• Por el Dr. Juan Carlos Zárate Lázaro
  • MBA
  • Consultor financiero
  • jzaratelazaro@gmail.com

Las expectativas para la cosecha sojera de este año a nivel país son auspiciosas, reforzando el optimismo del sector agrícola. Esto se da en un contexto en el que los primeros resultados obtenidos nos muestran una cosecha con buenos rendimientos promedios por hectárea. De mantenerse con igual o similar tendencia en lo que resta de la presente zafra, muy bien nuestro país podría alcanzar este año un nuevo récord de producción de la oleaginosa.

Si bien preliminarmente las proyecciones de cosecha global del sector ascienden a unos 10 millones de toneladas, dados los buenos rendimientos que se vienen obteniendo podríamos superar dicho volumen y llegar a 11 millones de toneladas, dándonos margen suficiente para destinarlo a nuestras industrias graneleras. Estas en 2025 han procesado más de 3 millones de toneladas y aprovechado el 80 % de su capacidad instalada convirtiéndolos en producto terminado. Esto permite obtener precios de ventas más remunerativos que vendiéndolo en estado natural, teniendo en cuenta que los precios en el mercado internacional de los productos commodities se mantienen deprimidos, debiendo aguardarse los resultados que puedan obtener Brasil y Argentina, para que su cotización pueda aumentar o, en último caso, mantenerse a niveles similares al 2025.

Tal como ya lo señaláramos en columnas anteriores, nuestro país debe seguir apuntando fuerte a un mayor proceso de industrialización, más aún ahora en que se ha firmado el acuerdo comercial con países de la UE. Este mercado cuenta con elevado poder adquisitivo. Con una población global no menor a 700 millones de habitantes, sería un mercado objetivo importante para nuestros productos derivados del agro.

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Argentina ha sido una vez más en 2025 nuestro principal comprador de soja en grano, absorbiendo no menos del 70 % del volumen global exportado, mezclándolos con su producción local, permitiéndolos hacer frente a mayores niveles de ventas externas de productos industrializados, generándoles mejores ingresos.

Paraguay sigue siendo uno de los países productores de la oleaginosa con mayor volumen a nivel mundial.

Dado que contamos dentro de nuestro mercado doméstico con modernas industrias procesadoras de granos con tecnología de punta, es bueno que le podamos dar prioridad, pudiendo ir acercándolos a trabajar a capacidad productiva cuasi plena. Esto permitirá una mayor racionalización de costos y gastos operacionales y administrativos a través de beneficios que reportan la economía de escala. Esto beneficiará a mucha gente, pues se estaría precisando un mayor caudal de mano de obra, dado que tienen capacidad productiva para su conversión a productos terminados de otros cereales como girasol, maní, sésamo, chía y trigo en granos. Brasil, un gigante de más de 205 millones de habitantes, sigue siendo nuestro principal comprador.

Nuestra estrategia de crecimiento hacia afuera debe apuntar con fuerza a la atomización y diversificación de mercados de colocación de nuestros productos del agro, acrecentando el caudal de ingresos en divisas.

Tenemos que seguir apostando a un mayor fortalecimiento de nuestra balanza comercial, con mayores volúmenes exportados, teniendo en cuenta que los niveles de importación de diversos bienes observan incrementos año tras año.

La agroindustria en nuestro país cuenta con un interesante potencial de expansión, diversificación y crecimiento cuali/cuantitativo, debiendo darle el apoyo que precisan a través de políticas públicas bien estructuradas. No tenemos que desaprovechar la fertilidad de nuestra tierra, que nos sigue manteniendo como uno de los países con mayor potencial de producción de alimentos para el mundo.

El apoyo crediticio brindado por nuestras entidades financieras es crucial para las empresas agroexportadoras, pues por su característica cíclica precisan cada año durante el periodo prezafral y zafral de asistencia crediticia de corto plazo para la cobertura de adelantos a productores y levantamiento de cosecha, la que una vez comercializada genera la fuente de repago para su cancelación.

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