- Por David Sánchez, desde Venecia (Italia), X: @tegustamuchoelc (*).
El Festival de Cine de Venecia vivió una de sus jornadas más vibrantes y memorables con la llegada de Guillermo del Toro. El director mexicano presentó su esperadísima versión de “Frankenstein”, un proyecto que llevaba soñando desde la infancia, y que finalmente ha podido materializar con la libertad creativa y la escala que siempre consideró necesarias. La proyección se saldó con una ovación de pie de 13 minutos, y para Guillermo el festival alcanzó un punto histórico cuando recibió el León de Oro honorífico a los logros de una vida, reconocimiento a su trayectoria y a la huella imborrable que ha dejado en el cine contemporáneo.
La locura en la alfombra roja
La expectación era máxima. En el Lido, cientos de seguidores se agolparon a la espera de ver al cineasta y al elenco de la película, encabezado por Oscar Isaac, Jacob Elordi, Mia Goth, Christoph Waltz, Felix Hammer y Guo. El fervor se desató cuando apareció Del Toro en la alfombra roja. Aunque el protocolo de seguridad le impedía detenerse, el realizador no dudó en pedir a uno de los guardias que recogiera los pósters y fotografías que la multitud le tendía, con la promesa de firmarlos después. Un gesto sencillo, pero cargado de complicidad, que desató la locura entre los presentes y demostró una vez más la cercanía del director con su público.
“Frankenstein” como religión
En la rueda de prensa, Del Toro habló de la profunda conexión que lo une desde niño a la obra de Mary Shelley. “Para mí “Frankenstein” no era solo un sueño, era casi una religión desde que lo vi de pequeño. Crecí en un ambiente muy católico y nunca entendí a los santos… hasta que vi a Boris Karloff en pantalla. Entonces comprendí lo que era un mesías. Desde entonces sigo al monstruo como si fuera un santo propio”, confesó con emoción.
Explicó que había esperado décadas para rodar esta historia en condiciones adecuadas: “Todo lo que hice desde Cronos hasta ahora fue prepararme para esta película. Necesitaba la escala suficiente para reconstruir un mundo entero y hacerla diferente. Ahora que la terminé, estoy en depresión posparto”, bromeó.
El banquete de Guillermo
Oscar Isaac, que da vida a Víctor “Frankenstein”, describió la experiencia de trabajar con Del Toro como un verdadero regalo: “No podía creerlo cuando me dijo que quería que fuera Víctor. Me entregó un banquete: solo tenía que sentarme a la mesa. Con Guillermo es un proceso de rendirse al material y enamorarse de él por completo”.
Jacob Elordi, que interpreta a la criatura, relató que llegó al rodaje con apenas unas semanas de preparación, pero encontró un espacio cálido y creativo: “Llegué tarde, pero la mesa ya estaba servida. Lo único que tuve que hacer fue sentarme y dejarme llevar. Fue un sueño hecho realidad”.
Del Toro insistió en que no quería repetir el icono clásico del monstruo con cicatrices y grapas. “No quería un accidente andante. Víctor es un artista, y si ha soñado con esto durante veinte años, iba a crear algo hermoso, casi como una estatua de marfil o alabastro. Cada etapa de la criatura refleja su evolución, como si fuera un ser humano en crecimiento”, explicó.
Escenarios de carne y hueso
Uno de los aspectos más destacados de la producción fue la construcción de decorados reales, minimizando el uso del CGI. Del Toro lo defendió con convicción: “No es lo mismo pedirle a un actor que mire una bola en un fondo verde que ponerlo en un laboratorio real con máquinas gigantes. Eso alimenta la actuación. No busco eye candy, lo bonito superficial, sino eye protein: que cada elemento sirva para contar la historia”.
El compositor Alexandre Desplat, responsable de la partitura junto a Alexander Dela, señaló que la música no debía enfocarse en el horror sino en la emoción: “Pensamos en “Frankenstein” y uno imagina terror, pero aquí se trata de amor. La música debía ser lírica, profunda, casi como una elegía”. Del Toro añadió divertido: “Tenemos un pacto: si la música no me hace llorar, no está lista. Y como mexicano, me cuesta llorar”.
“Frankenstein” es, al mismo tiempo, un espectáculo visual majestuoso y una obra íntima. Del Toro construye un universo gótico minucioso, donde cada set es una pieza artesanal cargada de simbolismo. Pero lo más sorprendente es cómo logra humanizar el relato: la criatura no es un monstruo, sino un espejo de soledad, vulnerabilidad y deseo de pertenecer.
Oscar Isaac ofrece un Víctor atormentado por la obsesión y la culpa. Jacob Elordi sorprende con una interpretación física y sensible, aportando frescura a un papel tantas veces interpretado. Mia Goth, Felix Hammer y Christoph Waltz completan un reparto coral que brilla gracias a la dirección inclusiva de Del Toro.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.