• Toni Roberto
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  • Foto: Archivo

Toni Roberto la evoca siempre con lágrimas en los ojos y a ella dedica hoy su espacio con mucho afecto. El próximo jueves 27 se cumplirán dos años de la partida de una mujer que fue clave en la vida del creador de “Cuadernos de barrio”, una figura que siempre acompañó sus ideas y que también dejó recuerdos imborrables en todos los que la conocimos y tuvimos el privilegio de trabajar con ella. Editora y coordinadora de El Gran Diario de los Domingos por muchos años, Marycruz Najle, la de la voz ronca y radiantes ojos de color ámbar, dejaba siempre una estela de genialidad y alegría a su paso por la Redacción, deleitándonos con sus anécdotas infinitas. Tantas cosas que contar de ella. Se la extraña.

Es de noche y mi editora Gloria Ocampos me escribe: “No nos olvidemos de nuestra Marycruz”, al mismo tiempo, en el auto suena “A la huella, a la huella”, del maestro Ariel Ramírez y Félix Luna del compendio “Misa criolla”. Acto seguido, me sigue diciendo: “El 27 se cumplen dos años de su partida”.

MARÍA ISABEL DE LA CRUZ NAJLE DE ALE

Para los que tuvimos la suerte de conocerla a María Isabel de la Cruz Najle de Ale, Marycruz para muchos, la Turca para otros, aquella mujer con tonito cordobés, reflexiva, callada, que había llegado, jovencita, entre finales de los 70 y principios de los 80 de Gral. Cabrera (Córdoba, Argentina) hasta Asunción y que pronto fuera incorporada al viejo Diario Hoy. Periodista, escritora, editora, pensadora, refinada humorista en aquellas inolvidables siestas radiales de “Ni diosas ni panteras” con su inseparable Lita, su hermana paraguaya, como también lo fueron otras como Clotilde y Milia.

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LOS PASILLOS, SU MÁQUINA DE ESCRIBIR Y EL RADEX

Como todas las tardecitas-noche me bajo, subo las escaleras y camino por los pasillos del cincuentenario edificio, ese que había diseñado Curt Tippach “a piacere” de Humberto Domínguez en 1973, y se escuchan los recuerdos de un pasado glorioso de la Redacción del diario que ella me contaba, entre su vieja máquina de escribir portátil, el radex, un elemento para borrar errores (para que conozcan los millennials), su escritorio para escuchar problemas “tan humanos de los humanos”, porque también fue psicóloga clínica empírica, de las buenas y de fondo, la voz de un Maneco o un Romero Valdovinos que resuenan en las paredes.

LOS LUNES A LAS 8 EN PUNTO

Mientras sigo escribiendo, escucho en algún rincón de mi cerebro, atendido por Rosemary Gómez y el neurólogo Joel Sanabria, la canción de Ariel Ramírez que me pone más nostálgico, melancólico y allá, en el fondo del coro, la sigo viendo, la sigo escuchando en silencio, cada lunes de mañana a las 8 en punto, cuando nos preguntábamos: “¿Qué inventamos para el diario del próximo domingo?” Y sé que me va a seguir respondiendo, sin palabras, hasta el final, hasta el último día que escriba en esta misma página en la que publico “Cuadernos de barrio”, versión escrita, desde hace casi siete años.

Nada más puedo decir solo seguir cantando “A la huella, huella”, esa canción tan argentina como era ella y su amor a Boca, en este preludio de Navidad y en el recuerdo de Marycruz y su partida un 27 de noviembre, hace ya dos años.

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