Días pasados, la guitarrista paraguaya internacionalmente reconocida, Berta Rojas, utilizó su cuenta de Facebook para realizar un anuncio expresando: “Después de 16 largos meses, de nuevo a Berklee para dar una clínica en el hermoso Berklee Performing Arts Center”.
De igual manera, en la jornada de ayer compartió una fotografía en la entrada del Berklee College of Music en Boston, Estados Unidos, porque cabe resaltar que se trata de una de las mejores universidades de música del mundo.
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Adjunto al pie de la imagen escribió: “Mi primer día como maestra a tiempo completo en Berklee College, la escuela de mis sueños. No puedo ser más feliz. Gracias Berklee Guitar Department”, y al finalizar destacó “en persona después de tanto tiempo...”, debido a que finalmente vuelven a las clases presenciales.
En este contexto, es importante destacar que en plena pandemia Berta ha dado a luz al proyecto musical online denominado “Jeporeka 2021”, un espacio de encuentro, formación y desarrollo de jóvenes músicos paraguayos. En el mes de julio pasado se dio a conocer la lista de los 30 artistas de diferentes localidades del país que emprenderán el desafío de crear diez nuevas canciones que serán grabadas en audio y video.
Esta edición tiene como tema “La canción, nuestro retrato”. El proceso creativo estará acompañado por grandes maestros de la música nacional e internacional, quienes trabajarán en equipo junto a 10 cantantes, 10 compositores y 10 autores.
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Al respecto, la reconocida artista nacional Berta Rojas expresó: “Estamos felices con el proceso de selección. Fue un arduo trabajo hecho con muchísimo amor. Ahora nos espera la tarea creativa y ver qué caminos van tomando los jóvenes integrantes de Jeporeka 2021”.
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Ricardo Álvarez: “El arte tiene la seriedad del juego de los niños”
El artista plástico cubano-paraguayo Ricardo Álvarez viene proponiendo un cruce de lenguajes donde los trabajos en cerámica, óleo y dibujo “convergen en narrativas particulares”, describe el texto curatorial de su última muestra. Su obra impacta por su colorido y formas, pero también en lo narrativo, por el contenido que deviene de sus profundas preocupaciones espirituales.
- Por Jorge Zárate
- jorge.zarate@nacionmedia.com
- Fotos: Gentileza
Ricardo Álvarez entiende que en torno a lo artístico “falta una posibilidad mayor de crear un hábito de interactuar con el arte –para no decir consumir, porque consumir tiene una connotación de terminar con algo–. Sin embargo, con el arte se interactúa, porque cuando estás frente a la obra ella te propone sensaciones, pensamiento, reaccionas y esto es una interacción, un diálogo”, recuerda.
Lo espiritual es omnipresente, porque la expresión es algo que, principalmente, nos anima, nos moviliza: “Cualquier obra de cualquier arte, ya sea un filme, una pintura, una escultura, una música, danza, performance, teatro, todo eso llega a mover el alma, el arte es un asunto del alma y la vida. Según algunas tradiciones, es solo una experiencia de esta última y no una experiencia última”, agrega.
La plástica tiene en su génesis la posibilidad de atrapar y liberar tiempos: “En todo caso, en la vida puedes cuidar de cada instante y eso es saber hacer, eso es arte aplicado a la vida misma, cuidar de cada instante, como uno cuida cada detalle de una obra cuando la crea, sufre y se exalta por ella, te angustia o te brinda paz, como la vida misma”, reflexiona.
Aquí su diálogo con La Nación/Nación Media:
–¿Cómo va la actualidad de tu plástica?, ¿en qué trabajás?
–Estoy encarando una muestra en donde hay objetos de guerra como aviones, por ejemplo, convertidos en objetos cotidianos, con decoraciones de porcelana china o matrioshkas rusas, son aviones y objetos de guerra que se convierten en parte de la cotidianidad, que son parte de la cultura y la estética del poder y que portan belleza a pesar de su función y su finalidad. Además, trabajo en una serie sobre el mundo invisible, muy presente en la cultura afrocubana y en la cultura indígena del Paraguay, como por ejemplo los ishir-chamacocos. He leído el libro “La maldición de Nemur”, de Ticio Escobar, y las descripciones sobre los Anábsoro y las descripciones que recogió de los relatores ishir son fascinantes. Ya las había visto representadas por el artista chamacoco Ogwa, del cual hicimos un documental con mi esposa Silvana Nuovo cuando vinimos a Paraguay, pero al leer el libro las descripciones son increíblemente ricas y estoy tratando de representar lo que he leído…
CAPITAL POÉTICO Y SIMBÓLICO
–Hace poco realizaste la muestra “Tres ojos ven más que dos”. ¿Qué nos podés comentar?
–Allí hubo obras recientes y no tan recientes, pero de los últimos tres años y quizás alguna algo más antigua, pero que presentan un cuerpo de obra organizado en una narrativa curatorial de Sophia Ruiz, que la lee y trata de poner a dialogar varias series y varios mundos simbólicos que se manifiestan todo el tiempo en mi trabajo artístico. Para mí fue también muy satisfactorio ver mucha obra fuera del taller, donde está almacenada y apilada y podemos verla en un lugar neutro y, sobre todo, con espacio para respirar, existir y que cada una despliegue su capital poético y simbólico.
–Vimos la muestra “Todo es vacío, todo es ilusión”, donde intervenís cerámicas. ¿Seguís con esa búsqueda?
–Sí, continúo con la búsqueda en la cerámica, que ha devenido un lenguaje y un soporte incorporado a mi proceso creativo, en parte porque me siento atraído y muy cómodo con él y, por otro lado, por su significación como material, al ser al final tierra cristalizada. Las clases de cerámica son las únicas que no recuerdo de la Escuela de Bellas Artes en Cuba y te confieso que tengo muy buena memoria. Debe ser un olvido conveniente en todo caso, amo la materialidad de la tierra y me recuerda mi primer contacto con “lo plástico” que fue en el colegio con la plastilina y donde gané un concurso de escultura en plastilina. Después olvidé todo eso y hasta mucho más grande no pensé que ser artista era una opción o el arte una práctica posible para desentrañar las preguntas de la existencia.
–¿Confeccionás también las cerámicas?, ¿te interesan la alfarería, la escultura?
–Sí, confecciono cerámicas. Me interesa siempre el trabajo artesanal en el sentido del hacer, me parece que crea una intimidad con la obra que solo es posible perder en proyectos que se alejan de las propias posibilidades técnicas o donde se necesitan intervenciones de otros especialistas o procesos industriales como suele suceder con algunas obras de arte contemporáneo y ahí el artista queda como creador de un concepto que deben materializar otros, que sería como hacer cine u otras artes donde necesitas del concurso de otros especialistas, pero en estos casos yo puedo aún y disfruto mucho construir las piezas y tener ese contacto con la materialidad de la arcilla o la porcelana. Sí me interesa la alfarería y la escultura en arcilla y porcelana.
ESPACIO TRIDIMENSIONAL
–Son materiales que abren la puerta a otras dimensiones también, ¿no?
–Sí, estoy experimentando y disfrutando mucho por ahora y creo que son muy interesantes. Me encanta ver algunos soportes simbólicos de mi obra que antes estaban en dos dimensiones, vengan a existir en el espacio tridimensional y también que ello me sirva de soporte para la pintura. Hay mucho para hacer todavía y todos los días me levanto con el entusiasmo con que se levanta un niño para jugar, esa sensación amo de hacer arte, que cuando hay algo que quieres crear y quieres verlo terminado y materializado sientes la misma sensación de que cuando eras niño y te levantabas para estrenar juguete, algo así, pero más serio y con preguntas más adultas y existenciales. El arte tiene ese encanto, parece que estás jugando, pero estás jugando muy en serio como juegan los niños.
–¿Cómo ves la plástica en Paraguay?, ¿qué cosas te gustan de lo que estás viendo?
–La plástica en Paraguay o la creación artística en general tiene un crecimiento exponencial y es de altísima calidad. Podría crecer más si las personas se interesaran en qué les aporta una obra de arte, de estar en ese espacio de quizás incomprensión o extrañeza, pero que no los dejará indiferentes y de rodearse también de cosas que lo interpelen, que les hablen y que les recuerden. No hay suficientes eventos ni espacios para poder ver todo lo que se hace y la variedad y riqueza y compromiso del arte que se produce, lo cual es una lástima porque el arte encanta a la gente. Aunque no seas un entendido, te hace entrar en un espacio que si bien no entiendes o te deja con muchas interrogantes, ese es su cometido y su naturaleza y es por eso que nos deja un aura de reflexión y de poética y flotamos en algo extraño y a la vez atractivo cuando nos hemos sumergido en su encanto o en su incomodidad.
–Aparece importante valorar su intangibilidad.
–Claro, porque el arte es necesario, nos recuerda que somos humanos y nos mantiene cerca de las preguntas esenciales de la existencia, lo cual nos permite no perdernos en la inercia de lo cotidiano y los fenómenos que se nos presentan como importantes o imprescindibles. También es responsabilidad de los artistas no divagarnos demasiado, como es responsabilidad de los ciudadanos no confundir lo político con la política o la existencia con la economía de mercado o el amor con el deseo. El arte nos ayuda a construir una existencia más coherente con “ser humanos”, algo con que podamos discernir las cosas importantes en el proceso que relata el budismo como nacer, vivir, enfermar y morir. Arte etimológicamente es hacer algo con habilidad o técnica o saber hacer, así como la vida hay que saber vivirla.
–¿Sentís que hay alguna tendencia especial o las búsquedas son heterogéneas?
–Entre las tendencias hay muchas. El arte contemporáneo ha moldeado mucho y abierto nuevas posibilidades hacia la materialización de obras, pero me parece que lo esencial siempre en el arte es sentir el pulso de lo que se piensa y se siente en la sociedad y hoy en día con la globalización comunicacional y cognitiva, en el mundo. El arte ofrece mucho de ese espacio inasible del pensamiento como substancia al que todos tenemos acceso, nos muestra eso que todos estamos sintiendo y pensando de alguna manera, nos lo materializa, e imagina mucho más. Es por eso que es interesante, porque la imaginación suele adelantarse a lo que el presente propone.
INFLUENCIAS AFROCUBANAS
Entre las búsquedas artísticas de Ricardo Álvarez aparece la necesidad de acercarse “a formas de representación de lo invisible de la cultura afrocubana que conozco desde niño porque mi madre iba a misas espiritistas y yo la acompañaba”.
El artista cuenta: “Iba por la curiosidad de esos rituales y por la cualidad histriónica que contenían, pero cuando tenía 11 o doce años uno del médium con un espíritu montado –quiere decir poseído por un espíritu– me llamó, me hizo una limpieza con ramas, humo de tabaco y aguardiente y me dijo muchas cosas que en su momento me parecieron tonterías, pero que hasta ahora se han cumplido todas menos una y eso me dejó una gran incertidumbre”, cuenta.
“En mi espiritualidad me he inclinado más hacia el budismo, del cual he leído mucho y practicado y también se refleja mucho en mi obra, pero no puedo negar la influencia de esa cultura afrocubana, de la santería como se le conoce en Cuba”, apunta.
“Todo lo que me interpela lo pongo en obra, es una manera poética de reflexionar y es como un ritual de conocimiento que mezclado todo hace un cuerpo de obra en donde puedo reflexionar con lo que ella me brinda y al final puedo compartirlo el espectador, que hará sus propias lecturas o partirá con sus propias preguntas y no hay nada que interrogue tanto como lo que no hemos podido responder”, concluye.
SOBRE EL ARTISTA
Ricardo Álvarez nació en La Habana, Cuba, el 12 de mayo de 1970, es artista plástico y documentalista. Se formó en la prestigiosa Escuela Nacional San Alejandro de su ciudad natal, y posteriormente estudió escritura y dirección de documentales en París, Francia.
Se lo puede seguir en Instagram en @ricardoalvarez_art y sus obras se encuentran en las principales colecciones de Paraguay. A lo largo de su trayectoria, expuso en diversas galerías de Venezuela, París y Asunción. Fue artista invitado en Oxígeno Feria de Arte (2019), seleccionado para el programa “Genealogías, Puerto Casado” (2016), obtuvo una mención especial en el Premio Invernadero: Arte, Política y Experimento (2015) y logró el Primer Premio en el Concurso de Artes Visuales de la Embajada de la República Federal de Alemania en Asunción.
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El bus n.° 26 rumbo a Paraguay
- Paulo César López
- paulo.lopez@nacionmedia.com
- Fotos: Gentileza
El libro “The number 26 bus to Paraguay”, del guitarrista británico Richard Durrant, explora la extraordinaria capacidad de la música para derribar fronteras y convertir a Paraguay en una patria espiritual construida desde la imaginación, la memoria y las cuerdas de una guitarra.
Hay viajes que comienzan mucho antes de que el viajero haga las maletas. Empiezan en una melodía escuchada en la infancia, en una fotografía apenas entrevista, en una intuición que permanece dormida durante años hasta encontrar el momento de revelarse.
Para el guitarrista británico Richard Durrant, Paraguay fue durante décadas una geografía invisible construida a partir de las cuerdas de una guitarra.
Mucho antes de conocer Asunción, San Bernardino o Caazapá, el músico ya había recorrido el país en la imaginación, guiado por la música de Agustín Barrios y por aquellas viejas grabaciones de Los Paraguayos que sonaban en la estrecha casa familiar de Brighton.
El título “The number 26 bus to Paraguay” posee precisamente esa rara cualidad poética de las imágenes sencillas que contienen una vida entera. El autobús número 26 no conducía realmente a Sudamérica: llevaba a un niño inglés desde las afueras de Brighton hasta sus clases de guitarra en Waterloo Street.
Sin embargo, mientras observaba por la ventanilla el paso de las estaciones y escuchaba a Alirio Díaz interpretar a Barrios, el trayecto cotidiano comenzó a transformarse en una travesía espiritual. Cada viaje en aquel ómnibus acercaba al joven Durrant a un territorio remoto y casi mítico llamado Paraguay.
La historia resulta fascinante porque revela el extraño poder de la música para abolir distancias. Un compositor paraguayo nacido en San Juan Bautista, Misiones, a fines del siglo XIX lograba conmover a un muchacho inglés varias décadas después y al otro lado del océano.
En esa cadena invisible de resonancias culturales se encuentra quizás el verdadero milagro del arte: la posibilidad de que un sonido nacido en una pequeña nación mediterránea encuentre refugio en la sensibilidad de alguien que jamás había pisado esta tierra.
ENCUENTRO
Cuando finalmente Durrant llegó al Paraguay en 2011, descubrió que la realidad podía ser incluso más intensa que la fantasía acumulada durante años. El encuentro con músicos como Felipe Sosa, Juan Adolfo Duarte, Kike Pedersen y la redescubierta obra de Quirino Báez Allende amplió su universo musical y afectivo.
Ya no se trataba solamente de perseguir el fantasma de Barrios, sino de comprender que aquella tradición seguía viva, respirando en nuevos creadores capaces de dialogar con el legado mangoreano sin convertirse en simples imitadores.
Particularmente revelador resulta el episodio de su encuentro con Juan Adolfo Duarte en la casa de Felipe Sosa. La escena posee algo de aparición literaria: una habitación oscura, una figura misteriosa sosteniendo la guitarra y una música –“Panambi raity”– que altera para siempre la sensibilidad del oyente.
Durrant describe aquella experiencia como una transformación íntima, casi mística. Y acaso toda gran música opere de esa manera: no como un entretenimiento pasajero, sino como un acontecimiento capaz de modificar la percepción del mundo.
REIVINDICACIÓN EMOCIONAL
La trilogía paraguaya de Durrant –“The number 26 bus to Paraguay”, “Hijo de hombre” y “The girl at the airport”– constituye mucho más que un ejercicio de admiración extranjera hacia la música nacional. Es, en cierto modo, una reivindicación emocional del Paraguay profundo; un intento de demostrar que la obra de Barrios y de tantos otros compositores paraguayos posee una universalidad que trasciende idiomas, fronteras y contextos históricos.
Mientras gran parte del mundo cultural latinoamericano continúa mirando obsesivamente hacia los grandes centros de legitimación europea o norteamericana, resulta paradójico que sea precisamente un músico británico quien recuerde a los paraguayos el valor extraordinario de su propia tradición guitarrística.
Hay además una dimensión entrañablemente humana en la figura de Durrant. Sus relatos mezclan humor, melancolía y asombro con una naturalidad desprovista de solemnidad académica.
Puede pasar de hablar de armonías complejas a narrar cómo bajó en plena madrugada al bar del Hotel del Lago esperando encontrarse con el espíritu de Barrios.
La anécdota podría parecer extravagante si no estuviera atravesada por una emoción genuina: la necesidad de dialogar con aquel artista cuya música acompañó toda su vida.
Tal vez por eso sus interpretaciones producen una impresión tan intensa. Durrant no toca las obras paraguayas como piezas de museo ni como meros ejercicios técnicos. Las toca como quien vuelve a una patria afectiva.
En sus manos, las piezas de Barrios y otros compositores paraguayos dejan de ser partituras para convertirse en recuerdos vívidos, en paisajes interiores, en conversaciones íntimas sostenidas a través del tiempo.
Al final, el bus número 26 nunca dejó de avanzar. Sigue atravesando Brighton, las rutas del Reino Unido y los caminos del Paraguay imaginario que Richard Durrant construyó desde niño entre discos, sueños y guitarras.
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Cabildo incorpora valioso acervo documental del maestro Pablo Cáceres Escobar
Un importante lote de materiales documentales, partituras, composiciones originales, fotografías y registros biográficos del guitarrista, compositor y concertista paraguayo Pablo Cáceres Escobar pasaron al resguardo del Centro Cultural de la República El Cabildo, en un acto que reafirma el compromiso institucional con la preservación y difusión de la memoria artística nacional.
La recepción de los importantes materiales se llevó a cabo este martes 24 de junio, en la sede del Cabildo, y contó con la presencia del director general de la institución, Aníbal Saucedo Rodas; del director de las Casas Bicentenario, Diego Sánchez Haase, y del director de Relaciones Culturales y Turismo del Ministerio de Relaciones Exteriores, ministro Manuel Tornato Frutos, cuya gestión resultó fundamental para facilitar el traslado e ingreso de las obras al país.
El acervo fue entregado por la profesora Selma Inés Cáceres Escobar, hija del maestro Pablo Cáceres Escobar, e incluye publicaciones biográficas, registros de obras musicales, composiciones originales, transcripciones, arreglos, fotografías históricas y documentación notarial vinculada al legado del destacado guitarrista paraguayo.
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El director general del Cabildo, Aníbal Saucedo, destacó la relevancia de rescatar y proyectar la memoria de figuras fundamentales de la cultura nacional.
“Pablo Cáceres Escobar es una figura emblemática de nuestra música. Voy a lanzar un desafío importante al maestro Diego Sánchez Haase para que podamos realizar una conferencia sobre su vida y su legado. Es a través de estos acontecimientos, de estas fechas históricas y de estos personajes emblemáticos que estamos tratando de visibilizar y fortalecer nuestra identidad cultural”, sostuvo.
Por otra parte, Saucedo anunció la intención de impulsar la reimpresión de dos valiosas publicaciones vinculadas al universo de Agustín Barrios Mangoré. “Mangoré, el maestro que conocí”, de José Roberto Bracamonte, y “Agustín Barrios Mangoré, genio de la guitarra”, de José Cándido Morales. La intención, es poner estas obras al alcance de investigadores, músicos y público interesado, explicó.
En tanto, el maestro Sánchez Haase recordó el origen de las gestiones que hicieron posible la incorporación de este patrimonio documental. “Contactamos con la hija del maestro, Selma Inés Cáceres Escobar, quien me manifestó la intención de donar todo este importante acervo al Cabildo. Hoy llega para integrarse a nuestro rico patrimonio documental y musical, permitiéndonos tener una perspectiva más amplia de su aporte como músico, algo que considero verdaderamente extraordinario”, aseveró.
Contemporáneo y amigo de Mangoré
Pablo Cáceres Escobar, nacido el 22 de junio de 1900 en San José de los Arroyos, departamento de Cordillera, dedicó su vida a la guitarra y mantuvo una estrecha relación artística y personal con Agustín Barrios “Mangoré”, contribuyendo a la difusión de su obra. Su trayectoria se desarrolló en Paraguay, Brasil, Uruguay y Argentina, país donde residió gran parte de su vida artística hasta su fallecimiento en 1970.
La incorporación de este conjunto documental representa un significativo aporte al patrimonio cultural paraguayo y permitirá fortalecer futuras investigaciones, actividades académicas y acciones de difusión destinadas a preservar la memoria de uno de los guitarristas paraguayos más destacados del siglo XX.
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Fotografías de Luis Vera sobre los ayoreos se exponen en la Bienal de Curitiba
El lunes 15 de junio de 2026 a las 18:30, el fotógrafo y artista visual paraguayo Luis Vera inaugurará su exposición individual “Seguimos vivos, ahora usamos ropa”, en el Espacio Cultural del Consulado del Paraguay en Curitiba (R. Benjamin Lins, 935 - Batel), en Brasil, integrándose oficialmente a la programación del ArtWeek Curitiba como parte de la Bienal de Curitiba 2026. La entrada para la apertura y las posteriores visitas es libre y gratuita, abriendo al público de lunes a viernes en el horario de 9:00 a 16:00.
En una propuesta artística que se sitúa conceptualmente en la fractura ontológica entre la selva y las máquinas, Luis Vera, a través de series fotográficas organizadas en cuatrípticos, visibiliza la situación de los grupos Ayoreo en aislamiento voluntario, quienes subsisten como “islas” de alteridad radical en el Chaco paraguayo frente al avance de un modelo de intensa deforestación y grandes obras de infraestructura.
El sugerente título de la muestra, “Seguimos vivos, ahora usamos ropa”, funciona como un ready-made lingüístico extraído directamente de la investigación antropológica. Proviene del libro de Benno Glauser, publicado en 2022 (pág. 69), donde documenta que un grupo ayoreo capturado y reducido en la comunidad de Campo Loro en los años 90, regresó a un campamento abandonado en el monte. Allí, utilizando el lenguaje ancestral del bosque (marcas de clanes, ramas y plumas), dejaron señales informativas para sus parientes que permanecen en los bosques en situación de no contacto.
“Es la brevísima y mejor explicación de la situación de vida dejada por las mismas familias que salieron del monte décadas atrás. Aunque siguen vivas, están constreñidas por el mundo occidental, en este caso representado por la vestimenta que son obligadas a usar al dejar la vida exclusivamente silvícola. La tensión central de la obra opera en ese “ahora”: una bisagra temporal que separa el antes libre del después colonizado, donde la supervivencia biológica se consigue al costo de la asimilación cultural”, explica Luis Vera.
“Inscribir “seguimos vivos, ahora usamos ropa” dentro del marco curatorial “Umbrales” (Limiares) de la Bienal de Curitiba significa desactivar la noción del umbral como una simple línea de transición arquitectónica o temporal, para entenderlo como una zona de fricción ontológica y geopolítica”, comentó sobre su obra, Luis Vera. Luego amplía: “el umbral no es un espacio pacífico de paso, sino la herida abierta e inestable donde colisionan dos mundos irreconciliables: la alteridad radical del pueblo Ayoreo en aislamiento voluntario y la pulsión devoradora de la sociedad envolvente”.
La mirada crítica de Ticio Escobar
El crítico de arte y curador Ticio Escobar escribió el texto de la muestra, analizando los complejos mecanismos estéticos de la exposición: “Luis Vera presenta fotografías con cuidado, pero con convicción y firmeza. Se refiere a los ayoreos aislados respetando delicadamente su distancia forzosa y exponiendo de modo contundente la situación en que se encuentran. Levanta imágenes potentes, fragmentadas y desplazadas casi siempre, interceptadas por el murmullo de los mensajes que cruzan el aire del Chaco sin rasgarlo”.
“Para hacerlo, el fotógrafo manipula un archivo multimedia mediante un software programado para la edición de archivos de formato diferente. Este procedimiento, databending, genera distorsiones, a menudo azarosas, que complejizan la imagen de base. Luis Vera interviene las imágenes así alteradas con frases intercambiadas entre los grupos que aún se encuentran aislados y los que fueran arrancados de la selva y hoy visten ropas occidentales desgastadas”, agrega.
Trayectoria del artista
Luis Vera (1961, Asunción, Paraguay) posee una vasta trayectoria en los campos del fotoperiodismo, la fotografía documental y la artística. Tiene estudios de Comunicación, Derecho y Antropología; cuenta con postgrados internacionales en Fotografía Contemporánea, Crítica y Curaduría de Arte realizados en Node Center de Berlín, y ha sido multipremiado con decenas de distinciones, como el Premio Bayard de Fotografía (2020), lo que le permitió realizar residencias artísticas en París.
El vínculo de Vera con el circuito artístico del Estado de Paraná es estrecho y de larga data. El creador ya ha participado previamente como artista expositor en la Bienal de Curitiba en su edición del año 2015. Asimismo, en su rol de docente universitario y formador de nuevos talentos, sus estudiantes han tenido una activa y destacada presencia internacional participando de forma consecutiva en el Circuito Universitario de la Bienal de Curitiba (CUBIC) durante las dos últimas ediciones, de 2017 y 2019. Por otra parte, realizó exposiciones en países de América y Europa, así como en decenas de ciudades de su país.
Sobre el ArtWeek
El tema de la 16.ª Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de Curitiba, es “Umbrales” (Limiares), sobre la curaduría de Adriana Almada y Tereza de Arruda. La edición se enfoca en la fusión entre lo humano, la tecnología, inteligencia artificial y el mundo virtual. El evento retorna al formato presencial, ofreciendo un circuito por galerías y espacios públicos de la ciudad.
La Bienal de Curitiba se erige como uno de los eventos de arte contemporáneo más influyentes de la región, propiciando un diálogo global entre creadores de diversas latitudes. Una de las artistas anunciadas es Chiharu Shiota con su obra “El espacio entre nosotros”, con curaduría de Tereza de Arruda. En esta edición 2026, el programa ArtWeek Curitiba expande las expresiones visuales por toda la ciudad a través de circuitos dinámicos y sedes aliadas. La inclusión de la muestra de Luis Vera en el espacio cultural del Consulado del Paraguay no solo enriquece la oferta cultural del festival mediante la fotografía y los nuevos medios, sino que fortalece la diplomacia cultural y los lazos históricos de fraternidad artística entre Paraguay y Brasil.
Un faro de diplomacia cultural en Batel
Ubicado en el corazón de Batel —uno de los barrios más tradicionales y encantadores de Curitiba—, el Consulado General del Paraguay funciona en una casona de relevancia histórica, reconocida como Unidad de Interés de Preservación (UIP) y considerada patrimonio arquitectónico de la capital paranaense. La imponente edificación no solo alberga la representación diplomática oficial destinada a fortalecer los lazos políticos, económicos y consulares especialmente con el Estado de Paraná, sino que también se ha consolidado como un dinámico epicentro para el intercambio artístico internacional.
A través de su Espacio Cultural, el Consulado mantiene un compromiso permanente con la difusión de la memoria y de los lenguajes artísticos contemporáneos de la región. Esta vocación artística le otorgó al lugar un papel destacado en el circuito de la Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de Curitiba. En ediciones anteriores del evento, el Espacio Cultural ya integró oficialmente el programa de exposiciones de la Bienal, actuando como una sede aliada fundamental para la descentralización del arte por toda la ciudad. Al abrir sus puertas a manifestaciones que desafían y enriquecen la mirada del público —como la muestra de fotografía contemporánea y databending de Luis Vera en la edición de 2026—, el Consulado del Paraguay reafirma el papel de la diplomacia cultural como un puente sensible, vital e ininterrumpido entre los pueblos.