- Por Toni Roberto
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Este domingo, en la segunda entrega de “Amores de un palacio”, Toni Roberto recuerda la memorable cruzada emprendida por unos jóvenes estudiantes de arquitectura para evitar la desaparición del histórico Palacio Benigno López, hoy sede de la Cancillería Nacional.
“Creo que más que un amor, el de Rafaela López y Acevedo Pedra fue una pasión fulminante”, escribe Lita Pérez Cáceres, después de la publicación de la primera parte de “Amores de un palacio”. Sí, es cierto. Pero volvamos al tiempo en que el palacio se convirtió en 1875 en hotel Hispano-Americano, del cual hablaba en un artículo hace varios años en estas mismas páginas “El comedor y café del hotel Hispano-Americano” (La Nación, Asunción 2019). Emprendimiento de los hermanos Grau, luego convertido en hotel Colonial.
El edificio fue vendido en 1893 al acaudalado empresario catalán Pedro Jorba. Recién en 1969 los herederos de Jorba venden el inmueble al Banco de Asunción, representados por el legendario ingeniero José Marcos y Eladio “Llollo” Loizaga Caballero.
AQUELLA PROMO DE ARQUITECTURA
Pero el punto central de hoy es el movimiento que armó la promoción 1973 de la Facultad de Arquitectura cuando era una época que no estaba en el tapete la protección al patrimonio histórico. Los protagonistas principales: Julio Mendoza Yampey, Manuel Rivarola y sus compañeros.
Increíblemente, en el año 1972 ya estaba echada la suerte de este monumento arquitectónico, un gran cartel en la esquina de Palma y 14 de Mayo mostraba el proyecto del moderno edificio que se construiría para el Banco de Asunción, firmado por el arquitecto Eulalio Campos Cervera.
DE LA TRIBUNA AL SALVATAJE
En aquel año, Manuel Rivarola y Julio Mendoza Yampey, asesorados por el recordado Christian Nielsen, publicaban todos los domingos en La Tribuna, en la página central, un artículo que se llamaba “A dónde va el Gran Asunción”, basado en los trabajos de los alumnos sobre varios temas del casco histórico, donde ellos hacían una recopilación y síntesis de dichas propuestas, entre esas, una del Palacio Benigno López que estaba por ser demolido, con una gran foto de su arquitectura.
Si bien ellos, en esa época, no tenían un sentido de conservación de patrimonio, sintieron que no se debía demoler aquello por sentimiento y por pasar por ahí parte de la historia del Paraguay.
DE PELÍCULA
Como si fuera el guion para una película, aquella publicación de unos alumnos de los últimos años de Arquitectura de la vieja Universidad Nacional de Asunción tuvo un gran impacto en la opinión pública y en las autoridades municipales, cancelándose el proyecto de Campos Cervera. A partir de ahí, se hizo un nuevo estudio proponiendo mantener el antiguo palacio, construyéndose un edificio en altura en el fondo, en el límite sur de la propiedad, proyecto de los arquitectos Lima, Crosa, “Huevo” Benítez y Carlos Cabo de Vila.
LA CARTA DE LA ACADEMIA A LOS JÓVENES ALUMNOS
Como si todo fuera poco, a raíz de todo eso, la misma Academia Paraguaya de la Historia les envió una carta de agradecimiento, de elogios, al equipo de alumnos. Además, fueron convocados por Juan Bautista Gill Aguinaga y Carlos Pusineri Scala a hacer un recorrido por el casco histórico de la ciudad de Asunción, desde la particular casa de Gill Aguinaga sobre la calle O’ Leary hasta Punta Carapá. Se constituía, tal vez, en la primera caminata patrimonial histórica por el centro de Asunción, acompañados por estos intrépidos jóvenes de la época que fueron los artífices del salvataje de uno de los pocos palacios asuncenos llenos de historia.
HOMENAJE A ÓSCAR CENTURIÓN
En el año 2003, el edificio fue comprado por el gobierno de la República de China (Taiwán) donándolo a la República del Paraguay, siendo canciller Leila Rachid Lichi y presidente Nicanor Duarte Frutos. Se hizo un acondicionamiento para la sede de la Cancillería Nacional, donde tuvo un papel protagónico Óscar Centurión Frontanilla, quien falleciera hace un año y al cual también rendimos homenaje, recordándole como parte del proceso de este atribulado palacio, de amores, bancos y arquitecturas, desde la compra de los terrenos en el siglo XIX hasta hoy, siendo un ejemplo para la memoria de las próximas generaciones.

