Celine Dion habla sobre su rara enfermedad: “No estoy muerta”
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Celine Dion asegura que su “pasión como artista nunca va a desaparecer” pese a sus problemas de salud, que son, según ella, sólo una pequeña parte de su monumental historia. “No estoy muerta”, declaró la cantante a la AFP en la alfombra roja el lunes, antes del estreno del desgarrador, pero también alegre documental “I Am: Celine Dion” (Soy: Celine Dion).
La película se centra en su fulgurante carrera y en los problemas más recientes derivados de una rara enfermedad neurológica que le ha obligado a retirarse de los escenarios. Para la artista canadiense, la decisión de hablar de su enfermedad en el documental es a la vez “el mayor regalo y la mayor responsabilidad” y espera servir de inspiración a personas con situaciones similares.
“Es duro estar aquí”, reconoció ante la prensa, aunque “al mismo tiempo, estoy muy conmovida”, dijo en su francés natal. “Siento que todavía tengo mucho apoyo y mucho amor y espero que este documental ayude, porque a mí me ayudó mucho”, dijo, detallando su gratitud a su familia, a su equipo médico y a sus fans en esta “lucha eterna” y diaria.
La artista de 56 años, conocida entre otros éxitos por “My Heart Will Go On”, de la banda sonora de “Titanic”, reveló en diciembre de 2022 que le habían diagnosticado el síndrome de la persona rígida (SPR), un trastorno autoinmune progresivo que no tiene cura, y que le obligó a cancelar indefinidamente sus actuaciones.
El tratamiento ayuda a aliviar los síntomas de esta enfermedad, que puede provocar rigidez muscular en el torso, los brazos y las piernas y espasmos graves que pueden hacer que su voz se quiebre de forma incontrolable.
Irene Taylor, la directora de la película, declaró a la AFP que la única petición de Dion había sido poder contar su propia historia, con sus propias palabras. “Fue como música para mis oídos de narradora”, dijo Taylor. “Se abrió y fue muy auténtica”, tanto “en su alegría como en su sufrimiento”, relató la directora.
El documental ofrece imágenes de archivo de la carismática artista, así como tiernas escenas en casa con sus hijos y perros que ofrecen un retrato peculiar y acogedor de Celine como madre. Pero la película también documenta la gravedad del dolor de Dion, incluida una larga secuencia que muestra con insoportable detalle a la cantante sufriendo un ataque. El episodio la deja inmóvil e incapaz de hablar, lo que conmocionó hasta las lágrimas a muchos espectadores.
Pero el hilo conductor del documental no es tanto su enfermedad sino su amor por la familia, los amigos y la música. Está visiblemente atormentada por la pérdida de su voz privilegiada, pero es su alegría de vivir y su inquebrantable sentido del humor lo que brilla en la película.
El documental sobre Dion, que ha vendido más de 250 millones de álbumes a lo largo de su dilatada carrera, estará disponible en todo el mundo el 25 de junio en Prime Video. A principios de este año, Dion hizo una aparición sorpresa en los Grammy para presentar el premio al Álbum del Año, concedido a Taylor Swift. Pero rara vez ha aparecido públicamente desde que anunció que padecía SPR.
Antes de la proyección, ante una sala de Manhattan abarrotada, Dion se comparó a sí misma con un manzano, metáfora que también utiliza en la película: siempre ha sentido que debía producir frutos brillantes para los fans que estaban dispuestos a pagar grandes cantidades de dinero para verla.
Dion se emocionó hasta las lágrimas al describir el comentario reciente de una admiradora, que le dijo en un mensaje: “No estamos aquí por las manzanas... estamos aquí por el árbol”. “Esta película es mi carta de amor a cada uno de ustedes”, dijo en medio de una gran ovación. “Y espero volver a verlos a todos muy pronto”.
José Villamayor: “Este es un disco que habla de la luz y de la esperanza”
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Jimmi Peralta
Fotos: Gentileza
El reconocido guitarrista José Villamayor vuelve a hurgar entre las sonoridades del jazz y el 6x8 nacional. En este diálogo con La Nación del Finde, habló sobre su último álbum y cómo los 10 temas que lo componen constituyen “un recorrido que avanza hacia la luz”.
La apuesta por la música producida en el país se encuentra muchas veces en medio de la tensión entre lo posible y lo proyectado, realidad y sueños. La tenacidad en el trabajo y el compromiso con los objetivos son los que, entre otros elementos que atañen al talento, permiten el surgimiento de cada nuevo nuevo proyecto.
En este sentido, José Villamayor es un guitarrista de la escena jazzística local con una carrera de más de dos décadas. Recientemente presentó “Aires nacionales II”, un nuevo registro personal grabado en formato de sexteto, en el que plasma su búsqueda sonora y sensibilidad entre los géneros que lo constituyen internamente: el jazz y la música paraguaya.
Villamayor, quien logra este disco con apoyo de Matías Insaurralde y la producción de Sergio Cuquejo en Spirit And Sound, contó en estudio con la participación de Vetner López, Juan Pablo Giménez, Giovanni Primerano, Bruno Muñoz, Ezequiel Takebe, Dani Pavetti y Nico Vera.
Villamayor trabajó en estudio junto con Giovanni Primerano, Juan Pablo Giménez, Ezequiel Takebe, Vetner López y Bruno Muñoz
–¿Cómo definirías tu último álbum?
–Para mí, “Aires nacionales II” es un disco que habla de la luz y de la esperanza. Creo mucho en el poder emocional que tiene la música y en lo que puede generar en quien la escucha. Por eso pensé el álbum como un viaje, diseñado para escucharse en orden, con un recorrido simbólico. El disco comienza con “Gota de luz”, que representa ese pequeño destello de esperanza que todos necesitamos para sentir que vamos por el buen camino. Y termina con “La esperanza de un nuevo día”, que funciona como un recordatorio de que cada mañana ofrece una nueva oportunidad, una nueva esperanza. De alguna manera, el álbum va desde esa primera chispa de fe hasta una esperanza más plena: un recorrido que avanza hacia la luz.
HILO CONDUCTOR
–¿Qué hilo conductor une los dos discos de “Aires nacionales” o cómo se proyecta uno a través del otro?
–Para mí, el hilo conductor entre ambos discos es la idea original que dio nacimiento al proyecto “Aires nacionales”: agrupar mis músicas con “aires nacionales”, valga la redundancia; pasar por el filtro del jazz y del folclore. No desde un lugar estrictamente tradicional, sino desde mi propia mirada, mi tiempo y mi bagaje. Lo que une a ambos discos es esa búsqueda de tocar nueva música con “aires nacionales”, aunque cada uno lo hace desde sonoridades distintas. El primer disco está grabado con una formación más reducida y completamente acústica, con instrumentos de madera como el contrabajo, el requinto, la guitarra y la percusión, lo que genera una estética más orgánica y cercana a lo folclórico. En cambio, “Aires nacionales II” amplía la paleta tímbrica: aparece una convivencia entre lo acústico y lo eléctrico. Esa mezcla mantiene la raíz del proyecto, pero explora nuevas texturas y colores sonoros.
–¿Qué búsquedas musicales y/o sensibles pensás que predominan en este material?
–Pienso que en este disco la búsqueda musical y sensible no están separadas, sino que funcionan como una misma cosa. La intención principal es generar sensaciones en el oyente: que la música pueda transmitir ideas desde lo emocional, casi en la piel, a medida que avanza el recorrido del álbum. Cada obra propone un clima particular.
–¿Podrías hablarnos de lo que plantea cada una de las propuestas?
–En “Gota de luz” me interesa que se perciba esa esperanza inicial, ese destello o chispa de fe. “Una hoja al viento” invita a una filosofía de dejarse llevar con serenidad, con cierta paz, como el viaje de una hoja al viento. “La raíz del alma” apunta a ese reconocimiento del mundo interior, de aquello profundo que define a cada persona. “Ñandutí” busca conectar con la belleza estética de nuestra cultura, mientras que “La fiesta de la vida” transmite celebración y energía colectiva, ese lado extraño y maravilloso de estar vivos. Hay también espacios más introspectivos o reflexivos: “Pya’e” sugiere esa sensación de rapidez permanente del mundo moderno, esa ansiedad constante de actualización donde parece que nunca terminamos de asentarnos. La idea misma de la obra es que incomode un poco, que nos acelere, que nos haga sentir corporalmente ese pulso vertiginoso en el que vivimos. “Paseo por el río” propone un viaje hacia lo vulnerable y lo interno. “Canción para los sobrevivientes” conecta con una memoria emocional compartida, marcada por experiencias globales como la pandemia. Finalmente, “Arasunu” se vincula con una idea de misterio y de conexión con el tiempo: el trueno como símbolo de algo ancestral que permanece inmutable, más allá de los cambios tecnológicos o culturales, y que nos une con quienes vivieron antes que nosotros.
“Aires nacionales II” está concebido como un viaje con un recorrido simbólico
RECURSOS
–Con los años fuiste aprendiendo y cambiando… ¿Qué cosas dan los años a la hora de escuchar o tocar música?
–Creo que una de las cosas más importantes que dan los años es la necesidad de no mostrar todo el tiempo todo lo que uno sabe. Cuando empezás a tocar, muchas veces querés demostrar constantemente los recursos, abrir el abanico técnico para que se vea todo lo que podés hacer. Con el tiempo esa mirada cambia: empezás a entender las herramientas musicales más como recursos y, sobre todo, como recursos emocionales que como elementos de exhibición. La técnica deja de ser un fin en sí mismo y pasa a estar al servicio de la música, de lo que la música necesita decir. Al comienzo, cuando uno arranca, suele estar muy conectado con el lado emocional. Después aparece la academia o el estudio profundo, y uno queda fascinado con las posibilidades teóricas y técnicas, a veces alejándose un poco de esa esencia inicial. Pero con los años se vuelve al origen, a la idea primaria de la música como una experiencia de conexión y bienestar, tanto para quien la toca como para quien la escucha.
–¿Qué aporta a la mirada y el oficio del músico el ejercicio de la docencia?
–Para mí, ese contacto permanente con nuevas energías y miradas nutre mucho y renueva mi propio lenguaje musical. La docencia también me permite mirar la música desde otra perspectiva, volver a repensarla y redescubrirla constantemente a través de los procesos de otros. Algo muy interesante, además, es que con el tiempo voy conociendo el nacimiento de muchas promesas musicales. Varios alumnos míos, con los años, terminan convirtiéndose en colegas dentro de distintas agrupaciones, incluso en las mías, y eso es algo que me genera una enorme satisfacción, tanto humana como musical.
–¿Cómo surge para vos la necesidad o el oficio de componer?
–En mi caso, la composición no siempre parte de una búsqueda planificada, sino más bien de apariciones espontáneas de ideas. Muchas veces surgen en medio de la vida cotidiana: caminando, manejando en silencio, en medio de la práctica o también en determinados estados emocionales donde siento la necesidad de plasmar algo. Cuando eso sucede, intento registrarlo de inmediato, generalmente grabándolo en el celular. Cuando no tengo la posibilidad, trato de retener la idea en la cabeza lo más posible para después grabarlas, aunque a veces no lo logro. La gran mayoría de las veces quedan como ideas registradas que luego retomo y desarrollo con mayor profundidad. Es un proceso muy ligado a la inspiración, pero también al trabajo posterior: volver sobre esa idea, darle forma y transformarla en obras que puedan ser compartidas.
El disco contó con la producción de Sergio Cuquejo en Spirit And Soundy
EL JAZZ Y LA MÚSICA PARAGUAYA
–¿Por qué elegiste explorar desde el jazz la música paraguaya?
–Explorar la música paraguaya tiene que ver directamente con mi propia vivencia musical. Por un lado, el folclore paraguayo y, por otro, el jazz, después de tantos años de estudiarlo, tocarlo y vivirlo. De manera natural, entonces, esos dos mundos empiezan a convivir dentro de mi lenguaje y aparecen a la hora de componer. Si bien escribo música en otros estilos, en este proyecto decidí agrupar aquellas obras que comparten esos “aires nacionales”: una sonoridad, una estética y una raíz vinculada a lo paraguayo, vistas a través del filtro de mi propio bagaje. Por eso el repertorio responde a ese concepto más que a una limitación estilística de mi producción en general.
–¿Editar se debe a un impulso personal?
–En mi caso, grabar un disco no tiene tanto que ver con una decisión individual. Porque si dependiera solo de mí, probablemente estaría produciendo y grabando constantemente, además de tocar. La realidad es que para que un proyecto discográfico se concrete tienen que darse muchas condiciones. Por un lado, la disponibilidad de los músicos: poder coordinar ensayos, que todos tengan el tiempo para estudiar el repertorio y trabajar el material, y que además estén disponibles justamente aquellos músicos que uno considera idóneos para el proyecto. Muchas veces eso es complejo, porque la mayoría vive la música también como sustento diario o tiene otras prioridades laborales que dificultan sostener un proceso largo de ensayos y grabación. Por otro lado, están las condiciones económicas propias de producir un material. Grabar un disco implica costos y una estructura que necesita cierta viabilidad para poder realizarse. Entonces, más que un impulso personal, la grabación termina siendo el resultado de que coincidan las condiciones humanas, de tiempo y económicas necesarias para que el proyecto sea posible.
Con un concierto abierto a todo público, tendrá lugar hoy a partir de las 19:00, en el Centro Cultural del Puerto, el lanzamiento de libro “Coplas y jazmines, luchas y azahares”, con el que el cantante, compositor y militante social y cultural Ricardo Flecha presenta un acercamiento a su vida y trayectoria, como referente del canto paraguayo contemporáneo.
El material aborda un recorrido por 45 años de trayectoria en la música, desde sus inicios más cercanos al goce y la recreación, hasta el desarrollo de una carrera que lo puso como un referente internacional de la voz del cancionero paraguayo.
El título “Coplas y jazmines, luchas y azahares” es una cita que corresponde a un fragmento de la canción “Despertar”, de Maneco Galeano, creador del Movimiento Nuevo Cancionero, del que Flecha es uno de los referentes más importantes y de vigencia ininterrumpida.
“El libro cuenta la historia de mi trayectoria, habla de dónde nací, de mis inicios, también es un relato del tiempo que me tocó vivir. El texto habla sobre el trabajo que nos tocó hacer durante el tiempo de la dictadura, la censura, las veces que estuve preso, habla sobre los grupos que integré, puede llamarse una autobiografía”, comenta Ricardo.
La trayectoria de Flecha está marcada por referentes como Atahualpa Yupanqui, así como en el permanente estímulo de Mercedes Sosa y Óscar Cardozo Ocampo.
En su formación artística, destaca también la influencia de Carlos Noguera, Emilio Bobadilla Cáceres y Agustín Barboza, pilares fundamentales para una interpretación profunda y renovada de la música paraguaya.
La undécima edición del evento prevé cuatro días de proyecciones nocturnas.
Con el anuncio de la proyección de los largometrajes “Bajo las banderas, el sol”, de Juan José Pereira; “Desesperadamente Sara”, de Marcos Díaz; y “Opus VR”, de Michael Kovich, se programa el desarrollo, a partir de este martes 3 de marzo, de la 11.° Ciclo de Cine Paraguayo, organizado por el Centro Cultural Paraguayo Americano.
El programa incluye tres largos y ocho cortometrajes de creadores nacionales que se exhibirán en el Teatro de las Américas (José Berges N.° 297 e/ Brasil y EE. UU., Asunción) en los días martes 3, miércoles 4, jueves 5 y viernes 6 del mes de marzo, a las 20:00. El viernes 6 se ofrecerán tres funciones: 19:00, 20:00 y 21:00. El costo de las entradas es de G. 20.000.
El Ciclo de Cine Paraguayo del CCPA se inició en el año 2015 con el objetivo de contribuir a la puesta en valor y fomentar la cinematografía paraguaya. Ofrece un espacio de exhibición de obras de realizadores locales, así como de acceso a públicos para conocer y apreciar el cine nacional.
El programa de los cortometrajes incluye a “No puedo tocar el cielo con las manos”, de Dora Gómez Paiva y Elián Guerín; “La esposa de Ramón”, de Xime Zarratea; “La pandilla de San Antonio”, de Maya Riquelme; “Lo profundo del río”, de Gaspar Insfrán; “Gallina”, de Ana Arza; “Pohã ñana kaaguy guive”, de Jóvenes Ava Paranaense; y “Grieta”, de Claudia Zárate.
Fotograma de “Bajo las banderas, el sol”
El ciclo arrancará el martes con la proyección de “Bajo las banderas, el sol”, a partir de las 20:00. Una de las novedades de este año es el Premio del Público Noche de Cortos 2026, donde la audiencia tendrá un rol protagónico. Los asistentes a la función de cortos tendrán la oportunidad de participar, votando por sus obras favoritas tras las proyecciones.
Además, se ofrecerá el conversatorio “Estudiar cine en EE. UU.: experiencias y oportunidades”, con participación de las realizadoras Mariana Pineda, Tania Cattebeke y de Belén Rodríguez, representante del programa EducationUSA.
Con dos funciones a sala llena se estrenó la nueva película paraguaya “Bandas - Una historia de amistad en dictadura”, de la directora Galia Giménez Giumpelevich, el viernes 20 de febrero en la Casa Bicentenario de las Artes Visuales “Ignacio Núñez Soler”, en Asunción, siendo un evento gratuito y abierto a todo público. La cineasta es autora de títulos como “El invierno de Gunter” (2007), “María Escobar” (2002) y “Réquiem por un soldado” (2002).
“Este 20 de febrero de 2026 no solo se estrenó una película. Se celebró el encuentro de muchas miradas, muchas manos y muchos corazones que hicieron posible ‘Bandas’. Bajo la sensibilidad y la dirección de Galia Giménez Giumpelevich, esta historia encontró su forma, su ritmo y su verdad. Galia no solo dirigió una película: abrió un espacio para que la memoria, la amistad y las heridas silenciadas pudieran respirar en pantalla”, expresa la publicación en el perfil de la realizadora en Instagram.
La producción, liderada por Natalia González Rahi, “sostuvo el proyecto con convicción y compromiso, acompañando cada etapa con la certeza de que contar esta historia era necesario. En la realización productora, Dani González articuló tiempos, recursos y voluntades para que cada pieza encajara”, agrega el posteo. “La atmósfera íntima que envuelve a ‘Bandas’ fue posible gracias al trabajo en luces de Santiago Schaerer, quien pintó con sombras y destellos ese bar asunceno donde el pasado y el presente se encuentran”.
Galia Giménez (centro) junto a las protagonistas de su película, Clara Benítez y Olga Vallejos, durante el rodaje. Foto: @arte_galiagimenezgiumpelevich
La música original de Emilio Corrales aporta emoción y profundidad, mientras que el tema “Mujer de nadie”, interpretado por Rocío Robledo, resuena como un eco de las voces que durante años permanecieron en silencio. En la asistencia estuvieron Mónica Ayala y Natasha Rolón, sosteniendo el pulso cotidiano del rodaje.
También se cita a Milagro Zárate, quien capturó el detrás de escena, guardando la memoria del proceso. Marceline Gómez dio vida a los rostros marcados por el tiempo y la historia desde el maquillaje. Olga Vallejos y Clara Benítez, desde el vestuario, ayudaron a construir identidad y memoria. Y en la edición y postproducción, Sebastián Domínguez tejió cuidadosamente las imágenes hasta convertirlas en relato.
“Bandas es el resultado de un equipo técnico y humano que trabajó con profesionalismo, pero sobre todo con sensibilidad. Porque cuando el cine se hace desde la empatía, no solo se cuenta una historia: se honra. Hoy celebramos a cada persona que creyó en este proyecto. Porque el cine también es eso: una comunidad que se sostiene, se escucha y avanza junta”, concluye la publicación, refiriendo que contó con el apoyo del Fondec.
Sinopsis de “Bandas”
El azar, las sentó en un viejo bar asunceno, todavía vacío, antes de anochecer. Basto una mirada casual de Benedicta, paraque las décadas de ausencia se desplomarán. Eran ellas: María y Benedicta, las niñas que jugaban en las veredas de un barrio asunceno cualquiera de los años 70 en épocas de dictadura en Paraguay. Fueron Meri y Beni, las Bandas del barrio.
Ellas, transformadas ahora en señoras grandes, cargan el peso de toda una vida. Conversando reconstruyeron su infancia, recordando el barrio donde vivían, los vecinos, la familia, pero también la sombra de un pasado amargo. Con la valentía que dan los años, hablaron de la adolescencia robada y de cómo la supervivencia las empujó a la prostitución, cuando apenas comprendían el mundo.
Compartieron el dolor silenciado, validando las heridas de la otra con empata de quien ha transitado un camino doloroso, pero siempre con el tan paraguayo: japuka mba’e. Al despedirse, con un abrazo largo, lleno de emoción, sintieron que el tiempo ya no les ganaría. Al salir del bar, el aire se sintió distinto, era el cimiento de una amistad duradera.