Este jueves 14 de noviembre, a las 18:00, tendrá lugar la presentación del libro “El Inalcanzable II”, de la autoría de Carlos Salcedo Centurión. El acto se llevará a cabo en el Ateneo Paraguayo (Nuestra Señora de la Asunción 820 casi Humaitá, Asunción), donde podrá apreciarse obras de arte, objetos y documentos vinculados al gran Mangoré, dilectísimo exalumno y exprofesor del Ateneo, entonces llamado Instituto Paraguayo.
Agustín Pío Barrios inició sus estudios de piano y guitarra en nuestra institución en el año 1903, cuando tenía 18 años. Estudió guitarra con Gustavo Sosa Escalada, considerado el padre de la guitarrística paraguaya, a quien ya conocía desde 1897. Junto con su maestro, además de las clases de música practicaban boxeo en la institución.
Barrios, además de músico, era dibujante y poeta, entre sus obras destacan “El bohemio” y “Las seis cuerdas de plata”. Antes de morir, ordenó quemar sus dibujos eróticos. Con Mangoré y la internacionalización de su obra, el Ateneo Paraguayo reviste de importancia mundial en el campo de la guitarrística académica, al ser la institución que donde se formó.
Lea más: Lanzan “Cerveza en Paraguay”, libro que recopila su historia y publicidades
Dejanos tu comentario
“Aprendimos que sí se puede”: Josema González, cantante de Kuazar
La banda paraguaya de metal Kuazar hizo cantar en guaraní al público europeo en junio último durante sus presentaciones en el Hellfest Open Air, de Francia, y el Graspop Metal Meeting, de Bélgica. Josema González, la voz líder del grupo, compartió con El Gran Domingo de La Nación las impresiones que les dejó esta experiencia sin precedentes en el metal nacional.
- Por Jimmi Peralta
- Fotos: Gentileza
Josema González, Ratty González y Marcelo Saracho, integrantes de la agrupación metalera paraguaya Kuazar, lograron sorprender a la movida del rock pesado de Europa en las últimas semanas, con su crujiente y gutural canto en guaraní, su potencia en el escenario y la mística de sus temas atravesados por la historia épica paraguaya. La banda no solo marcó presencia en los festivales Hellfest y Graspop, en Francia y Bélgica, respectivamente, sino que logró impactar y conquistar al exigente público del género, que respondió con pogos en círculos y headbanging.
“Nosotros abrimos un escenario y cuando empezamos a tocar había como 100 personas, pero cuando terminamos de tocar había casi 10.000. O sea, fue una locura en serio”, comenta Josema, en conversación con La Nación/Nación Media.
“Fue muy espectacular. Fue una experiencia que superó todas nuestras expectativas. Y eso es tan tangible que se ve por ejemplo en la cantidad de seguidores que tenemos en redes sociales ahora. Llegamos a Europa con 17.000 seguidores en Instagram y creo que ahora ya tenemos casi 37.000. Duplicamos el número en 10 días”, explica el músico.
La presencia de Kuazar en estos festivales marca un mojón en su carrera, primero por la visibilidad obtenida. Su show tuvo repercusiones en medios locales de Europa y llamó la atención también del público latinoamericano, que terminó descubriendo al proyecto por estar incluido en un line-up donde destacaban Alice Cooper, Alter Bridge, Anthrax, Cradle of Filth, Def Leppard, Limp Bizkit, Megadeth, Sepultura y Within.
Y en segundo término, porque esta experiencia inyecta un aluvión de confianza en el proyecto, al materializar algo que parecería imposible para muchos proyectos locales. “Aprendimos algo muy básico, pero muy grande: aprendimos que sí se puede. El aprendizaje está bueno, porque el propio paraguayo, hablando de algo ya no relacionado necesariamente con la música, piensa que no es lo suficientemente bueno y yo creo que somos muy buenos. Creo que nuestros artesanos son espectaculares, creo que nuestra comida es espectacular, creo que nuestras tradiciones como el tereré, el maté, nuestra manera de comer el asado, todas son cosas muy buenas y tenemos que aprender a vender eso”, señala el vocalista.
“Creo que eso también se aplica a la música, porque somos muy buenos haciendo música, pero en realidad no logramos comunicar eso de manera correcta más allá de nuestro territorio y creo que Kuazar está logrando eso. Yo me tomé mi tiempo en observar esos detalles de nuestra querida cultura paraguaya. Y por eso di ciertos pasos que quizás otros no pudieron dar, porque yo hice muchos mea culpa que me ayudaron a poder comunicar mejor lo que somos y sin miedo”, agregó.
EN EL ESCENARIO
Los muchachos de Kuazar nunca desestimaron la posibilidad de éxito que se abría, pero prefirieron cuidar sus expectativas. Se concentraron lo necesario para hacer un buen show. Una vez en Europa, tuvieron que recorrer cerca de 1.700 kilómetros en dos días y organizar toda la logística para el espectáculo.
“Siempre decimos con Kuazar que en el lugar en el que nos sentimos más seguros es el escenario. Todo lo demás es lo que nos preocupa. Transporte, traslado, lugar para dormir, comer, llegada a tiempo, la logística, los vuelos, las visas, pasaportes, si es que hay alguna vacuna que tenés que tener para entrar a algún país específico. Esos son detalles que cuentan demasiado y es que forman parte de todo un gran trabajo que hay que hacer antes de poder llegar a ese momento glorioso de pisar el escenario”, comenta González.
A la potencia de Kuazar en escena, se sumó una performance de interacción con el público. Josema presentaba los temas de la banda en inglés, acercaba algo de historia y lograba atraer, primero desde el diálogo y luego desde la fuerza musical, a los presentes frente al escenario.
“Cuando vamos creando el set list, Marcelo y Ratti me dicen ‘acá tenés que hablar’ y me marcan un espacio entre canciones, donde yo pueda explicar el contexto y las historias de las canciones, que es algo que a la gente le gusta escuchar. Obviamente nos gusta patear la puerta y tocar la mayor cantidad de temas posibles. Pero hay canciones como ‘Silence’, que habla del suicidio; ‘Machete che pópe’, que cuenta nuestra historia, sobre nuestra guerra, sobre nuestra cultura; y canciones como ‘Kuriju’, que habla sobre, lastimosamente, otra tradición paraguaya, que es la corrupción. Entonces, esos son temas que le damos contexto al público. Tenemos momentos estudiados en los cuales les contamos un poco más sobre las canciones al público”, señala.
SORPRESA
El momento de la banda convoca a sus miembros a pensar en una nueva gestión del proyecto. Llegaron a escenarios que no esperaban y, como comenta Josema, el trabajo hasta acá fue todo a pulmón, con muchos amigos del grupo que ayudaron y ayudan al crecimiento y difusión del proyecto, que hoy tuvo un boom que los sorprendió.
“Tenemos un reel que tiene 1.800.000 vistas, creo que tiene algo así como 145.000 compartidos, 180.000 likes, o sea, una locura en términos de comunicación viral. Y muchísima gente empezó a utilizar ‘Machete che pópe’ como un tema que representa lo aguerrido que somos, haciendo vínculo con lo que es lo relacionado a la selección paraguaya. Eso a mí me encanta porque es verdad que el paraguayo es aguerrido, muchas veces somos la sorpresa. Así como frente a Alemania en el Mundial, fue así con Kuazar en Europa. Fuimos la sorpresa y esperamos que sigamos siendo sorpresa y que sigamos sorprendiendo a todos”, sentencia Josema.
Kuazar, originaria de Ciudad del Este, donde próximamente se presentarán en un recital de acceso gratuito, es un proyecto reivindicador de la épica histórica del país, lo que es en sí mismo representativo de su sentir.
“Nosotros tenemos que dejar de referirnos a nosotros como paraguayitos o paraguayitas y hablar de que somos realmente paraguayos listos para salir y enfrentar y demostrar lo bueno que tenemos. Tenemos muchas cosas muy malas, pero eso tenemos que resolver nosotros mismos y mostrar lo positivo que tenemos: cultura, tradición, amor propio. Creo que eso es lo que tenemos que comunicar y eso se transmite en el arte, en los negocios, en la familia, en todo”, agregó el músico.
NUEVO DISCO
Para adentrarse a esta experiencia, la banda abrió un paréntesis en su proceso de preproducción del siguiente álbum, que será el sucesor de “Hybrid power”, el disco que de alguna forma sirvió de plataforma al grupo para su mayor proyección. En su retorno al país, retomarán el trabajo junto al productor Adriano Ortiz, quien también fue su sonidista durante las giras europeas.
“El disco tendrá un hilo conductor y así como ‘Hybrid power’, que si bien no es un disco conceptual, de igual forma tendrá un hilo conductor. Y el spoiler que todos saben es que a mí me encanta la historia, saben que a mí me encanta ser paraguayo y me encanta contar que soy paraguayo. Obviamente vamos a seguir usando eso porque es lo que somos”, concluyó.
Dejanos tu comentario
Ricardo Álvarez: “El arte tiene la seriedad del juego de los niños”
El artista plástico cubano-paraguayo Ricardo Álvarez viene proponiendo un cruce de lenguajes donde los trabajos en cerámica, óleo y dibujo “convergen en narrativas particulares”, describe el texto curatorial de su última muestra. Su obra impacta por su colorido y formas, pero también en lo narrativo, por el contenido que deviene de sus profundas preocupaciones espirituales.
- Por Jorge Zárate
- jorge.zarate@nacionmedia.com
- Fotos: Gentileza
Ricardo Álvarez entiende que en torno a lo artístico “falta una posibilidad mayor de crear un hábito de interactuar con el arte –para no decir consumir, porque consumir tiene una connotación de terminar con algo–. Sin embargo, con el arte se interactúa, porque cuando estás frente a la obra ella te propone sensaciones, pensamiento, reaccionas y esto es una interacción, un diálogo”, recuerda.
Lo espiritual es omnipresente, porque la expresión es algo que, principalmente, nos anima, nos moviliza: “Cualquier obra de cualquier arte, ya sea un filme, una pintura, una escultura, una música, danza, performance, teatro, todo eso llega a mover el alma, el arte es un asunto del alma y la vida. Según algunas tradiciones, es solo una experiencia de esta última y no una experiencia última”, agrega.
La plástica tiene en su génesis la posibilidad de atrapar y liberar tiempos: “En todo caso, en la vida puedes cuidar de cada instante y eso es saber hacer, eso es arte aplicado a la vida misma, cuidar de cada instante, como uno cuida cada detalle de una obra cuando la crea, sufre y se exalta por ella, te angustia o te brinda paz, como la vida misma”, reflexiona.
Aquí su diálogo con La Nación/Nación Media:
–¿Cómo va la actualidad de tu plástica?, ¿en qué trabajás?
–Estoy encarando una muestra en donde hay objetos de guerra como aviones, por ejemplo, convertidos en objetos cotidianos, con decoraciones de porcelana china o matrioshkas rusas, son aviones y objetos de guerra que se convierten en parte de la cotidianidad, que son parte de la cultura y la estética del poder y que portan belleza a pesar de su función y su finalidad. Además, trabajo en una serie sobre el mundo invisible, muy presente en la cultura afrocubana y en la cultura indígena del Paraguay, como por ejemplo los ishir-chamacocos. He leído el libro “La maldición de Nemur”, de Ticio Escobar, y las descripciones sobre los Anábsoro y las descripciones que recogió de los relatores ishir son fascinantes. Ya las había visto representadas por el artista chamacoco Ogwa, del cual hicimos un documental con mi esposa Silvana Nuovo cuando vinimos a Paraguay, pero al leer el libro las descripciones son increíblemente ricas y estoy tratando de representar lo que he leído…
CAPITAL POÉTICO Y SIMBÓLICO
–Hace poco realizaste la muestra “Tres ojos ven más que dos”. ¿Qué nos podés comentar?
–Allí hubo obras recientes y no tan recientes, pero de los últimos tres años y quizás alguna algo más antigua, pero que presentan un cuerpo de obra organizado en una narrativa curatorial de Sophia Ruiz, que la lee y trata de poner a dialogar varias series y varios mundos simbólicos que se manifiestan todo el tiempo en mi trabajo artístico. Para mí fue también muy satisfactorio ver mucha obra fuera del taller, donde está almacenada y apilada y podemos verla en un lugar neutro y, sobre todo, con espacio para respirar, existir y que cada una despliegue su capital poético y simbólico.
–Vimos la muestra “Todo es vacío, todo es ilusión”, donde intervenís cerámicas. ¿Seguís con esa búsqueda?
–Sí, continúo con la búsqueda en la cerámica, que ha devenido un lenguaje y un soporte incorporado a mi proceso creativo, en parte porque me siento atraído y muy cómodo con él y, por otro lado, por su significación como material, al ser al final tierra cristalizada. Las clases de cerámica son las únicas que no recuerdo de la Escuela de Bellas Artes en Cuba y te confieso que tengo muy buena memoria. Debe ser un olvido conveniente en todo caso, amo la materialidad de la tierra y me recuerda mi primer contacto con “lo plástico” que fue en el colegio con la plastilina y donde gané un concurso de escultura en plastilina. Después olvidé todo eso y hasta mucho más grande no pensé que ser artista era una opción o el arte una práctica posible para desentrañar las preguntas de la existencia.
–¿Confeccionás también las cerámicas?, ¿te interesan la alfarería, la escultura?
–Sí, confecciono cerámicas. Me interesa siempre el trabajo artesanal en el sentido del hacer, me parece que crea una intimidad con la obra que solo es posible perder en proyectos que se alejan de las propias posibilidades técnicas o donde se necesitan intervenciones de otros especialistas o procesos industriales como suele suceder con algunas obras de arte contemporáneo y ahí el artista queda como creador de un concepto que deben materializar otros, que sería como hacer cine u otras artes donde necesitas del concurso de otros especialistas, pero en estos casos yo puedo aún y disfruto mucho construir las piezas y tener ese contacto con la materialidad de la arcilla o la porcelana. Sí me interesa la alfarería y la escultura en arcilla y porcelana.
ESPACIO TRIDIMENSIONAL
–Son materiales que abren la puerta a otras dimensiones también, ¿no?
–Sí, estoy experimentando y disfrutando mucho por ahora y creo que son muy interesantes. Me encanta ver algunos soportes simbólicos de mi obra que antes estaban en dos dimensiones, vengan a existir en el espacio tridimensional y también que ello me sirva de soporte para la pintura. Hay mucho para hacer todavía y todos los días me levanto con el entusiasmo con que se levanta un niño para jugar, esa sensación amo de hacer arte, que cuando hay algo que quieres crear y quieres verlo terminado y materializado sientes la misma sensación de que cuando eras niño y te levantabas para estrenar juguete, algo así, pero más serio y con preguntas más adultas y existenciales. El arte tiene ese encanto, parece que estás jugando, pero estás jugando muy en serio como juegan los niños.
–¿Cómo ves la plástica en Paraguay?, ¿qué cosas te gustan de lo que estás viendo?
–La plástica en Paraguay o la creación artística en general tiene un crecimiento exponencial y es de altísima calidad. Podría crecer más si las personas se interesaran en qué les aporta una obra de arte, de estar en ese espacio de quizás incomprensión o extrañeza, pero que no los dejará indiferentes y de rodearse también de cosas que lo interpelen, que les hablen y que les recuerden. No hay suficientes eventos ni espacios para poder ver todo lo que se hace y la variedad y riqueza y compromiso del arte que se produce, lo cual es una lástima porque el arte encanta a la gente. Aunque no seas un entendido, te hace entrar en un espacio que si bien no entiendes o te deja con muchas interrogantes, ese es su cometido y su naturaleza y es por eso que nos deja un aura de reflexión y de poética y flotamos en algo extraño y a la vez atractivo cuando nos hemos sumergido en su encanto o en su incomodidad.
–Aparece importante valorar su intangibilidad.
–Claro, porque el arte es necesario, nos recuerda que somos humanos y nos mantiene cerca de las preguntas esenciales de la existencia, lo cual nos permite no perdernos en la inercia de lo cotidiano y los fenómenos que se nos presentan como importantes o imprescindibles. También es responsabilidad de los artistas no divagarnos demasiado, como es responsabilidad de los ciudadanos no confundir lo político con la política o la existencia con la economía de mercado o el amor con el deseo. El arte nos ayuda a construir una existencia más coherente con “ser humanos”, algo con que podamos discernir las cosas importantes en el proceso que relata el budismo como nacer, vivir, enfermar y morir. Arte etimológicamente es hacer algo con habilidad o técnica o saber hacer, así como la vida hay que saber vivirla.
–¿Sentís que hay alguna tendencia especial o las búsquedas son heterogéneas?
–Entre las tendencias hay muchas. El arte contemporáneo ha moldeado mucho y abierto nuevas posibilidades hacia la materialización de obras, pero me parece que lo esencial siempre en el arte es sentir el pulso de lo que se piensa y se siente en la sociedad y hoy en día con la globalización comunicacional y cognitiva, en el mundo. El arte ofrece mucho de ese espacio inasible del pensamiento como substancia al que todos tenemos acceso, nos muestra eso que todos estamos sintiendo y pensando de alguna manera, nos lo materializa, e imagina mucho más. Es por eso que es interesante, porque la imaginación suele adelantarse a lo que el presente propone.
INFLUENCIAS AFROCUBANAS
Entre las búsquedas artísticas de Ricardo Álvarez aparece la necesidad de acercarse “a formas de representación de lo invisible de la cultura afrocubana que conozco desde niño porque mi madre iba a misas espiritistas y yo la acompañaba”.
El artista cuenta: “Iba por la curiosidad de esos rituales y por la cualidad histriónica que contenían, pero cuando tenía 11 o doce años uno del médium con un espíritu montado –quiere decir poseído por un espíritu– me llamó, me hizo una limpieza con ramas, humo de tabaco y aguardiente y me dijo muchas cosas que en su momento me parecieron tonterías, pero que hasta ahora se han cumplido todas menos una y eso me dejó una gran incertidumbre”, cuenta.
“En mi espiritualidad me he inclinado más hacia el budismo, del cual he leído mucho y practicado y también se refleja mucho en mi obra, pero no puedo negar la influencia de esa cultura afrocubana, de la santería como se le conoce en Cuba”, apunta.
“Todo lo que me interpela lo pongo en obra, es una manera poética de reflexionar y es como un ritual de conocimiento que mezclado todo hace un cuerpo de obra en donde puedo reflexionar con lo que ella me brinda y al final puedo compartirlo el espectador, que hará sus propias lecturas o partirá con sus propias preguntas y no hay nada que interrogue tanto como lo que no hemos podido responder”, concluye.
SOBRE EL ARTISTA
Ricardo Álvarez nació en La Habana, Cuba, el 12 de mayo de 1970, es artista plástico y documentalista. Se formó en la prestigiosa Escuela Nacional San Alejandro de su ciudad natal, y posteriormente estudió escritura y dirección de documentales en París, Francia.
Se lo puede seguir en Instagram en @ricardoalvarez_art y sus obras se encuentran en las principales colecciones de Paraguay. A lo largo de su trayectoria, expuso en diversas galerías de Venezuela, París y Asunción. Fue artista invitado en Oxígeno Feria de Arte (2019), seleccionado para el programa “Genealogías, Puerto Casado” (2016), obtuvo una mención especial en el Premio Invernadero: Arte, Política y Experimento (2015) y logró el Primer Premio en el Concurso de Artes Visuales de la Embajada de la República Federal de Alemania en Asunción.
Dejanos tu comentario
Cielo Ámbar presentó su “Crónicas de un naufragio”
El material cuenta con ocho canciones que se desenvuelven entre el pop, el rock y el indie.
“Realmente hacemos música para producir esas cosas nosotros, música que nos haga expresar en nuestras melancolías, nuestras alegrías, no es tanto que busquemos que el público sienta algo, porque o si no vamos a privarnos, de repente, de algunas cosas a nivel compositivo”, explica Hugo González, quien junto a la cantante Aslin Prieto, Racco Bazán y Josemi Peralta lanzaron en los últimos días “Crónicas de un naufragio”, el primer álbum de larga duración del proyecto que comparten: Cielo Ámbar. “Hoy en día ya no jugamos más con eso, ya no nos metemos más en la cabeza el qué dirán o si va a gustar o no, hacemos nomás ya”, señala.
“La banda inició como un proyecto solista mío en el 2020, al principio iba a ser un proyecto solista en el que yo usaba el seudónimo de Cielo Ámbar. Después de sacar varios singles decidí formar la banda y en 2023, hice un EP con Aslin Prieto, que es la cantante”, narra Hugo, líder y bajista del proyecto.
Después de 6 años de mucho trabajo y búsquedas, Cielo Ámbar da un siguiente paso y presentó ya su nuevo material que cuenta con ocho canciones, siendo el corte de difusión “Crónicas de un naufragio”, que cuenta también con un video clip.
PROFUNDIDAD PERSONAL
“Este corte nuevo, ‘Crónicas de un naufragio’, lo elegimos más que nada, porque fue una producción artística hecha en conjunto con Miki González de Villagrán, y es un tema que tiene mucha profundidad personal. La canción la escribí yo y trata de esas situaciones que se suelen dar entre personas en diferentes tipos de relaciones”, explica el músico.
Esta es la canción con la que abre el disco, y contó con la producción artística de Miky González Merlo, de Villagrán. El tema muestra a la banda desde un lado diferente que se podría describir como más oscuro. Entre las influencias de la banda citan a Babasónicos, Tan Biónica, Maná y Soda Stereo, entre los latinoamericanos. También tenemos influencia de música en inglés, como Post Malone, Daft Punk, Depeche Mode, The Killers, etc.
SODA
El álbum, que cuenta con una versión de “Persiana americana” de Soda Stereo, se desarrolló entre el pop, el rock y el indie. “La versión de Soda salió por una cuestión de generar contenido nomás que estábamos haciendo los sábados. Acabamos temas acústicos nuestros y algunos covers y ‘Persiana americana’ pegó. Nos sentíamos muy cómodos con la tonalidad de cómo le salía a Aslin, y decidimos probar una versión extendida, y la incluimos en el álbum”, agregó.
Cielo Ámbar ya cuenta con un importante recorrido en la comunidad musical de Asunción, manteniendo su estilo y echando mano a su versatilidad que le ha abierto puertas a festivales como el Rock al Puerto donde compartieron escenario con artistas como Dillom y La Bersuit.
Dejanos tu comentario
Cine francés para celebrar la amistad
Con la exhibición del largometraje “Au revoir les enfants” (Adiós, muchachos) de Louis Malle, prosigue el próximo martes 7 de julio el Ciclo de Cine Francés que se desarrolla en el mes de la amistad, todos los martes, a las 19:00, en la Sala Molière de la Alianza Francesa de Asunción (Mariscal Estigarribia 1039).
La película que se verá en la siguiente cita se desarrolla durante la ocupación nazi en Francia (1943), en un internado católico para niños que sirve de refugio. Julien, un alumno del internado, entabla una estrecha amistad con Jean, un nuevo estudiante. Pronto Julien descubre un secreto que los unirá profundamente: Jean es judío y los sacerdotes lo están escondiendo para protegerlo del Holocausto.
VÍNCULOS
El ciclo propone un recorrido por diversas realidades y emociones, con títulos que invitan al público a reflexionar sobre la importancia de los vínculos incondicionales. Este mes, el espacio estará dedicado a explorar las distintas caras de la amistad, la lealtad, los reencuentros y las complicaciones de las relaciones humanas a través de destacadas obras del cine francés. Para el martes 14 de julio está prevista la proyección de la comedia dramática “Chien de la casse”, dirigida por Jean-Baptiste Durand. Estrenada en 2023, la película sigue la historia de Dog y Mirales, dos amigos de la infancia que viven en un pequeño pueblo del sur de Francia. En las siguientes semanas se proyectarán “Bonjour l’asile”, de Judith Davis; y “À l’abordage”, de Guillaume Brac. Las entradas generales cuestan G. 20.000; alumnos de la Alianza Francesa pagan G. 10.000. El ciclo cuenta con el apoyo de la Embajada de Francia en Paraguay y el Institut Français.