La prioridad que le da este gobierno a la construcción de viviendas sociales que incluye programas para varios nichos del nivel medio y más representa uno de los avances más significativos en el proceso de alcanzar una mejora de la calidad de vida de los paraguayos. Los resultados son muy alentadores tanto para varios sectores como el de la construcción, logístico, el bancario y muy significativamente para la dinámica de la generación de mano de obra, considerando que como mínimo la edificación de una casa demanda 10 empleos.

El direccionamiento de recursos a sectores históricamente relegados es una inversión clave porque equivale a la oportunidad para que mucha gente salga de la pobreza y lleve una vida más digna.

Según el último informe oficial que abarca a todo el país, el gobierno del presidente Santiago Peña ha gestionado 38.739 viviendas, de las cuales 23.129 ya fueron entregadas.

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De la cifra mencionada, el mapa de edificaciones lleva a sitios que por décadas han sido abandonados por el Estado, al punto de ser estigmatizados como zonas de riesgo para la seguridad interna. En este contexto se pueden destacar la atención y la iniciativa se llevar importante cantidad de viviendas por ejemplo a zonas que históricamente han sido relegadas como San Pedro o Concepción.

Ayer, precisamente, el Gobierno hacía hincapié en la hoja de ruta que tienen con relación a departamentos que requieren el impulso social que a la vez reivindiquen mejoras en la economía con fuerte impacto en el incremento de la seguridad. Esto, en el marco de la inauguración y entrega de 803 viviendas sociales en el departamento de San Pedro que, por cierto, es el mayor lote de casas sociales erigido en la zona durante la administración del presidente Santiago Peña.

El titular del Ministerio de Urbanismo, Vivienda y Hábitat (MUVH), Juan Carlos Baruja, subrayó que la iniciativa no solo brinda hogares dignos, sino que también prioriza a la industria nacional, con la estrategia de casi “un 100 % de materiales utilizados son de origen paraguayo”; esto es: ladrillos, tejas, varillas y cemento. Y un dato no menor es que también fueron fuentes de empleo directos en la zona para 4.000 personas, y otras 4.000 de forma indirecta.

Más que viviendas de material, el Estado está marcando presencia en departamentos que por años estuvieron sitiados por grupos delictivos. Para el Gobierno es muy importante la contribución a la reducción de la conflictividad de la región, recuperar la tranquilidad en San Pedro, históricamente afectado por grupos armados, entre otros aspectos positivos.

“Antes vivían hacinados y en condiciones precarias; ahora lo harán en viviendas seguras, lo que reduce enfermedades, mejora el rendimiento escolar de los niños y cambia la vida de las familias”, subrayó el secretario de Estado. Esta es la visión que hace mucho faltaba poner en práctica en el Paraguay y este objetivo debiera primar sobre todas las diferencias políticas.

Entre los beneficiarios que accedieron más que merecidamente a las viviendas entregadas por el Estado se encuentran las comunidades indígenas.

Según los números oficiales ya se han entregado 5.000 viviendas a comunidades indígenas en estos dos años. Esta cantidad responde a una iniciativa que ha resultado exitosa. Además de este logro, de favorecer a sectores más necesitados, los programas habitacionales para la clase media también tienen su grado de importancia, ya que promueve los créditos del sector financiero y hace posible que las políticas de Estado aplicadas arrojen estadísticas alentadoras en el proceso de reducir el déficit habitacional.

Estas son los trabajos que posicionan a la administración estatal actual. Y este gobierno no puede pegarse el lujo de retroceder en el objetivo.

La acertada atención y prioridad en dignificar a la gente con un techo propio, erigido en condiciones de calidad tiene que continuar el camino que abrió la actual administración.

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