BTS, cerca de reunirse: Suga termina su servicio militar
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Seúl, Corea del Sur. AFP.
Suga, uno de los miembros de la banda de pop coreano BTS, finalizará oficialmente su servicio militar obligatorio este sábado, y ahora los siete integrantes de la banda podrán regresar a los escenarios tras un receso iniciado en 2022. La banda ha estado desde entonces en una autodenominada “pausa” porque sus miembros debían cumplir con el servicio obligatorio impuesto a todos los varones surcoreanos menores de 30 años, debido a las tensiones con Corea del Norte.
Suga, que se desempeñó como agente de servicios sociales (una alternativa al servicio militar), será el último en terminarlo, antes del esperado regreso de la banda con todos sus componentes en activo. “Por encima de todo, quería... sinceramente agradecer a mis seguidores que me hayan esperado todo este tiempo”, declaró Suga en un mensaje dirigido a su público, conocido como “ARMY” en la plataforma Weverese. “Los añoré mucho”, agregó.
Antes de que los integrantes tuvieran que hacer el servicio obligatorio, el grupo generaba más de 5,5 billones de wones (unos 4.000 millones de dólares) al año en impacto económico, según el Korea Culture and Tourism Institute. Los analistas esperan que los beneficios de explotación de su agencia, HYBE, se disparen el próximo año --incluso un 71 % según algunas estimaciones--, en parte por el regreso de BTS a las grandes giras.
Desde que terminó su servicio militar la semana pasada, el líder de la banda, RM, ha aparecido en la feria de arte contemporáneo Art Basel de Suiza como nuevo embajador global de la gama Samsung Art TV. Otro integrante del grupo, V, fue visto entre el público de un recital de piano en Seúl junto a Park Chan-wook, director de la película “Oldboy” (“Oldboy: cinco días para vengarse”).
BTS ha sido considerado como uno de los mejores ejemplos del “poder blando” de Corea del Sur, llegando incluso a visitar la Casa Blanca en 2022. Han hablado públicamente sobre salud mental y delitos de odio contra personas asiáticas, y contribuyeron con 1 millón de dólares a la causa Black Lives Matter en 2019, animando a sus seguidores a igualar esa donación.
Más que experiencias para el visitante, las rutas gastronómicas son herramientas de desarrollo que integran producción, cultura y comunidad, generando impacto más allá del turismo, comparte Andrés Ugaz desde Perú. Foto: Gentileza
Más que experiencias para el visitante, las rutas gastronómicas son herramientas de desarrollo que integran producción, cultura y comunidad, generando impacto más allá del turismo.
Las rutas gastronómicas suelen pensarse como una estrategia para atraer turistas. Pero en realidad, su impacto va mucho más allá de lo culinario. No nacen como un producto aislado, sino como el resultado de procesos más profundos dentro de un territorio.
Para Andrés Ugaz, referente de la cocina peruana y creador de la Ruta del Callao, la diferencia es clave: una ruta no se “crea”, se construye. “Lo que se puede crear es un itinerario. La ruta es otra cosa, es una construcción social, casi siempre público-privada, que funciona como una plataforma donde se comunican muchos aspectos del territorio”, explica.
Callao es la principal ciudad portuaria del Perú, ubicada junto a Lima, en la costa del océano Pacífico. Foto: Gentileza
El caso de la Ruta del Callao en Perú es un ejemplo de cómo la gastronomía puede convertirse en una herramienta para cambiar percepciones. En un territorio históricamente asociado a una imagen negativa, el proceso comenzó en 2016 con un grupo de empresarios que buscaban contar una historia distinta.
Para Andrés, la cocina fue el punto de entrada para esta ruta. “Es algo cotidiano, confiable. La gente entiende y presta atención cuando se le habla desde la cocina”, comenta, al tiempo de aclarar, que lo importante no fue solo mostrar platos, sino reconstruir la narrativa de un lugar a partir de su gente, su cultura y sus dinámicas actuales.
Andrés es maestro panadero, finalista en los Gourmand Awards 2025, quien propuso un plan para preservar el patrimonio panadero ayacuchano. Fotos: Gentileza
Impacto económico y cultural. Una ruta gastronómica, bien estructurada, puede convertirse en un articulador económico, pues no solo visibiliza restaurantes, sino que integra toda una cadena productiva: pesca artesanal, agricultura, transformación de alimentos y pequeños emprendimientos.
En ese sentido, su impacto no se limita al consumo. “Puede ser un medio transformador si logra integrarse a los primeros eslabones de producción”, afirma. Aunque insiste en que el valor no es únicamente económico. Existen dos dimensiones que deben avanzar en paralelo: la redistribución de oportunidades y la revalorización cultural.
En una ruta gastronómica, el plato no es el destino, es la puerta de entrada a una historia más grande. Foto: Gentileza
Por un lado, la ruta permite que actores que normalmente no tienen visibilidad accedan a mercado. Por otro, fortalece el reconocimiento de prácticas, saberes y tradiciones que forman parte del patrimonio alimentario, amplía el maestro panadero y finalista de los Gourmand Awards 2025.
Uno de los errores más comunes es pensar que una ruta gastronómica se trata solo de comer bien. Ya que, en realidad, su objetivo es mucho más ambicioso: representar un territorio en poco tiempo. “La ruta tiene que mostrar historias de vida, tensiones, necesidades, sueños. Lo que comés también cuenta una historia”, expresa.
Una ruta no se crea, se construye según Andrés. Foto: Gentileza
Ese enfoque cambia completamente la experiencia. Ya no se trata solo de degustar, sino de generar conexión. “La ruta tiene que dejar algo en quien la recorre. Si solo te quedás con el sabor, es una experiencia gastronómica. Pero si entendés el territorio, generás un vínculo”, remarca.
Ese vínculo puede traducirse en impactos concretos: desde proyectos productivos hasta alianzas internacionales impulsadas por visitantes que se involucran con lo que descubren, agrega el referente culinario peruano.
La Ruta del Callao, ejemplo de que la gastronomía puede cambiar percepciones. Foto: Gentileza
Respecto a lo que puede hacer Paraguay, aunque Andrés aún no conoce en profundidad, justamente este mayo estará como invitado mediante una alianza entre la Cámara de Comercio Paraguayo Peruana (CAPAPE) y la firma organizadora del Gastronomik, plantea un camino claro para desarrollar rutas gastronómicas con impacto sostenido.
El primer paso no es lanzar un circuito turístico, sino investigar el territorio, cuenta. “Se necesita una investigación-acción: registrar el patrimonio alimentario de una zona, pero no de forma contemplativa, sino generando productos que ya puedan usarse, como publicaciones, documentales o espacios de difusión”.
La ruta tiene que dejar algo en quien la recorre. Foto: Gentileza
Ese proceso debe ser participativo, involucrar a productores, cocineros y actores locales no es opcional, es la base de la construcción. “La ruta tiene que ser hecha con los locales. Es un registro permanente, un observatorio de lo que pasa en el territorio”, detalla.
A partir de ahí, se construye una hoja de ruta que articula al sector privado, el Estado y otros actores, hasta convertirse en un producto turístico. Pero incluso en ese punto, el objetivo no es el turismo en sí mismo, insiste Andrés. Y sucede que las rutas gastronómicas, entendidas de esta manera, son mucho más que una experiencia para visitantes, son una herramienta de desarrollo territorial.
Mostrar historias de vida, tensiones, necesidades, sueños. Foto: Gentileza
Implica decisiones, coordinación y, en muchos casos, una apuesta política punto en el que expone, que no hay que tener miedo a eso, ya que la ruta pone a la cocina en el centro y permite abordar el territorio desde ahí, generando oportunidades para quienes han sido invisibilizados.
En un contexto donde Paraguay busca diversificar su oferta turística y fortalecer sus economías locales, el desafío no es solo crear rutas, sino construirlas con sentido. Porque cuando la gastronomía deja de ser solo consumo y se convierte en relato, identidad y vínculo, puede hacer algo más importante: transformar un territorio desde adentro.
Integra toda una cadena; pesca artesanal, agricultura, transformación de alimentos y pequeños emprendimientos. Foto: Gentileza
Shakira, Madonna y BTS actuarán en la final del Mundial
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Shakira, Madonna y la banda de K-pop BTS serán las estrellas del espectáculo de medio tiempo de la final del Mundial de fútbol de Norteamérica, que se celebrará el 19 de julio en el MetLife Stadium en East Rutherford (Nueva Jersey).
Chris Martin, líder de la banda Coldplay, está a cargo de la curaduría de este show al estilo del Super Bowl de la NFL, el primero que se vivirá en el intermedio de la final de una Copa del Mundo de fútbol.
“Esta es una oportunidad para mostrar lo increíbles que son todos los diferentes tipos de seres humanos (…). Y para recaudar algo de dinero para la educación de los niños”, le dijo Martin a Elmo. El espectáculo estará producido por Global Citizen, plataforma de lucha contra la pobreza extrema, y contribuirá al Fondo de Educación Ciudadana Global de la FIFA, una iniciativa que busca movilizar 100 millones de dólares durante el torneo.
La primera edición mundialista ampliada a 48 selecciones se disputará desde el 11 de junio en Estados Unidos, Canadá y México. El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ya avanzó en marzo que se preparaban para “el primer espectáculo de medio tiempo en una final de la Copa del Mundo de la FIFA”.
Infantino también dijo que la FIFA planea “tomar” la emblemática plaza Times Square de Nueva York el fin de semana de cierre del Mundial. El pasado viernes, el organismo rector del fútbol dio a conocer que cada país anfitrión del Mundial tendrá su propia ceremonia de inauguración con actuaciones musicales.
En la de Ciudad de México, donde se levantará el telón del certamen el 11 de junio, actuarán artistas como Belinda, J. Balvin y Maná mientras Katy Perry y Anitta lo harán un día después en Los Ángeles y Alanis Morissette y Michael Bublé en Toronto.
John Travolta exhibe la Palma de Oro honorífica a su trayectoria antes de la proyección de la película "Ven a volar conmigo“. Foto: Olivier Chassignole/AFP
El ídolo de “Grease”, John Travolta recibió una Palma de Oro
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El Festival de Cannes entregó el viernes una Palma de Oro honorífica a la estrella estadounidense John Travolta, un reconocimiento sorpresa que no estaba anunciado y que tuvo lugar antes del estreno de su primer filme como director. “Mis películas favoritas en mi vida siempre fueron las ganadoras de la Palma de Oro. No puedo creerlo, esto es más que un Óscar”, dijo el intérprete de “Grease” y “Pulp Fiction” al recibir el premio.
El actor de 72 años presentó “Ven a volar conmigo”, sobre un niño de 8 años que toma el avión por primera vez para seguir a su madre, actriz, de camino a Hollywood, una adaptación de un libro que el propio intérprete publicó hace tres décadas. En el trayecto el niño conocerá a sorprendentes viajeros y vivirá una serie de aventuras bajo la mirada de las azafatas de vuelo, una de las cuales está encarnada por Ella Bleu Travolta, la hija de actor.
“Este es el proyecto de mi vida. Y todas las personas que aparecieron en la película están sentadas en el público, aquí mismo: mi familia. Y por eso existe esta película y, en realidad, por eso existo yo como artista: por esas personas que están aquí”, declaró Travolta sobre su ópera prima. El intérprete también explicó que le sorprendió mucho que su primera película fuera presentada en Cannes, el festival de cine más prestigioso del mundo.
Travolta recordó que cuando el director general de la muestra, Thierry Frémaux, le dijo en noviembre que “sería la primera película aceptada con tanta antelación, me puse a llorar como un niño”. “No tenía ninguna esperanza de que aceptaran mi película”, añadió. La estrella de Hollywood, que creció no lejos del aeropuerto de LaGuardia, cerca de Nueva York, es un piloto profesional experimentado y obtuvo su primera licencia a los 22 años, según un comunicado del festival.
En la década de 1990, Travolta publicó “Propeller one way night coach”, una historia escrita para su hijo mayor Jett, que sufría crisis epilépticas desde la infancia y falleció en 2009. El actor ha participado en numerosas ocasiones en el Festival de Cannes, entre ellas tres veces con películas en competición, con “Pulp Fiction” (Palma de Oro en 1994), “Atrapada entre dos hombres” (1997) y “Primary Colors” (1998).
Travolta se dio a conocer a finales de los años 1970 gracias a su papel de Tony Manero en “Fiebre del sábado por la noche” (1977), que lo catapultó a nivel internacional. Al año siguiente el musical “Grease” (1978) lo consolidó entre los actores más famosos de su generación. “El nombre del juego” (1995) le valió un Globo de Oro y en “Contracara” (1997) compartió cartel con otra superestrella del momento, Nicolas Cage.