Javier Bardem habla de “F1: La película” con la misma intensidad con la que su personaje, Rubén Cervantes, vive al borde del abismo financiero, emocional y humano. En una conversación cargada de reflexión, humor y honestidad, el actor español dejó claro que la película dirigida por Joseph Kosinski va mucho más allá de la velocidad y el espectáculo: es una historia de amistad, segundas oportunidades y pasión llevada al límite.

Es la historia, ante todo, de dos amigos que confían el uno en el otro, explicó Bardem. Amigos que fueron rivales en el pasado, unidos por el respeto y la admiración mutua. Ese vínculo es el corazón del filme. “Si perdemos, perdemos juntos. Si ganamos, ganamos juntos”, resumió el actor, dejando claro que el relato no se mide solo en victorias, sino en lealtad.

El vértigo de apostar cientos de millones

Uno de los aspectos que más impresionó a Bardem del mundo de la Fórmula 1 fue el riesgo económico. “En la Fórmula 1, la gente pone en juego cientos de millones de dólares. Es una locura”, confesó. Una locura que, sin embargo, responde a algo más profundo: la necesidad de ir más allá de lo ordinario.

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“No hablo de romper las reglas de la ley, sino la regla de lo promedio”, explicó. “Hacer algo especial. Y si te estrellas, te estrellas. Pero nos estrellamos juntos”.

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Brad Pitt y Javier Bardem en "F1: La película", dirigida por Joseph Kosinski. Foto: Gentileza

Pasión, rivalidad y cero relajación

Durante su investigación para el papel, Bardem encontró un patrón común entre pilotos y propietarios de equipos: una pulsión casi irracional por ganar. “Es una pasión que va más allá de su control”, dijo. “Algo tan lejano a mí, porque yo no tengo esa necesidad de ganar”.

Ese contraste fue parte del reto interpretativo. “Es un mundo muy tenso. No hay espacio para la relajación”, añadió entre risas. “Hay espacio para apostar, para confiar, para saltos de fe… pero no para relajarse”.

“Son auténticos jugadores de su propia vida”

Antes de la película, Bardem no era un seguidor de la Fórmula 1. Ahora, su respeto es absoluto. “Son auténticos jugadores. Juegan con sus propias vidas”, afirmó. “Eso es algo que hay que respetar”.

El actor destacó especialmente la valentía de los pilotos y el trabajo invisible que hay detrás de cada coche. “Cientos, miles de personas trabajando para que un piloto cruce una línea”, señaló.

Y tuvo palabras especialmente cálidas para Lewis Hamilton, productor del filme: “Es un ser inteligente, dulce, encantador. Nunca dirías que se sube a un coche a 240 millas por hora”. Luego sonrió: “Pero es muy bueno en eso”.

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Brad Pitt y una “bromance” real

La química con Brad Pitt fue otro de los puntos clave de la conversación. “Esas cosas pasan o no pasan”, dijo Bardem con franqueza. “Tú pones lo mejor de ti y esperas que funcione”.

En este caso, funcionó. Y con creces. “Brad entra en una habitación y su energía lo llena todo”, contó. “Nunca sentí que estuviéramos a su servicio. Era al revés”.

Bardem definió su relación en pantalla como una auténtica “bromance”: una amistad madura, llena de afecto y complicidad. “Hay amor, que es como tiene que ser”, afirmó con orgullo.

Realismo extremo: sonido, pista y verdad

El actor subrayó la importancia del realismo, impulsado directamente por Hamilton. “La precisión de esta película no se ha hecho nunca antes”, aseguró. Desde el guion hasta el sonido de cada marcha del coche, todo fue supervisado con obsesión casi artesanal.

Cuando vi la película en una sala IMAX pensé: ‘Dios mío, el nivel de detalle’”, recordó. “Es una obra de arte”.

Segundas oportunidades y vida real

Cuando le preguntaron por el tema de las segundas oportunidades, Bardem fue directo y humano: “No hay ensayo para esto que llamamos vida”. A sus 56 años, habló sin filtros: “La he cagado, he vuelto, lo he intentado otra vez”.

Su conclusión fue clara: “Lo importante es levantarse y volver a intentarlo, intentando no hacer demasiado daño a los demás”.

“Un lujo de rodaje”

Trabajar con Kosinski, Bruckheimer y Pitt fue, en palabras de Bardem, “un resort de lujo del cine”. “Estás protegido por gente que sabe exactamente lo que hace”, explicó. Y eso eleva el nivel de todos.

Sobre su personaje, Rubén Cervantes, Bardem lo definió como alguien fuerte en apariencia, pero profundamente vulnerable: “Vive en un mundo que empieza a devorarlo financiera y emocionalmente”.

¿Un futuro para Rubén?

Ante la posibilidad de una secuela o incluso una precuela, Bardem no cerró ninguna puerta. “Nunca se sabe”, dijo. “Si Joe quiere que esté, ahí estaré”.

Eso sí, dejó una advertencia con humor: “Tendrían que darse prisa. No nos estamos haciendo más jóvenes”.

* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.

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