La Estación del Ferrocarril en Asunción se convertirá nuevamente en el gran escenario del Festival AsuJazz/XXIV CCPA Jazz Festival 2022, el viernes 2 de diciembre desde las 18:00, ofreciendo una velada en la que renombrados músicos internacionales y destacados artistas nacionales, con entrada gratuita.
Esta edición será en homenaje al gran trombonista Remigio Pereira, fallecido en marzo pasado, quien ha dejado un gran legado como prolífico músico, así como también como fundador del Asunción Jazz Quintet y director del CCPA Jazz Ensamble y a su vez como parte de la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Asunción (OSCA) y la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN).
Entre los destacados artistas internacionales se encuentra Carlos Michelini (Argentina), saxofonista, clarinetista y compositor. En esta oportunidad se presenta junto a la Orquesta Sinfónica del Congreso Nacional, y a una sección rítmica integrada por Víctor Scura, Toti Morel y Ariel Burgos. También Sergio Coelho (Brasil), trombonista, Coelho se presenta junto a los grandes maestros del jazz paraguayo.
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Entre los artistas nacionales se presenta la cantautora Yenia, el Ensamble Palito Miranda, Band´Elaschica, Pedro Martínez & Sixto Corbalán, el tradicional Jazz Quintet del Centro Cultural Paraguayo Americano (CCPA) que se inició en el año 2003, a instancias del doctor Gustavo Díaz Gill con el asesoramiento del maestro Remigio Pereira, quién se encargó de la dirección del proyecto en los primeros años, el AIE Ensamble en una noche que conjugará el talento artístico de estos músicos para interpretar los clásicos de este género.
Esta velada incluirá una muestra fotográfica y una feria gastronómica. Apostando a la promoción cultural, el Festival AsuJazz es organizado por la Dirección de Cultura y Turismo de la Municipalidad de Asunción, con el apoyo del Centro Cultural Paraguayo Americano (CCPA), la Asociación de Artistas Intérpretes y Ejecutantes (AIE), Van Pack y la Estación del Ferrocarril de Asunción.
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“Este es un disco que habla de la luz y de la esperanza”
- Jimmi Peralta
- Fotos: Gentileza
El reconocido guitarrista José Villamayor vuelve a hurgar entre las sonoridades del jazz y el 6x8 nacional. En este diálogo con La Nación del Finde, habló sobre su último álbum y cómo los 10 temas que lo componen constituyen “un recorrido que avanza hacia la luz”.
La apuesta por la música producida en el país se encuentra muchas veces en medio de la tensión entre lo posible y lo proyectado, realidad y sueños. La tenacidad en el trabajo y el compromiso con los objetivos son los que, entre otros elementos que atañen al talento, permiten el surgimiento de cada nuevo nuevo proyecto.
En este sentido, José Villamayor es un guitarrista de la escena jazzística local con una carrera de más de dos décadas. Recientemente presentó “Aires nacionales II”, un nuevo registro personal grabado en formato de sexteto, en el que plasma su búsqueda sonora y sensibilidad entre los géneros que lo constituyen internamente: el jazz y la música paraguaya.
Villamayor, quien logra este disco con apoyo de Matías Insaurralde y la producción de Sergio Cuquejo en Spirit And Sound, contó en estudio con la participación de Vetner López, Juan Pablo Giménez, Giovanni Primerano, Bruno Muñoz, Ezequiel Takebe, Dani Pavetti y Nico Vera.
–¿Cómo definirías tu último álbum?
–Para mí, “Aires nacionales II” es un disco que habla de la luz y de la esperanza. Creo mucho en el poder emocional que tiene la música y en lo que puede generar en quien la escucha. Por eso pensé el álbum como un viaje, diseñado para escucharse en orden, con un recorrido simbólico. El disco comienza con “Gota de luz”, que representa ese pequeño destello de esperanza que todos necesitamos para sentir que vamos por el buen camino. Y termina con “La esperanza de un nuevo día”, que funciona como un recordatorio de que cada mañana ofrece una nueva oportunidad, una nueva esperanza. De alguna manera, el álbum va desde esa primera chispa de fe hasta una esperanza más plena: un recorrido que avanza hacia la luz.
HILO CONDUCTOR
–¿Qué hilo conductor une los dos discos de “Aires nacionales” o cómo se proyecta uno a través del otro?
–Para mí, el hilo conductor entre ambos discos es la idea original que dio nacimiento al proyecto “Aires nacionales”: agrupar mis músicas con “aires nacionales”, valga la redundancia; pasar por el filtro del jazz y del folclore. No desde un lugar estrictamente tradicional, sino desde mi propia mirada, mi tiempo y mi bagaje. Lo que une a ambos discos es esa búsqueda de tocar nueva música con “aires nacionales”, aunque cada uno lo hace desde sonoridades distintas. El primer disco está grabado con una formación más reducida y completamente acústica, con instrumentos de madera como el contrabajo, el requinto, la guitarra y la percusión, lo que genera una estética más orgánica y cercana a lo folclórico. En cambio, “Aires nacionales II” amplía la paleta tímbrica: aparece una convivencia entre lo acústico y lo eléctrico. Esa mezcla mantiene la raíz del proyecto, pero explora nuevas texturas y colores sonoros.
–¿Qué búsquedas musicales y/o sensibles pensás que predominan en este material?
–Pienso que en este disco la búsqueda musical y sensible no están separadas, sino que funcionan como una misma cosa. La intención principal es generar sensaciones en el oyente: que la música pueda transmitir ideas desde lo emocional, casi en la piel, a medida que avanza el recorrido del álbum. Cada obra propone un clima particular.
–¿Podrías hablarnos de lo que plantea cada una de las propuestas?
–En “Gota de luz” me interesa que se perciba esa esperanza inicial, ese destello o chispa de fe. “Una hoja al viento” invita a una filosofía de dejarse llevar con serenidad, con cierta paz, como el viaje de una hoja al viento. “La raíz del alma” apunta a ese reconocimiento del mundo interior, de aquello profundo que define a cada persona. “Ñandutí” busca conectar con la belleza estética de nuestra cultura, mientras que “La fiesta de la vida” transmite celebración y energía colectiva, ese lado extraño y maravilloso de estar vivos. Hay también espacios más introspectivos o reflexivos: “Pya’e” sugiere esa sensación de rapidez permanente del mundo moderno, esa ansiedad constante de actualización donde parece que nunca terminamos de asentarnos. La idea misma de la obra es que incomode un poco, que nos acelere, que nos haga sentir corporalmente ese pulso vertiginoso en el que vivimos. “Paseo por el río” propone un viaje hacia lo vulnerable y lo interno. “Canción para los sobrevivientes” conecta con una memoria emocional compartida, marcada por experiencias globales como la pandemia. Finalmente, “Arasunu” se vincula con una idea de misterio y de conexión con el tiempo: el trueno como símbolo de algo ancestral que permanece inmutable, más allá de los cambios tecnológicos o culturales, y que nos une con quienes vivieron antes que nosotros.
RECURSOS
–Con los años fuiste aprendiendo y cambiando… ¿Qué cosas dan los años a la hora de escuchar o tocar música?
–Creo que una de las cosas más importantes que dan los años es la necesidad de no mostrar todo el tiempo todo lo que uno sabe. Cuando empezás a tocar, muchas veces querés demostrar constantemente los recursos, abrir el abanico técnico para que se vea todo lo que podés hacer. Con el tiempo esa mirada cambia: empezás a entender las herramientas musicales más como recursos y, sobre todo, como recursos emocionales que como elementos de exhibición. La técnica deja de ser un fin en sí mismo y pasa a estar al servicio de la música, de lo que la música necesita decir. Al comienzo, cuando uno arranca, suele estar muy conectado con el lado emocional. Después aparece la academia o el estudio profundo, y uno queda fascinado con las posibilidades teóricas y técnicas, a veces alejándose un poco de esa esencia inicial. Pero con los años se vuelve al origen, a la idea primaria de la música como una experiencia de conexión y bienestar, tanto para quien la toca como para quien la escucha.
–¿Qué aporta a la mirada y el oficio del músico el ejercicio de la docencia?
–Para mí, ese contacto permanente con nuevas energías y miradas nutre mucho y renueva mi propio lenguaje musical. La docencia también me permite mirar la música desde otra perspectiva, volver a repensarla y redescubrirla constantemente a través de los procesos de otros. Algo muy interesante, además, es que con el tiempo voy conociendo el nacimiento de muchas promesas musicales. Varios alumnos míos, con los años, terminan convirtiéndose en colegas dentro de distintas agrupaciones, incluso en las mías, y eso es algo que me genera una enorme satisfacción, tanto humana como musical.
–¿Cómo surge para vos la necesidad o el oficio de componer?
–En mi caso, la composición no siempre parte de una búsqueda planificada, sino más bien de apariciones espontáneas de ideas. Muchas veces surgen en medio de la vida cotidiana: caminando, manejando en silencio, en medio de la práctica o también en determinados estados emocionales donde siento la necesidad de plasmar algo. Cuando eso sucede, intento registrarlo de inmediato, generalmente grabándolo en el celular. Cuando no tengo la posibilidad, trato de retener la idea en la cabeza lo más posible para después grabarlas, aunque a veces no lo logro. La gran mayoría de las veces quedan como ideas registradas que luego retomo y desarrollo con mayor profundidad. Es un proceso muy ligado a la inspiración, pero también al trabajo posterior: volver sobre esa idea, darle forma y transformarla en obras que puedan ser compartidas.
EL JAZZ Y LA MÚSICA PARAGUAYA
–¿Por qué elegiste explorar desde el jazz la música paraguaya?
–Explorar la música paraguaya tiene que ver directamente con mi propia vivencia musical. Por un lado, el folclore paraguayo y, por otro, el jazz, después de tantos años de estudiarlo, tocarlo y vivirlo. De manera natural, entonces, esos dos mundos empiezan a convivir dentro de mi lenguaje y aparecen a la hora de componer. Si bien escribo música en otros estilos, en este proyecto decidí agrupar aquellas obras que comparten esos “aires nacionales”: una sonoridad, una estética y una raíz vinculada a lo paraguayo, vistas a través del filtro de mi propio bagaje. Por eso el repertorio responde a ese concepto más que a una limitación estilística de mi producción en general.
–¿Editar se debe a un impulso personal?
–En mi caso, grabar un disco no tiene tanto que ver con una decisión individual. Porque si dependiera solo de mí, probablemente estaría produciendo y grabando constantemente, además de tocar. La realidad es que para que un proyecto discográfico se concrete tienen que darse muchas condiciones. Por un lado, la disponibilidad de los músicos: poder coordinar ensayos, que todos tengan el tiempo para estudiar el repertorio y trabajar el material, y que además estén disponibles justamente aquellos músicos que uno considera idóneos para el proyecto. Muchas veces eso es complejo, porque la mayoría vive la música también como sustento diario o tiene otras prioridades laborales que dificultan sostener un proceso largo de ensayos y grabación. Por otro lado, están las condiciones económicas propias de producir un material. Grabar un disco implica costos y una estructura que necesita cierta viabilidad para poder realizarse. Entonces, más que un impulso personal, la grabación termina siendo el resultado de que coincidan las condiciones humanas, de tiempo y económicas necesarias para que el proyecto sea posible.
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Orquesta de Cámara Juvenil del CCPA realiza una audición
Están abiertas las inscripciones para la audición de la Orquesta de Cámara Juvenil del Centro Cultural Paraguayo Americano (CCPA), con miras a su Ciclo 2026 - Temporada XXIII. La audición será el lunes 23 de febrero a partir de las 9:30, en el Teatro de las Américas (José Berges entre Brasil y Estados Unidos), con la presencia de los directores Miguel A. Gilardi y Gabriel Graziani.
Se seleccionarán instrumentistas de violín, viola y violoncello. Los interesados deberán: completar la solicitud de inscripción, preparar una obra a ejecutar, tener mínimo de 2 años ejecutando el instrumento, tener como máximo 25 años de edad, y se impondrá una obra para lectura a primera vista. Los postulantes pueden solicitar o retirar el formulario en el Departamento Cultural o al correo electrónico: orquesta@ccpa.edu.py o al teléfono: 0981 546082, en el horario de 9:00 a 16:00.
La Orquesta de Cámara Juvenil, nace de la mano del Centro Cultural Paraguayo Americano (CCPA), bajo la dirección del maestro Miguel Ángel Gilardi, y el invalorable apoyo del maestro Luis Szarán en el año 2003, el maestro Gabriel Graziani es el director estable de la agrupación.
El objetivo de este proyecto, es posibilitar el desarrollo musical durante dos años de los jóvenes, convirtiéndose en una orquesta escuela para la práctica instrumental en conjunto con repertorio avanzado y el contacto con grandes maestros de la música, de un grupo de jóvenes virtuosos instrumentistas seleccionados por riguroso concurso. Varios de ellos, hoy día, son integrantes de reconocidas agrupaciones musicales juveniles de la capital y el interior del país.
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Talento Paraguay Oficial anuncia la séptima edición del TPY FEST 2026
Desde su creación en 2023, Talento Paraguay Oficial tuvo como objetivo reunir a artistas nacionales de todos los géneros y niveles de experiencia para ofrecer una plataforma de visibilidad y apoyo. Así llega la séptima edición del TPY FEST 2026, que se llevará a cabo en El Jardín del Jaguareté (Estero Bellaco 153 casi Patricios, Asunción), el sábado 28 de febrero.
Este año, el festival contará con la presencia de cinco artistas como: Amelia, Supernova (Villarrica), Los Sudaka, Becasina, Pam, Ariel Gómez y el dj Axel Cuevas, exponiendo una variedad impresionante de artistas paraguayos, desde los más jóvenes y emergentes hasta los más consolidados. Las entradas anticipadas cuestan G. 40.000 (en venta con los artistas o la organización) y en puerta a G. 50.000.
La iniciativa, creada por Iván Godoy Montiel, quien y con la colaboración de Pamela Silveira, nació con el propósito de brindar un espacio inclusivo y diverso para que los artistas locales puedan mostrar su arte y profesionalismo. El TPY FEST 2026 no solo será un escenario para disfrutar de la música, sino también un reflejo del constante crecimiento y evolución de la escena artística nacional.
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Murió Willie Colón a los 75 años, un gran referente salsero
El compositor de grandes éxitos de la salsa Willie Colón, figura histórica del género nacido en Nueva York y de origen puertorriqueño, falleció el sábado, anunciaron su familia y su mánager en redes sociales. “Falleció tranquilamente esta mañana, rodeado de su familia querida”, indicaron sus allegados en su página de Facebook, sin precisar las causas de su muerte. El artista compositor de hitos de la salsa como “Aguanile”, “La Murga” o “Che Che cole” tenía 75 años.
"Aunque lloramos su ausencia, también nos regocijamos con el regalo eterno de su música y los recuerdos queridos que creó, los cuales vivirán por siempre", agrega el comunicado. Colón, conocido principalmente como trombonista, pero también compositor, arreglista, director de orquesta y productor, nació en el Bronx en Nueva York y fue reconocido por fusionar la música puertorriqueña de sus padres y abuelos con el jazz de su ciudad natal.
“Arquitecto del sonido”
“Hemos perdido a un arquitecto del sonido de Nueva York”, dijo su mánager Pietro Carolos. “Willie no solo cambió la salsa; la expandió, la politizó, la vistió de crónicas urbanas y la llevó a escenarios donde no se había escuchado antes”. Colón, cuyo nombre de nacimiento era William Anthony Colón Román, ya tocaba en su propia banda a los 15 años y lanzó su primer álbum, “El Malo”, con el sello Fania a los 17.
Pronto se convirtió en un ídolo del género musical en Nueva York y en una de las figuras de esa discográfica, que grabó a los artistas más representativos de la salsa y popularizó el género fruto del encuentro entre el jazz y ritmos afrocubanos.
Más adelante grabó numerosos éxitos memorables con el cantante puertorriqueño Héctor Lavoe en las décadas de 1960 y 1970. Asimismo, colaboró con la cantante cubana Celia Cruz, considerada la reina de la salsa y trabajó por muchos años con el cantante panameño Ruben Blades, otra gran estrella del género, pero con quien tuvieron diferencias legales en 2007.
“Un barrio duro”
El icónico álbum “Siembra”, lanzado en 1978 junto a Blades, abordó problemas sociales que enfrentaba la creciente comunidad latina en Estados Unidos. “Vengo de un barrio realmente duro”, dijo una vez a la revista musical Billboard. “Mi padre pasó tiempo en la cárcel. Casi todo el mundo iba a la cárcel... había mucha interacción entre nosotros y la policía”.
Entre sus composiciones que muestran los conflictos sociales destacan “Juanito Alimaña” o “Tiempo pa’matar”, además de colaborar en la producción del clásico “Pedro Navaja”, junto a Blades. Solo estudió música en la secundaria básica, pero siguió tocando y en giras de conciertos hasta 2025. Como muestra de su influencia perdurable, es mencionado por su nombre en el éxito de 2025 “Nueva Yol” del cantante ganador del Grammy Bad Bunny.
Fuente: AFP.