Con 97 años recién cumplidos, el artista francochileno Alejandro Jodorowsky presenta un libro-objeto que repasa su prolífica e inclasificable trayectoria, desde sus inicios en el teatro hasta sus últimas películas, pasando por su proyecto de “Dune”, en una obra con la que sigue buscando la verdad.
El libro, “Art Sin Fin”, publicado por Taschen en edición limitada, recoge en más de 1.000 páginas imágenes y documentos de su larga y variada producción, empezando por retratos de archivo familiares, fotografías de sus performances teatrales o detalles de sus películas de culto “El Topo” (1970) y “La montaña sagrada” (1973).
“No es un libro, es un instrumento. Y no es un trabajo, es una pasión”, responde tajante Jodorowsky a la pregunta sobre cuánto tiempo le llevó prepararlo, durante una entrevista con AFP en su casa-taller de París la víspera de su cumpleaños, el 17 de febrero.
En total fueron unos cinco años de trabajo con Donatien Grau, filólogo y amigo de Jodorowsky, con quien firma este colosal volumen, que se complementa con un libro más pequeño con frases e ideas del artista y las referencias de las imágenes.
Al azar
“Es arte que no tiene fin. Así que guárdalo y tenlo ahí y vívelo y no lo ordenes como del 1 al 100, sino del 1 al 1.000, del 1.000 al 4, del 4 al 70”, comenta este artista sin límites, proponiendo hojear el libro al azar, sin orden, puesto que no hay números de página.
Es como una “maleta”, añade. “Lo abres y salen cupones de viaje, accidentes, descubrimientos incesantes”.
“Hay que darse cuenta de que hay que buscar qué somos, qué es verdad”, comenta en otro momento de la entrevista junto a su esposa, la también artista Pascale Montandon.
En su apartamento parisino, las paredes están abarrotadas de libros, y muchos llevan su firma. Desde sus novelas y sus antologías poéticas, hasta sus ensayos sobre el tarot y la psicomagia, pasando por los cómics, entre ellos la saga “El Incal”, con el dibujante Moebius.
Precisamente Jodorowsky trabajó con este conocido ilustrador francés, junto con otros como el suizo Giger, a mediados de los años 1970 en la adaptación de la serie de libros “Dune”, de Frank Herbert. Este proyecto faraónico, en el que tenían que participar Salvador Dalí o Mick Jagger, nunca vio la luz por falta de dinero, pero su “storyboard” se convirtió en objeto de culto para los amantes de la ciencia ficción.
El tarot
Pese a su avanzada edad, se mantiene muy activo en las redes sociales. Con el apoyo de “una ayudante perfecta”, su esposa, cada domingo comparte con sus ocho millones de seguidores breves frases poéticas y filosóficas.
“Es una forma de acercarse a la gente permanentemente. También es una forma de acercarme a mí”, dice.
Tras la entrevista, este artista iconoclasta y provocador nato posa para una sesión de fotos. Su mirada brilla y su cuerpo, envejecido, empieza a gesticular y a jugar con la cámara, recordando al mimo que fue de joven.
Ante el fotógrafo, toma unas cartas gigantes de tarot y simula esconderse detrás de ellas.
“El tarot se disfraza de juego de naipes, pero es una forma de crear un elemento nuevo de estudio, el estudio de lo misterioso”, explica sobre este método de adivinación, una de sus pasiones.
Otro de sus grandes centros de interés es la psicomagia, una terapia alternativa que inventó él mismo para sanar a través del arte y el inconsciente. En un documental de 2019 mostraba esta técnica para curar a personas que sufren depresión, fueron víctimas de abusos sexuales o estaban en crisis con su pareja. “La psicomagia es el aceptar toda novedad en la búsqueda de la verdad” de cada uno, abunda Jodorowsky. “Uno anda buscando la verdad de la vida, hay que aceptarlo”.
Fuente: AFP.
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Annecy 2026: “La violinista” ganó el premio Cristal al Mejor largometraje
- Por David Sánchez, desde Annecy (Francia), X: @tegustamuchoelc (*).
El Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy 2026, en Francia, ha dado a conocer su palmarés el 27 de junio durante la ceremonia de clausura. La edición ha estado marcada por una de las decisiones más comentadas en el Cristal del largometraje y una distribución muy concentrada de premios entre Europa, Asia y Norteamérica, con presencia muy limitada de países iberoamericanos.
Cristales – Premios principales
“Trace écrite” (Paper Trail) – Don Hertzfeldt – Estados Unidos
Cristal del cortometraje
“La Violoniste” (The Violinist) – Ervin Han, Raúl García – Singapur / España / Italia
Cristal del largometraje
“La Grande Rêvasion” (The Great Dreamscape) – Rémi Durin – Bélgica / Francia
Cristal de producción televisiva
“Mal aimé” (Unloved) – Illogic Studios, Victor Caire, Lucas Navarro, Théophile Dufresne – Francia
Cristal de film por encargo
“Ball Face” – Laurence Thérier – Reino Unido
Cristal del film de fin de estudios
“A Long Goodbye” – Kate Voet, Victor Maes – Bélgica / Luxemburgo / Países Bajos
Mejor obra inmersiva
Premios del Jurado – TV y Encargos
“Takopi’s Original Sin” – Shinya Iino – Japón
Premio del jurado serie TV
“Song of the Storms” – Caroline Attia – Francia / Bélgica
Premio del jurado especial TV
“Eco Beat” – Eva Bienert, Max Mörtl – Austria / Alemania
Premio del Jurado film de encargo
Contrechamp – Largometrajes
“Blaise” – Dimitri Planchon, Jean-Paul Guigue – Francia
Grand Prix Contrechamp
“A New Dawn” (Une aube nouvelle) – Yoshitoshi Shinomiya – Japón / Francia
Premio del Jurado Contrechamp
“Iron Boy” (Le Corset) – Louis Clichy – Francia / Bélgica
Premio del Jurado largometraje
“Decorado” – Alberto Vázquez – España
Premio Paul Grimault
Uno de los dos únicos premios principales para un país iberoamericano en esta edición.
“Iron Boy” (Le Corset) – KMBO – Francia / Bélgica
Gan Foundation Award for Distribution
Cortometrajes
“Trace écrite” (Paper Trail) – Don Hertzfeldt – Estados Unidos
Cristal del cortometraje
“God Is Shy” (Dieu est timide) – Jocelyn Charles – Francia
Premio del Jurado
“My Bellyaching Skin” (Les Pelures d’estomac) – Etienne Bonnet – Francia
Premio Alexeïeff–Parker
“Core Dump” – Alona Rodeh – Alemania
Premio Off-Limits
“Please” – Anna Mantzaris – Suecia / Francia / República Checa / Noruega / Finlandia
Premio Primera Obra Jean-Luc Xiberras
Films de Fin de Estudios
“Ball Face” – Laurence Thérier – Reino Unido
Cristal del film de fin de estudios
“Gently” (Křehce) – Jamaica Kindlová – República Checa
Premio Lotte Reiniger
Dying Embers (Les Dernières Braises) – Léa Pulini – Francia
Premio del Jurado
Premios del Público
“Les Groos” – Bobby Prod – Francia
TV Audience Award
“God Is Shy” – Jocelyn Charles – Francia
Short Film Audience Award
“Iron Boy” (Le Corset) – Louis Clichy – Francia / Bélgica
Feature Audience Award
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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Luis Szarán: “La música tiene el poder de humanizar a los humanos”
- Jimmi Peralta
- Fotos: Cristóbal Núñez / Gentileza
El material audiovisual “Mborayhu porã: Luis Szarán” propone un recorrido íntimo por la historia de un hombre que convirtió la música en una herramienta de transformación social. El documental reconstruye el camino de quien, tras formarse en el exterior, eligió regresar al Paraguay para demostrar que el arte puede sembrar oportunidades, fortalecer comunidades y, sobre todo, humanizar a las personas.
“Mborayhu porã: Luis Szarán” es el nombre del documental producido por Maneglia-Schembori, dirigido por Armando Aquino y Alfredo Galeano. Se trata de un trabajo que presenta la vida de superación del reconocido músico, intelectual y gestor social Luis Szarán. El audiovisual cuenta con coproducción de la Presidencia de la República, la Oficina de la Primera Dama, la Secretaría Nacional de Cultura (SNC), Itaipú Binacional y el Ministerio de Tecnologías de la Información y Comunicación (Mitic).
“Cuando me plantearon hacer el documental, yo pensé en principio que iba a ser algo muy sencillo, buscar fotos de archivo, recortes de periódicos, fotos, relatos en general y había sido era más complicado. Primero hacer el guion en tres meses de trabajo, para luego filmar con los directores, eso nos llevó 9 meses”, comenta el maestro respecto a la producción en conversación con La Nación/Nación Media.
La pieza audiovisual aborda distintas facetas de su vida: la dirección orquestal, su momento de creación musical, la investigación histórica y los últimos 25 años como “emprendedor social”. “El objetivo no era mostrar medallas de condecoración y todas las vanidades del mundo del espectáculo, sino un ejemplo de lucha, de vida, de alguien, de una persona que de la nada surgió, se fue armando herramientas, que tuvo que emigrar de un lugar a otro para capacitarse, para lograr sus objetivos y en el momento culminante de una carrera decide devolver a la vida lo que la vida le dio, un poco la síntesis de mi trabajo”, explica Szarán.
UNA HISTORIA
Hijo menor de inmigrantes polacos, nació en Itapúa en 1953. Empezó con apenas 8 años sus estudios musicales maravillado por el sonido de la guitarra. Se trasladó a Asunción para estudiar con el maestro José Luis Miranda y con un poco más de 20 años ya obtuvo becas internacionales para perfeccionarse, primero en Argentina, después pasó por Brasil y luego dio el gran salto a Italia. No obstante, ese no fue un camino recto y sin obstáculos, aunque siempre contó con cómplices para lograr su sueño.
“Mi madre era ultrarracional. Nos impulsó a pisar tierra siempre, a cuidar los recursos, a trabajar desde chicos, hacerse un pequeño capital, hacerse un techo. Su preocupación era la solidez. Por eso un poco era la negativa de acompañar mis sueños de ser músico”, comenta.
“Mi hermana mayor fue la que fue cómplice, porque me veía con talento. Ella era educadora, una educadora muy importante y buscó la forma de que yo cumpliera mis sueños. Mis otras dos hermanas que siempre están son las del equipo de aplauso desde el comienzo y también mis asesoras para bajar los humos cuando hay que bajar y para no desanimarme en esta profesión, que es una lucha permanente contra la indiferencia, contra la falta de apoyo, son personas claves dentro de mi carrera”, agrega.
El maestro Miranda fue su mentor, otorgándole una beca de por vida al hijo de dos agricultores que apenas conocía. El padre fue violinista aficionado que dejó esa práctica cuando subió al barco huyendo de la Segunda Guerra Mundial. Su madre se resistió a que su pequeño tome una carrera incierta como la de músico, aunque se haya inspirado en Luis Alberto del Paraná para darle el nombre.
“Mi padre fue un músico aficionado nomás en Polonia. No era músico, viene de una familia de agricultores y tenía sí su grupo musical, que los fines de semana tocaban entre ellos. Dentro del proceso de mi formación, como músico estudié un año violín y después estudié violonchelo. Recuerdo una vez que tenía el violín, le puse en sus manos y temblando pudo sacar una melodía sin problemas y no había tocado por más de 50 años”, recuerda.
“Mborayhu porã: Luis Szarán” narra a través de sus palabras y de la voz de dos hermanas y sus hijos cómo es el maestro, qué relación tuvo con sus padres, qué legado y aprendizajes hereda a su descendencia.
COMPARTIR LA MAGIA
“Mi proceso con la música fue bastante natural. A mí me motivó de niño el sonido que salía de una guitarra, me parecía casi algo de magia, que algo que suena y que está en el aire, que es una belleza inaudita y que no podés tocar con las manos, no podés modificarla. Es un arte realmente mágico, porque en la literatura ves las palabras, en la pintura ves los cuadros, podés tocarlo físicamente”, explica.
Para el maestro Szarán, la música sigue siendo una magia extraordinaria que permite unir voluntades y talentos, eso vive regularmente como director de orquesta. Él celebra ese momento al que no podría llegarse tal vez a través de la palabra, sino solo a mediante el sonido, el instante de construir conexiones en las personas, algo propio de la música.
“La música tiene ese poder de apagar o encender las pasiones. Apagar digo en el sentido de hacer contención a momentos desagradables, a penurias. La gente que va a un concierto o a una sesión familiar de música en menos de 10 o 15 minutos experimenta ese milagro de que te limpia todo, es parte de la ceremonia de asistir a esos eventos. Y, por otro lado, en hacerte soñar y conectar con las personas”, sentencia.
EXPERIENCIA HUMANIZADORA
Ser no solo testigo, sino actor de esos momentos de magia lo llevaron a reflexionar sobre cómo podría compartir esa experiencia humanizadora con el resto de su pueblo. Y es así que luego de su formación en Europa regresa al país, primero comparte conocimiento musical, después documenta con registros la música popular, la música indígena, luego rescata archivos musicales de las comunidades jesuíticas de los siglos XVII y XVIII, de las misiones en Paraguay, para finalmente arrancar con un proyecto que le permite compartir el don de la música y abonar el tejido social alrededor de ella, Sonidos de la Tierra.
“Esa conexión yo ya la sentía cuando era adolescente, cuando con mi guitarra recorría y cantaba canciones en eventos de familiares, de amigos, donde sale una canción buena y a la gente le brillan los ojos y parece que se vuelve más buena, más sensible, más comprensiva, más humana. Y hoy día, con el trabajo masivo de la música que llevamos a cabo en los programas de orquestas juveniles, que sí produce un efecto social muy grande, de humanizar a los humanos, no solo a los participantes, sino a quienes acompañan. Eso es muy necesario, es una herramienta educativa hoy día fundamental para ir buscando crear las sociedades equilibradas emocionalmente, como necesitamos aquí en el Paraguay y en todo el mundo”, comenta.
VALORES Y BUENAS PRÁCTICAS CIUDADANAS
Sonidos de la Tierra nace en 2002 de la mano de Szarán para promover valores y buenas prácticas ciudadanas mediante escuelas comunitarias de música, algunas en zonas muy vulnerables, poniendo lo social y lo humano como norte y la música como medio. Con ese mismo marco creó la Orquesta H2O Sonidos del Agua, promoviendo un mensaje ambiental y comunitario.
“Mborayhu porã: Luis Szarán” habla de la vida de un profesional de la música, pero lo presenta en un tono profundamente humanista y esperanzador. Szarán, quien decidió en un momento volver a Paraguay a pesar del contexto cuesta arriba que supone encarar una carrera artística de manera profesional en el país, cuenta aquí su historia poniendo lo social en el centro y reivindicando la mágica de la música como catalizador de un cambio estructural en la sociedad.
Lejos de limitarse a una biografía de logros y reconocimientos, el filme retrata una convicción que ha guiado toda una vida: la música no es un fin en sí mismo, sino un puente hacia una sociedad más sensible, solidaria y esperanzada. En tiempos marcados por la fragmentación y la indiferencia, el documental invita a redescubrir el inmenso poder del arte para transformar vidas y recuerda que las melodías más perdurables son aquellas que logran resonar en la condición humana.
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Recuerdos de un mitã’i churi
- Fotos: Gentileza
El artista José Quevedo ofrece un viaje a la nostalgia de la niñez transportando a una época en la que juegos manuales simples y económicos representaban la felicidad en estado puro. Utilizando como soporte bandejas industriales en desuso, el artista realiza un ejercicio de memoria y guía a través de un recorrido por la resiliencia del material oxidado.
Recorrer la muestra remite a tiempos mucho más sencillos en los que las pantallas aún no habían causado en las jóvenes generaciones los estragos de la actualidad. La serie “Tiempo” rescata historias, juegos infantiles y tiene como soporte bandejas industriales en desuso, algunas con más de 40 años de oxidación natural por el paso del tiempo. La serie nació para conmemorar los 60 años del Programa de Estudiantes-Convenio de Graduación (PEC-G) de Brasil, un histórico lazo académico y cultural que une fuertemente a Brasil y Paraguay.
“La muestra fue parte de los festejos oficiales de las seis décadas del convenio universitario. En dicho evento, además de actos protocolares, se realizaron shows artísticos musicales, proyecciones audiovisuales y esta muestra de arte visual entrelazando memorias, historias, las raíces y la cultura de ambas naciones”, explica el artista.
Sobre la temática de la muestra, Quevedo indica que “tal como el nombre lo menciona, ‘Tiempo’ en general se trata de obras que crean viajes a épocas pasadas recordando y despertando ‘saudades’. Rememorar la infancia con vivencias que son muy similares. Se trata de juegos de niños comunes tanto en Paraguay como Brasil que funcionan como un espejo que resalta la hermandad cultural entre ambos países”, añade.
CONCEPTO TÉCNICO
Las obras de la muestra –que fueron exhibidas en la Galería Lívio Abramo del Centro Cultural de la Embajada de Brasil– combinan pinturas y esgrafiados en metal reciclado (bandejas industriales con más de 40 años de desuso).
En la muestra se incluyó una ambientación musical con canciones paraguayas y brasileñas alusivas a estos juegos. El visitante recorría la galería teniendo de fondo canciones como “Che trompo arasa”, de Herminio Giménez y Eduardo Rayo; “Aquarela”, de Toquinho, y “Mi barquito de esquelita”, de Gregorio Pérez Burgos, creando un clima especial conjugando sonidos con las texturas, los colores y los recuerdos detrás de cada obra, que con trazos simples despiertan emociones y recuerdos que reviven al mitã’i akãhatã y al guri sapeca de antaño.
SOBRE EL ARTISTA
José Asunción Quevedo Allende es artista visual, fotógrafo y promotor cultural oriundo de la ciudad de Pedro Juan Caballero, departamento de Amambay. Es reconocido por su labor en el rescate de las tradiciones del norte de Paraguay y por ser un activo defensor de la identidad cultural nacional.
Es egresado de la carrera de Comunicación Social en la Universidad Católica de Río Grande del Sur, Brasil, obteniendo las licenciaturas en Periodismo y Marketing. Cuenta con un diplomado en Responsabilidad Social y Sostenibilidad (Universidad Columbia). Se desempeña activamente en la pintura, esgrafiados en metal, murales, fotografías, instalaciones y collages.
PINTURAS Y ESGRAFIADOS SOBRE METAL
Gloria Valle Ocampos
La serie “Tiempo” es una inmersión que celebra la imaginación con un diálogo profundo entre la fragilidad del trazo, que mediante el esgrafiado (Sgraffito), la línea interactúa con la dureza del soporte, raspando enérgicamente capas del pasado para dar formas a barquitos de papel, trompos y pandorgas de aquellas épocas de mitã’i churi kasõ mboka’i.
Esta iconografía lúdica, ágil, contrasta con el origen industrial de las bandejas abandonadas, invitando al espectador a un ejercicio de introspección sobre la resiliencia y el reciclaje creativo.
El metal oxidado gana nueva vida. El soporte ya no se pertenece, ahora está cargado de historias ocultas. Fueron bandejas de metal industrial, desechadas y olvidadas por más de 40 años. La acción del tiempo y el abandono han dotado a estas piezas de una oxidación natural que actúa como una pátina, el artista no solo dibuja, sino que también interactúa mágicamente con el tiempo, recuperando partes del primer estado del metal.
La exposición se transforma en un ejercicio de meditación sobre el pasado, la nostalgia, la reconstrucción y el potencial de la resiliencia gracias a los poderes infinitos del arte, demostrando que transforma la contaminación en belleza y la historia olvidada en una nueva.
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“Nobody”: el fenómeno chino que rompe el 2D en Annecy
- Por David Sánchez, desde Toulouse (Francia), X: @tegustamuchoelc (*).
La animación china llega este año al Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy con uno de los títulos más importantes de su historia reciente. “Nobody”, dirigida por Yu Shui, no solo competirá en la sección oficial del certamen francés, sino que lo hace respaldada por un logro excepcional: convertirse en la película de animación china en 2D más taquillera de todos los tiempos.
El éxito de “Nobody” marca un punto de inflexión para la industria de animación del país. Durante años, las producciones en 2D parecían haber alcanzado un límite comercial difícil de superar frente al auge de la animación digital. Sin embargo, la película rompió esa barrera. «Esta vez duplicamos aproximadamente el récord anterior», explica su director. Para él, el fenómeno no se explica por la técnica empleada, sino por la identificación del público con la historia: «No creo que el éxito se deba a que sea animación 2D; se debe a que conectó con la audiencia. Es una historia que habla de ellos».
La película tiene sus raíces en uno de los episodios más celebrados de la antología Yao-Chinese Folktales, aunque el equipo creativo optó por una solución poco habitual cuando decidió convertirla en largometraje. En lugar de ampliar el relato original, reescribió completamente la historia para construir una nueva aventura.
Uno de los aspectos más originales de “Nobody” es su mirada sobre el universo clásico de Journey to the West. Mientras la mayoría de las adaptaciones se concentran en figuras heroicas como Sun Wukong, Yu Shui decidió observar ese mundo desde la perspectiva de personajes secundarios y anónimos.
«La inmensa mayoría de las personas son corrientes, incluyéndome a mí mismo», afirma el director. «Contar la historia de Journey to the West desde el punto de vista de un pequeño yao sin nombre era algo nuevo». Esa elección convierte la película en una reivindicación de los personajes invisibles y de las experiencias cotidianas, un enfoque que ha conectado especialmente con las nuevas generaciones de espectadores chinos.
Visualmente, “Nobody” también representa una declaración de intenciones. Frente a la espectacularidad digital dominante, apuesta por una estética artesanal donde los personajes presentan diseños extremadamente simples, mientras que los fondos despliegan una riqueza visual extraordinaria inspirada en la pintura tradicional china.
El equipo artístico desarrolló herramientas digitales específicas para trasladar técnicas de tinta y pincel al entorno informático, combinando la tradición pictórica china con influencias occidentales. El resultado es un universo visual donde montañas, nubes, árboles y lluvias adquieren una presencia casi protagonista.
La película dialoga además con referencias culturales muy diversas. Aunque está profundamente arraigada en la mitología china, incorpora influencias reconocibles para espectadores de todo el mundo. Yu Shui reconoce la importancia que tuvieron en su formación obras internacionales como Dragon Ball, pero considera que ambas tradiciones son perfectamente compatibles.
«No creo que las dos cosas entren en conflicto», señala. «A medida que creces, el poder de la cultura tradicional china se va revelando poco a poco».
Bajo su apariencia fantástica, “Nobody” es también una reflexión sobre las dificultades de la vida contemporánea. El director define su propuesta con una expresión propia: «Yo mismo acuñé un término: realismo mitológico». En la película, criaturas fantásticas enfrentan preocupaciones muy humanas: ansiedad, incertidumbre laboral, frustraciones cotidianas y la necesidad de encontrar un lugar en el mundo.
Esa combinación de fantasía y realidad constituye una de las razones por las que la obra ha sido interpretada como un reflejo del momento que atraviesa la sociedad china actual. La película demuestra que las historias inspiradas en la tradición pueden seguir siendo relevantes cuando hablan de problemas contemporáneos.
El éxito de “Nobody” también confirma la madurez que está alcanzando la animación china. Según Yu Shui, ha comenzado a emerger una generación de autores capaz de desarrollar una identidad propia, alejada tanto de los modelos estadounidenses como de los japoneses.
«Han encontrado un camino creativo diferente al de la animación estadounidense y japonesa», asegura. «Y ha surgido un grupo de directores con características muy distintivas».
Ahora, tras conquistar al público chino, la película afronta su prueba internacional más importante. La selección en Annecy supone para el director la realización de una aspiración largamente perseguida.
«Siempre soñé con que algún día una de mis obras fuera seleccionada en Annecy, y ahora ese sueño se ha hecho realidad», afirma. Más allá del reconocimiento profesional, considera que la presencia de “Nobody” en el festival demuestra que la película puede trascender fronteras culturales: «No es solo una obra para espectadores chinos, sino una película que puede ser vista y apreciada por personas de otros contextos culturales».
La pregunta que Annecy ayudará a responder es si las emociones que convirtieron a “Nobody” en un fenómeno nacional pueden encontrar eco también en el resto del mundo. Yu Shui está convencido de que sí. «Creo que la humanidad enfrenta los mismos dilemas y que nuestra búsqueda de la justicia, la bondad, la verdad y la paz es universal».
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.