• Jorge Torres Romero

Recuerdo el tiempo en que el periodismo de investigación destapaba escándalos que cimbraban a los poderosos. Los nombres de ministros, empresarios y operadores del Estado llenaban titulares porque detrás de cada nota había un esfuerzo por desnudar la corrupción estructural, los negociados y las redes de poder.

Era el tiempo en que la prensa olía la pólvora del conflicto y perseguía la verdad como un bien público.

Hoy, en cambio, parece que el oficio se reduce a mirar los zapatos del presidente.

Sí, los zapatos de Santi.

Convertido en símbolo involuntario de la superficialidad mediática, el presidente Santiago Peña presentó su declaración jurada de bienes cumpliendo con un deber de transparencia. Sin embargo, la prensa opositora encontró allí su nuevo festín: no el análisis de los números, no la rendición de cuentas, sino el detalle morboso de cuánto valen sus trajes, sus relojes o sus zapatos.

El foco se desplazó del interés público al interés del morbo. Lo que antes era investigación, hoy es espectáculo; lo que antes era control ciudadano, hoy es contenido viral. Se dejó de preguntar cómo se gobierna y se empezó a medir cuánto cuesta vestirse.

La transparencia se convirtió en un reality.

Y así, mientras el país discute si los mocasines del presidente son italianos o nacionales, los verdaderos debates –educación, salud, seguridad, justicia– quedan relegados a pie de página. No hay agenda de Estado cuando el titular del día se decide por el brillo del cuero.

Santiago Peña acertó al presentar su declaración jurada. Cumplió la ley y dio ejemplo. Pero en vez de reconocerse ese acto, se lo usa para el espectáculo. Es la lógica invertida del escarnio mediático: no importa la verdad, importa el show.

“Los zapatos de Santi” como tema es solo un reflejo de un periodismo que perdió el rumbo, que cambió la lupa por el espejo y la investigación por la ironía. Si antes se buscaban las huellas del poder, hoy solo se comentan las huellas del calzado presidencial.

Y así, entre risas y titulares huecos, el periodismo serio se queda descalzo de verdad. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.

Dejanos tu comentario