- Por Alex Noguera
- Periodista
- alex.noguera@nacionmedia.com
A veces nos preguntamos si la velocidad de rotación de la Tierra aumentó y por eso parece que todo va más rápido o si el uso excesivo de la tecnología hizo que a muchas personas se les “quemara el chip” y actúen de manera irracional. Especialmente cuando se justifican modas actuales como la de los therian.
En estos días, las redes se inundan con videos de adolescentes que “se perciben profundamente” como animales. No es ni religión ni un trastorno, pero argumentan que es una forma de identidad personal o espiritual que algunas personas usan para describir su “experiencia interna”.
Los gustos y preferencias son cíclicos, y cuando surge una nueva tendencia suele producir un verdadero shock en la sociedad “conservadora”.
Recordemos algunas modas de décadas pasadas, como por ejemplo cuando en los años 60 se propagó la idea del amor libre; en los 70, los pantalones de campana, la rebelión femenina con el uso masivo de pantalones y los cabellos pintados de colores llamativos; en los 80, la segunda ola de los skinheads; en los 90, piercings y culturas alternativas; en los 2000, la estética Y2K; en 2005, los emos y scene; en 2010, la cultura hípster; en 2013, Instagram, Facebook y la cultura influencer; en 2015, el aesthetic y microestéticas; y en 2020, el oversize y la nostalgia por los 90 y 2000.
Ahora llegaron los therian. Aunque parezca una novedad, ya se realizaron eventos como el Therian Dallas Meet el 31 de enero, y en Sudamérica también hubo encuentros en Uruguay y Argentina, con próximos eventos en Santa Fe, Buenos Aires y Mendoza.
Unos dicen que el fenómeno therian es nuevo, pero en realidad se remonta a los años 90, cuando hacia 1993 comenzaron a formarse foros en los que se identificaban como hombres lobo en un sentido espiritual o psicológico.
Eran los “werewolves” (hombres lobo), que hablaban de sus experiencias internas y aunque no existen datos precisos, hay quienes relatan encuentros de grupos que se convocaban para aullarle a la luna.
Aunque Hollywood abrió todo un mundo de terror con un vampiro llamado Nosferatu en 1922 y creamos que la siguiente estrella nacida fue la del hombre lobo, la historia de estos seres peludos se remonta muchísimo más atrás en el tiempo.
Incluso comienza antes de los mitos de la época colonial y precolonial americana con el autóctono Luisón, puesto que ya hacia el 425 a. C. el griego Heródoto plasmaba en relatos escritos leyendas de licántropos, es decir, seres mitológicos que se transformaban de hombres en lobos.
Según la mitología griega, todo comenzó con un rey llamado Lycaón, que trató de engañar al dios Zeus ofreciéndole de comer carne humana, pero este al percatarse de su intención como castigo lo transformó en lobo.
No es que Lycaón hubiera sido un chico bueno pero travieso nomás, sino que, por el contrario, era un tipo cruel y blasfemo. Por eso en secreto hizo preparar un banquete con carne humana para ofrecérsela a Zeus y tentar al dios y comprobar si su conocimiento absoluto era real.
Dicen que así surgió el primer hombre lobo. Sin embargo, después de tantos siglos y conocimientos, nos preguntamos ¿quién habrá preparado el banquete para convertir a los humanos en therian? ¿Qué habrán comido y quién fue el chef que ideó semejante broma? En medio de esta vorágine de cultura therian, hoy es 14 de febrero, día de los enamorados.
Tal vez sería mucho más sensato dejar de lado tanta extravagancia y volver a lo realmente importante: no máscaras de perros, no colas de zorros, no grotescos saltitos a cuatro patas, ni intentos por imitar un ladrido o lamerse las patitas.
Quizá si la Tierra girara un poco más despacio, tendríamos tiempo de dejar atrás modas ridículas y recordar que, pese a todo, lo que verdaderamente importa sigue latiendo en algún lugar del corazón humano. Y ese, a diferencia de cualquier aullido, nunca pasa de moda.

