFP, el Ministerio de Cultura confirmó ayer miércoles que la “reunión extraordinaria del consejo de supervisión de KBB” se celebrará “a iniciativa del ministro Wolfram Weimer”, que lo preside. Según un informe del Parlamento, Weimer dijo el miércoles a la Comisión de Cultura que desea que la reunión sirva para “arrojar luz sobre los hechos ocurridos” durante la 76ª edición del certamen y “discutir sobre el futuro del festival”.
En cambio, según la misma fuente, el ministro “contradijo las especulaciones difundidas por la prensa, según las cuales ya se tomó una decisión” sobre Tricia Tuttle. Al ser preguntada por la AFP sobre un posible despido, la empresa KBB aludió a una “información falsa”, sin dar más detalles.
Por su parte, un portavoz del gobierno se refirió en rueda de prensa a una reunión para hablar sobre “la futura orientación” del festival. Tricia Tuttle, de 56 años, dirigió una edición de la Berlinale marcada por un debate sobre si los cineastas deberían posicionarse o no políticamente, con el conflicto en Oriente Próximo como telón de fondo.
Más de 80 profesionales del cine criticaron en una carta abierta el “silencio” de la Berlinale sobre la guerra en Gaza, acusando al festival de censurar a los artistas “que rechazan el genocidio” cometido, según ellos, por Israel en el territorio palestino. Galardonado el sábado por la noche por su película “Chronicles from the Siege”, el director sirio-palestino Abdullah Al Khatib acusó al gobierno alemán de ser “cómplice del genocidio cometido en Gaza por Israel”.
El único miembro del gobierno que asistió a la gala de entrega de premios fue el ministro de Medio Ambiente, el socialdemócrata Carsten Schneider, quien abandonó la sala en ese momento. Además del discurso de Al Khatib, el ministro Weimer reprocharía a Tuttle que se hubiera fotografiado con el equipo de esa película, rodeada de varios hombres con kufiyas y enarbolando una bandera palestina.
Fuente: AFP.