- Por Marcelo Pedroza
- Doctor en Psicología y Magíster en Educación
- mpedroza20@hotmail.com
Una reflexión sobre lo sublime abre un horizonte de análisis permitiendo crear perspectivas. En este sentido, el tratado titulado “Sobre lo sublime”, atribuido a Casio Dionisio Longino (213 - 273), es un escrito que permite comprender la relación entre lenguaje, pensamiento, imaginación y experiencia interior. El mismo expresa una concepción del ser humano. Identifica las raíces de su grandeza, tales como la capacidad de concebir, imaginar y crear.
Longino, filósofo y literato griego, fue alumno de la Escuela de Alejandría, enseñó retórica en Atenas, se decía de él que era una biblioteca viviente, fue maestro de Porfirio de Tiro, luego se mudó a Roma, donde asistió a la escuela de Plotino. En su condición de hombre de letras expuso sus ideas, invitando a que el lector se involucrara participando desde una mirada propia, evitando de esa forma, la postura de observador externo. Así, la palabra puede conmover y elevar a quien la recibe. Es de imaginar que lo debe haber vivido.
La retórica adquiere una dimensión antropológica. Comprender qué hace grande a una palabra implica discernir acerca de la magnitud de la humanidad. La sublimidad está asociada a la autenticidad entre la conexión del pensamiento y la expresión. Entonces, la palabra elevada es una manifestación visible de lo invisible, es la esencia de la disposición interior. El discurso alcanza altura porque existe el cultivo de concebir lo alto.
Para Longino, las obras sublimes tienen la capacidad de elevar el alma de quien entra en contacto con ellas. El receptor participa de algún modo de la grandeza que contempla, la cual se expande en su fuero íntimo. Lo sublime es un acontecimiento que se alimenta en el proceso del pensar. Existe una dimensión interior en la que se forman ideas y representaciones, las que pueden fluir a través del lenguaje.
Plotino consideraba a Longino como un filólogo. El amigo de las palabras comprende la imaginación como una fuerza capaz de hacer presente aquello que se encuentra ausente. La interioridad humana está constituida por imágenes, representaciones, afectos y conceptos racionales, capaces de transformar la experiencia. Lo sublime acontece en ese espacio de encuentro entre todas.