- Por David Sánchez, desde Venecia (Italia), X: @tegustamuchoelc (*).
Presentada en el Festival de Venecia, “The Smashing Machine” de Benny Safdie es una película sorprendente por varios motivos, pero sobre todo por la interpretación absolutamente transformadora de Dwayne Johnson, quien deja atrás su imagen de héroe de acción para encarnar con dolor y humanidad al luchador Mark Kerr. Es, sin duda, la mejor interpretación de su carrera: vulnerable, intensa y emocionalmente sincera. Johnson conmueve en un registro donde rara vez lo habíamos visto.
La película, basada en hechos reales, trata sobre la caída y redención de Kerr, un hombre destruido por la adicción, las exigencias del deporte extremo y una relación de pareja profundamente tóxica. El relato se centra en cómo el trabajo, lejos de ser una vía de escape, a veces amplifica el caos personal, pero también puede convertirse en el camino hacia la recuperación cuando se combina con el apoyo —o la presión— familiar.
Uno de los aspectos más interesantes de la cinta es la constante comparación cultural entre Estados Unidos y Japón. En EE. UU., la lucha se muestra como un espectáculo salvaje, sin límites ni reparos: golpes sangrientos, destrucción, cuerpos chocando como en una feria grotesca. En contraste, el mundo japonés, donde también compite Kerr, está regido por normas estrictas, contención emocional y respeto por el orden. Esta dualidad sirve como metáfora de los dos estados internos del protagonista: el descontrol y la disciplina.
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La relación con su pareja (interpretada con solvencia por Emily Blunt) es otro de los pilares del drama. Se mueve entre la dependencia emocional y el chantaje: no se sabe si ella lo ama o simplemente teme perder la estabilidad económica que él representa. En medio de este caos, pequeños gestos —entrenar juntos, ir a la feria, o una inyección que alivia los espasmos del entrenador— adquieren gran carga simbólica. No son solo anécdotas: revelan una humanidad desgarradora y crean un vínculo genuino con el espectador.
La dirección de Safdie opta por un estilo casi documental, con cámara cercana y textura sucia que recuerda a sus anteriores trabajos, sumergiéndonos en un mundo físico y emocionalmente asfixiante. El maquillaje prostético, que transforma a Johnson en Kerr, se aplica con extremo detalle (más de 4 horas diarias), contribuyendo a borrar al ídolo y mostrar al hombre herido.
En definitiva, The Smashing Machine es una película poderosa, que no se limita al mundo de las artes marciales mixtas, sino que habla de adicción, soledad, presión social y redención. Una historia de sudor, sangre, familia y lucha interna. Johnson brilla, y Benny Safdie confirma que es uno de los autores más interesantes del cine actual.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.

