Diego Serafini habló con La Nación del Finde respecto de la banda, la fórmula creativa para el flamante disco y del sello sonoro del proyecto que lidera.
- Por Jimmi Peralta
- Fotos: Gentileza
La agrupación paraguaya de rock Gaia presentó hace algunas semanas su más reciente material fonográfico. Se trata de “Dopamina”, el séptimo álbum del proyecto que cuenta con nueve canciones, entre las que se destacan los cortes de promoción “Ella baila”, “El salto”, “Dopamina” y “Ella es”. El material, producido por Diego Serafini en su estudio Supernova, explora la sonoridad orgánica en la sinergia de la interpretación, al ser registrado el core del disco de manera simultánea.
Con 25 años de trayectoria, la banda apuesta en su desarrollo a través del compromiso que le pone a su propia propuesta, su sonido y temática. “Dopamina” es un disco en donde el ritmo ocupa un papel importante y es producto del trabajo de la banda y la participación de amigos músicos como Paolo Serafini, Sebastián Elizeche y Abril Casco.
La formación está compuesta actualmente por Tito Bustamante (batería), Javier Ramos (guitarra y voz), Fernando Samaniego (guitarra), Jorge Chamorro (bajo) y Diego Serafini (guitarra y voz), quien habló con La Nación del Finde sobre el proyecto y el flamante disco.
TRAYECTORIA
–¿Qué buscabas al empezar Gaia? ¿Qué encontraste y cómo respondiste a eso? ¿Qué buscás ahora en el proyecto o mediante él?
–Cuando empezamos, yo creo que todos estábamos más que nada buscando una forma de sacar la música que nos salía en ese entonces, con todo el ímpetu de la juventud y, sobre todo, sin dudar de que en este país era posible lograr algo como artistas. Hoy en día, con Gaia siento que “no tenemos nada que probarle a nadie” y por lo tanto el arte que hacemos es mucho más “despreocupado”, por decir de alguna forma. Lo que sí buscamos es dejar una huella en la historia de la música en nuestro país.
–¿Podrías citarnos y comentarnos tres momentos claves de la banda en estos años?
–Voy a ir de adelante para atrás… El primero sería, justamente, la salida de nuestro séptimo álbum, “Dopamina”, que nos permitió hacer una suerte de renovación de compromisos con la banda y darnos cuenta de que aún sigue valiendo la pena hacer música como Gaia. El segundo momento podría ser el video de nuestra canción “Adicto” que, a pesar de salir casi 3 años después del álbum que incluía ese tema, nos catapultó de una manera que no esperábamos en ese momento. El tercero debe ser indefectiblemente haber abierto el Pilsen Rock 3, un show que fue histórico y que también nos hizo ver cómo estábamos como banda para el público… toda esa gente coreando nuestras canciones. En esa época, no teníamos forma de medir el impacto real de lo que estábamos haciendo…
–¿Qué cosas cambiaron en la banda, sea por miradas personales, por integrantes o propósitos?
–Además de los integrantes, que a esta altura ya fueron bastantes los que fueron rotando, una de las cosas que cambió hace un tiempo fue la dinámica del trabajo de la banda, y no precisamente el musical, sino el “administrativo”, ya que llega un momento en que es muy difícil que todo eso recaiga en una o dos personas. Entonces, eso le da a la banda más responsabilidad compartida y mejor entendimiento de cómo funcionan ciertas cosas. También la visión en cuanto a “cuál va a ser la música que vamos a hacer en el siguiente material” va cambiando constantemente, porque eso hace eliminar la monotonía y nos hace desafiarnos a nosotros mismos para no repetirnos.
EL ÁLBUM
–¿Cuál es la intención, concepto, búsqueda o necesidad que lleva al surgimiento de este álbum?
–Este álbum empezó a gestarse en la pandemia, pero en ese entonces tuvimos el último cambio de integrantes que sufrimos, y eso paró todo. Veníamos arrastrando ese trabajo. Menciono esto porque fue el disparador en cierta forma de que sacar el álbum sea una necesidad imperiosa que teníamos que concretar inmediatamente. Eso le dio inmediatez, crudeza y espontaneidad. También por eso en un momento decidimos hacerlo todo nosotros, sin depender de nadie, además de grabarlo en vivo. Es decir, toda la parte instrumental se hizo con los 4 instrumentos tocando al mismo tiempo en el estudio, incluso hay errores que quedaron en las tomas elegidas.
En cuanto al título del álbum, fue la última canción a la que le pusimos letra, y ahí hizo “click”, porque es un concepto muy de lo que estamos pasando hoy en día como seres humanos… todo inmediato, y luego a lo siguiente, sin disfrutar del presente, todo muy vertiginoso, como una droga.
–Se puede decir que en “Dopamina” hay algo de crítica social. ¿Qué preocupaciones despiertan ese tipo de contenido en las letras?
–La crítica social siempre es algo que nos inspira, tal vez no escribiendo literalmente, pero sí desde una posición de expresar lo que sentimos respecto a las problemáticas que nos rodean hoy en día, sean relacionadas con experiencias más personales, o hechos que vivimos no tan de cerca, pero que son realidades de las que nos pareció pertinente hablar en las canciones.
DE TIPS Y YEITES
–¿Cuál es tu relación con los tips y yeites a la hora de componer y producir? ¿Los buscás, tratás de evadirlos, creás nuevos y consolidás los tuyos?
–Como punto de partida, siempre trato de no repetir nada. Y si lo hago, es involuntario, porque me parece mucho más interesante que siempre tengamos un “lienzo en blanco” para ponerle colores nuevos o, al menos, nuevas combinaciones de esos colores. Tal vez lo que sí hago es que trato de encontrar nuevas maneras de usarlos, sin que parezcan gastados o repetidos. Es algo que detecto en mucha de la música de hoy… la mayoría es poco original o repetida…
–¿Cómo te relacionás con toda la data que proveen las plataformas respecto al consumo de la música a la hora de componer y de producir tu propio proyecto?
–Es difícil no ver esos números, pero tampoco es una obsesión o una regla. Ya estamos en un momento de nuestra carrera donde hacemos la música que nos sale, que nos gusta, lo mejor posible y con todas las ganas. Como había mencionado, a esta altura no necesitamos probar nada, se trata solo de expresarnos como músicos… y creo que cuando lo encarás así, el resto viene solo, tarde o temprano.
PRODUCCIÓN
–¿Cuál fue el flujo de trabajo para la producción de este disco?
–En un principio íbamos a trabajar con un par de productores locales, pero después eso frenó un poco el avance, entonces propuse aprovechar nuestros propios recursos, y ver si la banda estaba cómoda con la idea de que yo produzca este álbum, ya que tenía un concepto de sonido muy claro desde que las canciones comenzaron a aparecer en los ensayos. Todos estuvieron de acuerdo y logramos concretar algo que nos gusta mucho.
–¿Cómo integraste el equipo y las colaboraciones en ese marco?
–En todo momento y, como en todos los materiales anteriores, salvo una o dos excepciones, siempre busco la colaboración en la composición con los demás integrantes… “Dopamina” no es excepción. Hay por lo menos una o dos canciones que tuvieron su puntapié inicial en uno de los cinco integrantes que después fuimos trabajando para darle forma entre todos y llevarlas hacia un concepto unificado.
–¿Qué relevancia tiene lo rítmico en este disco, en particular desde las guitarras? ¿Cómo se da ese casi sello que suelen tener con la armonía que en algún momento siempre rompe lo diatónico y después vuelve?
–Lo rítmico, para mí, siempre tiene un peso gigante en las producciones en las que participo, ya que es lo que marca el pulso o el “groove” de una canción, sea desde el instrumento que sea. Es lo que te hace mover la cabeza, o los pies, o el trasero… dependiendo de cómo esté conceptualizado. Y en el caso de las guitarras, efectivamente, este álbum es más “marcado” rítmicamente que los anteriores. El sello de las armonías que van y vienen es como el ADN de Gaia, es lo que nos permitió conseguir un sonido bastante reconocible y es algo que no hacemos conscientemente, pero que siempre aparece en alguna forma en las canciones, es decir, se da naturalmente, no es algo estudiado.