Los medios de comunicación alia­dos del anterior presidente de la República, Mario Abdo Benítez, ignoran intencionalmente la his­tórica deuda que dejó esa administración al actual gobierno con las corporaciones via­leras, a razón de obras ejecutadas sin garan­tías reales de pago. Las rutas construidas de manera desordenada y sin previsibili­dad presupuestaria tenían un motivo pode­roso: comprar asfalto de la empresa que es propiedad del entonces jefe de Estado, cuyo patrimonio tuvo un sideral crecimiento, a la par que aumentaban los compromisos impagos con las constructoras. El respon­sable que actuó de intermediario en esa deshonesta práctica y, por tanto, cómplice de los procedimientos corruptos en perjui­cio del Estado y a favor de su jefe es el exmi­nistro de Obras Públicas y Comunicaciones Arnoldo Wiens, actual precandidato presi­dencial por el movimiento interno Colo­rado Añetete, del partido fundado por el general Bernardino Caballero.

El informe de la Contraloría General de la República sobre las deudas contraí­das durante su paso destructivo por el MOPC es bien explícito e irrefutable. Ade­más, cuando Wiens renunció como minis­tro y asumió en su reemplazo el ingeniero Rodolfo Segovia, este se comprometió a pagar la deuda que superaba los 300 millo­nes de dólares por obras que su antecesor “se encargó de licitar sin contar con finan­ciación”. Claramente, esto prueba la gra­vosa carga dejada por Wins a Segovia.

El entrecomillado corresponde a una información publicada por los diarios Abc y Última Hora el 16 de agosto de 2022. Luego, estos medios borraron de su memo­ria lo que ellos mismos habían denunciado. Es la vieja estrategia de olvidar el pasado de desmadres administrativos para car­gar en el presente toda la responsabilidad al gobierno de turno. Se apela a la repetida creencia de que –como mínimo– somos un pueblo sin memoria. De cretinos, diría un conocido intelectual del liberalismo paraguayo. Que una información nueva, aviesamente manipulada, puede enterrar la anterior. Menosprecian la capacidad del ciudadano de verificar los datos que actualmente están a la distancia de tan solo una tecla.

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En plena campaña para los comicios inter­nos de la Asociación Nacional Republi­cana, que tendrán lugar en diciembre de 2027, el expastor evangélico sufre de una conveniente amnesia. Hace días reprochó al gobierno de Santiago Peña de no “hon­rar las deudas” del Estado con las empre­sas constructoras de rutas, pero oculta maliciosamente que el responsable de ese desequilibrio presupuestario es él mismo. Su cinismo solo es comparable con su des­medida ambición de poder, al cual pre­tende llegar sin considerar la licitud de los medios ni la honradez del discurso. Miente sabiendo que miente, lo que agrava la inmo­ralidad de sus intenciones. Tal vez sea hora de que lea el libro que él había escrito años atrás sobre la corrupción y los cristianos. Porque, como fariseo impenitente, está haciendo totalmente al revés de lo que pre­dicaba en dicha obra. Es bueno para dar consejos, pero no para cumplirlos. Condi­ción que desnuda lo que será su gobierno si, por desgracia para la República, llegara a sentarse en el Palacio de López. Cual Fausto de Goethe, es capaz de pactar con Mefistófeles para llegar a su objetivo. No es un hombre de fiar. Su deliberado intento de enrostrar a sus enemigos políticos los males que él había ocasionado solamente evidencia su comportamiento hipócrita, desleal y artero.

Arnoldo Wiens ya ha demostrado que es un mal administrador. Un administrador des­honesto que se pasó congraciándose con un patrón de turno. Sin ninguna muestra de autonomía ni solvencia moral. Es, por tanto, servil, rastrero y obsecuente. Solo es apto para recibir y cumplir órdenes. Porque las cumple a rajatabla, sin importar las nor­mas legales al ejecutarlas. Hoy trata de ins­talar en la conciencia de la gente –con bur­das patrañas– que los malos son los otros. Su falta de carácter le impidió oponerse a la destrucción del metrobús, hecho por el cual está enfrentado una denuncia penal del Ministerio Público. Y, para trabar o dilatar el proceso, tiene a su servicio a una gavilla de abogados chicaneros.

Se debería exigir una completa auditoría de la gestión de Arnoldo Wiens al frente del Ministerio de Obras Públicas y Comu­nicaciones y auditar la calidad de todas las obras realizadas en ese periodo, como la ruta 19 (Villeta-Alberdi-Pilar), que ya está destrozada a pocos años de su habilitación. Wiens no puede evadir su responsabili­dad en las graves irregularidades cometi­das durante el gobierno más corrupto del periodo democrático, a cargo de su patrón, Mario Abdo Benítez.

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