El guitarrista y compositor Favio Rodríguez lanza su nueva canción, titulada “Una razón tendrá el amor”, como el primer adelanto de su próximo álbum. La obra aborda ese momento de tensión en el que dos personas se aman, pero intuyen que la relación no podrá sostenerse. La canción explora el conflicto entre razón y sentimiento, y la pregunta inevitable: ¿qué tenía preparado el amor para ellos?
Formado en la National Taiwan University of Arts (Taiwán) y en la Birmingham City University (Reino Unido), Rodríguez ha desarrollado una sólida trayectoria en la guitarra clásica y de cámara. Es integrante del MbarakaTrio, con el que realiza giras nacionales e internacionales difundiendo música de la región.
Paralelamente a su actividad como intérprete, desarrolla una línea autoral que amplía su universo musical hacia el formato canción. En 2017 había publicado su disco “Homenaje a Roland Dywnes”, compuesto con ocho canciones. Mientras que en el 2025 colaboró con Joel Gutiérrez en su tema “Mi lugar”, junto con Angie Sanz. “Una razón tendrá el amor” ya se encuentra disponible en todas las plataformas digitales.
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La voz de “Y.M.C.A.”: muere Victor Willis, líder de Village People
Victor Willis, líder del grupo disco Village People, cuyo éxito “Y.M.C.A.” se convirtió en un clásico en los mitines del presidente estadounidense Donald Trump, ha muerto a los 74 años, anunció el miércoles su esposa. El músico nacido en Texas cofundó Village People y coescribió éxitos como “Y.M.C.A.”, “In the Navy” y “Macho Man”, que arrasaron en las pistas de baile de todo el mundo a finales de los años 1970.
“Con profunda tristeza debo anunciar el fallecimiento de mi esposo, VICTOR WILLIS. Victor murió el martes 30 de junio de 2026 como consecuencia de una enfermedad breve, pero agresiva”, informó su esposa en Facebook. Trump no tardó en reaccionar: “Era un tipo fantástico y alegre que adoraba que yo usara la canción de su grupo”, dijo en Truth Social.
“Pensaremos en Victor cada vez que se ponga Y.M.C.A, como hoy, y durante toda esta semana de aniversario del Cuatro de Julio”, añadió Trump, en referencia a los 250 años de la independencia de Estados Unidos, que se celebra este fin de semana. Village People comenzó en 1977 cuando Willis aceptó una invitación de los productores franceses Jacques Morali y Henri Belolo.
Con sus extravagantes vestuarios y coreografías, se volvió un fenómeno de la cultura pop con sus integrantes vestidos de obreros de la construcción, motociclistas, vaqueros y soldados. Willis solía aparecer en el escenario vestido con un uniforme de policía. Durante mucho tiempo se asumió que el nombre Village People hacía referencia al Greenwich Village, en Nueva York, el centro de la escena gay de la ciudad en la década de 1970.
Willis dejó temporalmente el grupo en 1980 mientras enfrentaba problemas de drogadicción. En 2006 se declaró culpable de posesión de cocaína ante un tribunal de San Francisco. En 2017 se reincorporó a Village People tras ganar una demanda de derechos de autor, que le permitió recuperar la copropiedad de algunos de los mayores éxitos de la banda.
Himno adoptado por Trump
“Y.M.C.A.”, abreviatura de “Young Men’s Christian Association” (Asociación Cristiana de Jóvenes) fue incorporada en 2020 al Registro Nacional de Grabaciones por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, así como al Salón de la Fama de los Grammy. Lanzada en 1978, la canción tuvo una inesperada segunda vida al ser adoptada por Trump, con la aprobación del grupo, en una decisión que, para muchos, desvirtuó su significado original.
“Y.M.C.A.” terminó asociándose a la victoria del candidato republicano para su segundo mandato. Trump incluso desarrolló su propio baile característico para acompañar la canción: un rígido balanceo de caderas y golpes de puño a la altura de la cintura. Compuesta por Willis junto con Morali y Belolo, “YMCA” fue concebida originalmente como un himno de la comunidad homosexual masculina, un mensaje que contrasta con las posiciones conservadoras de Trump.
Pero Willis insistió en reiteradas ocasiones que “YMCA” no es un himno gay y en 2024 anunció que demandaría a cualquiera que le atribuyera ese significado. La banda interpretó “Y.M.C.A.” en un mitin de Trump en enero de 2025, antes de que el republicano fuera investido para su segundo mandato, lo que le valió muchas críticas.
Willis dijo en esa ocasión: “Démosle una oportunidad al presidente Trump, independientemente de lo que hayan pensado de él en el pasado. Veamos qué hace en el futuro y, si toma medidas para restringir los derechos de las personas LGBTQ, Village People será el primero en alzar la voz”. “Village People actuará tanto para demócratas como para republicanos. No somos un grupo político”, aseguró.
Fuente: AFP.
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Presentación de “Ndaipóri Frontera Tour - Europa 2026”
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Annecy 2026: “La violinista” ganó el premio Cristal al Mejor largometraje
- Por David Sánchez, desde Annecy (Francia), X: @tegustamuchoelc (*).
El Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy 2026, en Francia, ha dado a conocer su palmarés el 27 de junio durante la ceremonia de clausura. La edición ha estado marcada por una de las decisiones más comentadas en el Cristal del largometraje y una distribución muy concentrada de premios entre Europa, Asia y Norteamérica, con presencia muy limitada de países iberoamericanos.
Cristales – Premios principales
“Trace écrite” (Paper Trail) – Don Hertzfeldt – Estados Unidos
Cristal del cortometraje
“La Violoniste” (The Violinist) – Ervin Han, Raúl García – Singapur / España / Italia
Cristal del largometraje
“La Grande Rêvasion” (The Great Dreamscape) – Rémi Durin – Bélgica / Francia
Cristal de producción televisiva
“Mal aimé” (Unloved) – Illogic Studios, Victor Caire, Lucas Navarro, Théophile Dufresne – Francia
Cristal de film por encargo
“Ball Face” – Laurence Thérier – Reino Unido
Cristal del film de fin de estudios
“A Long Goodbye” – Kate Voet, Victor Maes – Bélgica / Luxemburgo / Países Bajos
Mejor obra inmersiva
Premios del Jurado – TV y Encargos
“Takopi’s Original Sin” – Shinya Iino – Japón
Premio del jurado serie TV
“Song of the Storms” – Caroline Attia – Francia / Bélgica
Premio del jurado especial TV
“Eco Beat” – Eva Bienert, Max Mörtl – Austria / Alemania
Premio del Jurado film de encargo
Contrechamp – Largometrajes
“Blaise” – Dimitri Planchon, Jean-Paul Guigue – Francia
Grand Prix Contrechamp
“A New Dawn” (Une aube nouvelle) – Yoshitoshi Shinomiya – Japón / Francia
Premio del Jurado Contrechamp
“Iron Boy” (Le Corset) – Louis Clichy – Francia / Bélgica
Premio del Jurado largometraje
“Decorado” – Alberto Vázquez – España
Premio Paul Grimault
Uno de los dos únicos premios principales para un país iberoamericano en esta edición.
“Iron Boy” (Le Corset) – KMBO – Francia / Bélgica
Gan Foundation Award for Distribution
Cortometrajes
“Trace écrite” (Paper Trail) – Don Hertzfeldt – Estados Unidos
Cristal del cortometraje
“God Is Shy” (Dieu est timide) – Jocelyn Charles – Francia
Premio del Jurado
“My Bellyaching Skin” (Les Pelures d’estomac) – Etienne Bonnet – Francia
Premio Alexeïeff–Parker
“Core Dump” – Alona Rodeh – Alemania
Premio Off-Limits
“Please” – Anna Mantzaris – Suecia / Francia / República Checa / Noruega / Finlandia
Premio Primera Obra Jean-Luc Xiberras
Films de Fin de Estudios
“Ball Face” – Laurence Thérier – Reino Unido
Cristal del film de fin de estudios
“Gently” (Křehce) – Jamaica Kindlová – República Checa
Premio Lotte Reiniger
Dying Embers (Les Dernières Braises) – Léa Pulini – Francia
Premio del Jurado
Premios del Público
“Les Groos” – Bobby Prod – Francia
TV Audience Award
“God Is Shy” – Jocelyn Charles – Francia
Short Film Audience Award
“Iron Boy” (Le Corset) – Louis Clichy – Francia / Bélgica
Feature Audience Award
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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El bus n.° 26 rumbo a Paraguay
- Paulo César López
- paulo.lopez@nacionmedia.com
- Fotos: Gentileza
El libro “The number 26 bus to Paraguay”, del guitarrista británico Richard Durrant, explora la extraordinaria capacidad de la música para derribar fronteras y convertir a Paraguay en una patria espiritual construida desde la imaginación, la memoria y las cuerdas de una guitarra.
Hay viajes que comienzan mucho antes de que el viajero haga las maletas. Empiezan en una melodía escuchada en la infancia, en una fotografía apenas entrevista, en una intuición que permanece dormida durante años hasta encontrar el momento de revelarse.
Para el guitarrista británico Richard Durrant, Paraguay fue durante décadas una geografía invisible construida a partir de las cuerdas de una guitarra.
Mucho antes de conocer Asunción, San Bernardino o Caazapá, el músico ya había recorrido el país en la imaginación, guiado por la música de Agustín Barrios y por aquellas viejas grabaciones de Los Paraguayos que sonaban en la estrecha casa familiar de Brighton.
El título “The number 26 bus to Paraguay” posee precisamente esa rara cualidad poética de las imágenes sencillas que contienen una vida entera. El autobús número 26 no conducía realmente a Sudamérica: llevaba a un niño inglés desde las afueras de Brighton hasta sus clases de guitarra en Waterloo Street.
Sin embargo, mientras observaba por la ventanilla el paso de las estaciones y escuchaba a Alirio Díaz interpretar a Barrios, el trayecto cotidiano comenzó a transformarse en una travesía espiritual. Cada viaje en aquel ómnibus acercaba al joven Durrant a un territorio remoto y casi mítico llamado Paraguay.
La historia resulta fascinante porque revela el extraño poder de la música para abolir distancias. Un compositor paraguayo nacido en San Juan Bautista, Misiones, a fines del siglo XIX lograba conmover a un muchacho inglés varias décadas después y al otro lado del océano.
En esa cadena invisible de resonancias culturales se encuentra quizás el verdadero milagro del arte: la posibilidad de que un sonido nacido en una pequeña nación mediterránea encuentre refugio en la sensibilidad de alguien que jamás había pisado esta tierra.
ENCUENTRO
Cuando finalmente Durrant llegó al Paraguay en 2011, descubrió que la realidad podía ser incluso más intensa que la fantasía acumulada durante años. El encuentro con músicos como Felipe Sosa, Juan Adolfo Duarte, Kike Pedersen y la redescubierta obra de Quirino Báez Allende amplió su universo musical y afectivo.
Ya no se trataba solamente de perseguir el fantasma de Barrios, sino de comprender que aquella tradición seguía viva, respirando en nuevos creadores capaces de dialogar con el legado mangoreano sin convertirse en simples imitadores.
Particularmente revelador resulta el episodio de su encuentro con Juan Adolfo Duarte en la casa de Felipe Sosa. La escena posee algo de aparición literaria: una habitación oscura, una figura misteriosa sosteniendo la guitarra y una música –“Panambi raity”– que altera para siempre la sensibilidad del oyente.
Durrant describe aquella experiencia como una transformación íntima, casi mística. Y acaso toda gran música opere de esa manera: no como un entretenimiento pasajero, sino como un acontecimiento capaz de modificar la percepción del mundo.
REIVINDICACIÓN EMOCIONAL
La trilogía paraguaya de Durrant –“The number 26 bus to Paraguay”, “Hijo de hombre” y “The girl at the airport”– constituye mucho más que un ejercicio de admiración extranjera hacia la música nacional. Es, en cierto modo, una reivindicación emocional del Paraguay profundo; un intento de demostrar que la obra de Barrios y de tantos otros compositores paraguayos posee una universalidad que trasciende idiomas, fronteras y contextos históricos.
Mientras gran parte del mundo cultural latinoamericano continúa mirando obsesivamente hacia los grandes centros de legitimación europea o norteamericana, resulta paradójico que sea precisamente un músico británico quien recuerde a los paraguayos el valor extraordinario de su propia tradición guitarrística.
Hay además una dimensión entrañablemente humana en la figura de Durrant. Sus relatos mezclan humor, melancolía y asombro con una naturalidad desprovista de solemnidad académica.
Puede pasar de hablar de armonías complejas a narrar cómo bajó en plena madrugada al bar del Hotel del Lago esperando encontrarse con el espíritu de Barrios.
La anécdota podría parecer extravagante si no estuviera atravesada por una emoción genuina: la necesidad de dialogar con aquel artista cuya música acompañó toda su vida.
Tal vez por eso sus interpretaciones producen una impresión tan intensa. Durrant no toca las obras paraguayas como piezas de museo ni como meros ejercicios técnicos. Las toca como quien vuelve a una patria afectiva.
En sus manos, las piezas de Barrios y otros compositores paraguayos dejan de ser partituras para convertirse en recuerdos vívidos, en paisajes interiores, en conversaciones íntimas sostenidas a través del tiempo.
Al final, el bus número 26 nunca dejó de avanzar. Sigue atravesando Brighton, las rutas del Reino Unido y los caminos del Paraguay imaginario que Richard Durrant construyó desde niño entre discos, sueños y guitarras.