- Emilio Agüero Esgaib
- Pastor
En el libro de Éxodo, capítulo 3-4.17, encontramos el llamado que Dios hizo al gran líder judío Moisés para liberar a su pueblo de la esclavitud de Egipto, y cómo este, en su conversación con Dios, se excusó una y otra vez de aceptar su llamado por sentirse totalmente incapacitado para hacerlo. Pero ¿quién fue Moisés?.
Moisés fue el líder histórico más resaltante y representativo de Israel. Dios lo usó para liberar a este pueblo de la esclavitud de Egipto, llevarlo hasta la tierra prometida y darle sus leyes espirituales y civiles. Él fue un estadista y profeta que lideró su nación por 40 años.
Nació de padres judíos, pero una persecución hizo que su madre lo ponga en una canasta para que la hija del faraón lo encontrase en el río y lo adoptase como hijo. Fue criado en Egipto, en toda su cultura, leyes y ciencia; fue un hombre altamente formado.
A los 40 años de edad, cometió un crimen en defensa de un judío y mató a un guardia egipcio que lo estaba golpeando. Huyó de la ley y fue al desierto de Madián, donde conoció a un hombre llamado Jetro y se casó con su hija. Quedó 40 años trabajando para su suegro como pastor de ovejas.
A la edad de 80 años, recibió el llamado de Dios para liberar a su pueblo (Éxodo, capítulos tres al cuatro) y lo lideró 40 años en el desierto. Falleció a los 120 años, viendo la tierra prometida, pero sin poder entrar en ella.
Su vida está dividida en tres periodos de 40 años. El primero como un príncipe autosuficiente que se creía alguien importante. El segundo como un simple y humilde pastor de ovejas, empleado de su suegro en el desierto descubriendo que, en realidad, él no era nadie.
Y el tercer periodo, como líder de una nación, que quita poderosamente a un pueblo de la esclavitud, descubriendo lo que Dios podía hacer con un Don Nadie. El número cuarenta en la Biblia es símbolo de prueba y él vivió en tres periodos de pruebas donde Dios lo usó y formó su carácter.
Cuando Dios llama a Moisés, vemos la condición de su corazón. Él estaba humillado y golpeado en todo aquello en lo que alguna vez confió y fundamentó sus fuerzas, que era en su propia capacidad y fuerza. Él se excusó cuatro veces de su llamado. En el verso 3.11 del libro de Éxodo dice a Dios: “¿Quién soy yo?” En el 4.1 argumenta: “No me creerán”. En el 4.10 dice: “No sé hablar” y en el 4.13 alienta a Dios a que revea su decisión, diciéndole: “Envía a otro”.
Vemos en sus excusas que creía que no iba a poder, porque se vio afectado en su identidad (¿Quién soy yo?), en su mensaje (No me creerán) y en su capacidad (No sé hablar).
Dios suplió esas necesidades dándole, en el primer aspecto, “Su presencia”; en el segundo, “Su autoridad” (representada por una vara); y en el tercero, “Su Palabra” (“Yo estaré en tu boca”, le dijo Dios).
Moisés en sí mismo no era nada. Dios en él era todo. Lo único que Moisés necesitaba para asumir su llamado era CONFIAR (1 Corintios 15.10).
El error de Moisés fue fijarse en su capacidad cuando fue llamado. La mirada debe estar en Dios, no en nosotros. Dios, por lo general, escoge lo menos pensado o a aquel en quien menos la gente cree, o al de más baja autoestima, o a lo más débil y desechado, para glorificarse en la persona escogida (1 Corintios 1.26-31).
Lo que Dios quiere decirnos es que, sin importar tu capacidad, cultura, autoestima o pasado, Él puede escogerte y usarte poderosamente si tan solo confías en Él.