La sonrisa mejora el humor del que sonríe y también de aquellos con los que compartimos. Cuando sonreímos resultamos más amigables y agradables ante los demás porque refleja confianza, bienestar y alegría.
En este sentido la conductora de televisión Lucía Sapena, más conocida como “Lú Sapena”, utilizó su cuenta de Facebook para compartir con sus seguidores una anécdota y con él dar una reflexión sobre el poder de una sonrisa.
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Sapena recordó que días pasados en la caja de un supermercado una mujer se le acercó y aunque tenía mucha prisa por su cargada agenda, accedió a escucharla. Esta mujer le comentó que su hijo se encontraba enfermo y acostado en cama, y no se perdía de ninguna de sus apariciones en la televisión en donde siempre presenta el bloque de Arte & Espectáculos.
La mujer le contó a Sapena, muy emocionada, que su hijo le decía que ella tenía una sonrisa muy bonita. Después Sapena dejó de aparecer en la tv por su permiso de maternidad a pesar de que volvió a las pantallas durante la pandemia del COVID-19, ella utilizaba tapabocas como todos, y su hijo dejó de ver su sonrisa, hecho que le generó mucha tristeza, según comentó la madre.
El joven murió hace poco más de un año y nunca más pudo ver la sonrisa de Sapena en sus bloques de Arte & Espectáculos en canal Trece. El relato de la mujer enterneció a la conductora y no tuvo otra cosa mejor que hacer que sacarse el tapabocas y homenajear a aquel muchacho que se llamaba Matheo, con su sonrisa.
Al montarse a su vehículo camino a su casa, Sapena recordó que en su adolescencia cierta maestra de baile le había dicho: “¡No sonrías tanto que te vas a arrugar!”, a lo que su madre refutó diciendo: “Al contrario mi amor, si llorás te vas a arrugar, vos sonreí siempre Lucía que es lo más hermoso que te dio la vida” y ella decidió creerle a su mamá y sonrió siempre, aunque muchas personas le hayan dicho también que sus labios eran muy finos y que no lucían.
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Por qué investigar sigue siendo la clave: una reflexión necesaria para nuestro tiempo
Vivimos en una época donde la información abunda, pero el conocimiento profundo escasea. Opiniones sobran, datos faltan. Decisiones urgentes se toman muchas veces desde la intuición —o peor aún, desde la repetición— sin detenernos un momento a hacer la pregunta más importante que puede hacerse una sociedad, una institución o una persona: ¿Qué no sabemos?
Aceptar la ignorancia parece, a primera vista, un signo de debilidad. Sin embargo, es exactamente lo contrario: es el punto de partida del aprendizaje, del descubrimiento y del desarrollo. Las sociedades que más progresan no son las que presumen de saberlo todo, sino las que se animan a cuestionar, probar, medir, dudar… y volver a empezar. En tiempos donde la velocidad manda, detenerse a investigar se vuelve casi un acto contracultural. Pero es, por eso mismo, un acto transformador.
En Sapiens: De animales a dioses (2011), el historiador israelí Yuval Noah Harari dedica los capítulos 14 y 15 a una idea tan simple como revolucionaria: Las sociedades que más avanzaron fueron aquellas que aceptaron que no tenían todas las respuestas. Harari explica que la Revolución Científica no surgió de una acumulación de certezas, sino del reconocimiento explícito de la ignorancia. Europa —y en especial Inglaterra— adoptó una postura completamente nueva para la época: ver la ignorancia no como un obstáculo, sino como una oportunidad. Esta mentalidad llevó a investigar, observar y medir el mundo con una combinación de humildad radical y audacia extraordinaria.
Inglaterra: cuando investigar se volvió estrategia de Estado
Harari muestra cómo los ingleses integraron la investigación a su proyecto político y económico. Sus barcos no eran solo naves militares: eran laboratorios flotantes, repletos de botánicos, astrónomos, médicos, artistas y cartógrafos.
Un caso emblemático es el de James Cook, quien aplicó los estudios del médico James Lind sobre los cítricos y logró que en su tripulación no muriera ni un solo hombre por escorbuto, una hazaña inédita para la época. Era ciencia aplicada a la vida real, transformando expediciones potencialmente mortales en misiones exitosas.
Esa combinación —curiosidad, método, evidencia— convirtió a Inglaterra en una potencia. No solo conquistaban territorios: conquistaban conocimiento.
Harari también recuerda que el joven Charles Darwin se embarcó en el HMS Beagle como naturalista, siguiendo esa tradición inglesa de incluir científicos en cada expedición. Allí, observando y recolectando con rigor, nació la teoría de la evolución: una de las ideas más importantes de la historia humana. Sin investigación, Darwin no habría sido Darwin.
¿Qué significa esto para nosotros hoy?
Significa que investigar no es un lujo ni un privilegio académico; no es un posgrado ni un trámite para cumplir requisitos. Investigar es una cultura: es preguntar mejor, no aceptar la primera respuesta, contrastar fuentes, poner a prueba lo que creemos cierto y construir decisiones basadas en evidencia, no en suposiciones.
Así como los ingleses llevaron científicos a bordo de cada barco para comprender el mundo antes de transformarlo, nosotros necesitamos “científicos” —espíritus curiosos, críticos y rigurosos— en cada institución, cada empresa, cada escuela y cada proyecto público.
La investigación también exige paciencia histórica. Muchos avances que hoy damos por inevitables comenzaron como experimentos inciertos cuyos resultados finales tardaron años —o incluso décadas— en llegar a la gente. Un ejemplo reciente lo demuestra con claridad: en 2026, un equipo del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas de España logró eliminar por completo tumores de cáncer de páncreas en ratones mediante una triple terapia. El resultado fue sorprendente: remisiones duraderas, sin resistencia y con efectos mínimos. ¿Llegará esto a curar personas? Probablemente, pero no mañana. Traducir un avance así a tratamientos humanos puede requerir una década de estudios y ensayos clínicos. Lo importante, sin embargo, es que ese futuro solo es posible porque alguien se animó a hacer la primera pregunta, diseñar el primer experimento y comenzar el camino. Investigar es sembrar futuro, incluso cuando la cosecha aún está lejos.
Paraguay necesita investigación cotidiana
Paraguay necesita dar un salto de escala: pasar de ver la investigación como un ejercicio académico aislado a entenderla como una práctica diaria, transversal y estratégica para el desarrollo.
Esto implica que las universidades, y de manera especial la Universidad Nacional de Asunción (UNA), deben asumir un rol mucho más protagónico:instalar la cultura de la investigación como columna vertebral del proceso de enseñanza-aprendizaje.La investigación no puede ser un apéndice, un módulo optativo o un ejercicio al final de la carrera.Debe ser material de trabajo, práctica constante, método, hábito y disciplina intelectual desde el primer semestre hasta el egreso.
Investigar es enseñar a pensar, a formular preguntas, a verificar datos, a dudar con fundamento y a buscar respuestas con metodología.Y un país que quiere avanzar necesita universidades que produzcan conocimiento, no solo que transmitan contenidos.
Necesitamos investigar más en educación, salud, turismo, comunicación, gestión pública, tecnología, economía creativa y todas las áreas donde Paraguay tiene potencial para crecer. Necesitamos equipos que midan, comparen, prueben y aprendan. Porque sin investigación, navegamos a ciegas. Con investigación, navegamos con brújula.
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La visión de un viajero: por qué Paraguay sorprende y supera expectativas
El creador de contenido y viajero Pato Bonato compartió en sus redes sociales una extensa reflexión titulada “Estas son las 14 cosas que más me sorprendieron de Paraguay”. En su relato, destacó que la imagen internacional del país no se corresponde con lo que se vive en el día a día, y sostuvo que Paraguay “tiene una ventaja que en los próximos años será imposible de ocultar”.
Entre los primeros aspectos mencionados, resaltó el bajo costo del transporte por aplicaciones, como Uber y Bolt, con tarifas considerablemente más accesibles que en otros países de la región. A ello sumó la presencia constante de naturaleza, incluso en zonas urbanas, un factor poco asociado habitualmente a Paraguay desde el exterior.
En materia de seguridad, Bonato afirmó que, más allá de zonas puntuales, el país se encuentra entre los más seguros del continente, con una fuerte presencia policial y una sensación general de tranquilidad, incluso en áreas donde la infraestructura puede variar entre moderna y más precaria.
Otro punto que llamó su atención fue la escasa presencia de personas en situación de calle, especialmente en zonas turísticas, algo que contrastó con lo observado en otros países de Sudamérica. Según relató, este fenómeno posiciona a Paraguay por encima de naciones con mejor reputación internacional en este aspecto.
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El viajero también subrayó el carácter conservador de la sociedad paraguaya, destacando la defensa de la cultura, la identidad nacional, la religión y el idioma guaraní, así como el fuerte sentido patriótico que se transmite de generación en generación.
La gastronomía paraguaya fue otro de los puntos que definió como “sorprendente y subvalorado”. Señaló que, pese a su escasa difusión internacional, se trata de una de las cocinas más variadas y sabrosas que probó en sus viajes por el mundo.
En cuanto a la regularidad territorial, Bonato destacó que, a diferencia de otros países altamente centralizados, Paraguay mantiene un nivel de desarrollo relativamente equilibrado entre Asunción y ciudades como Luque, Encarnación, Ciudad del Este o Areguá.
También valoró la infraestructura bancaria, con sucursales abiertas las 24 horas, atención presencial permanente y servicios modernos, así como la existencia de tiendas de conveniencia que funcionan durante todo el día, lo que asoció directamente con el nivel de seguridad del país.
La amabilidad y hospitalidad de los paraguayos ocupó un lugar central en su testimonio. Según expresó, se trata de una calidez genuina, desinteresada y profundamente arraigada en valores tradicionales, que deja una huella duradera en quienes visitan el país.
Asimismo, mencionó la baja inmigración extranjera, señalando que la gran mayoría de la población es paraguaya, y destacó una actitud recurrente entre los propios ciudadanos: la idea de que es mejor que el país siga siendo poco conocido para preservar su tranquilidad y calidad de vida.
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Otros aspectos culturales que le llamaron la atención fueron la escasa presencia de tatuajes en la población y la fuerte tradición del tereré, una costumbre transversal a todas las edades y clases sociales, que consideró una de las expresiones culturales más auténticas del Paraguay.
Finalmente, Bonato concluyó que, si bien como en todos los países existen aspectos por mejorar, el ritmo de crecimiento, la cantidad de puntos positivos y la estabilidad general convierten a Paraguay en una “joya de la región” que, en un plazo no mayor a diez años, será reconocida de manera mucho más amplia. Cerró su mensaje con un saludo a los paraguayos y el deseo de regresar pronto para seguir conociendo el país.
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Caso Aiub: defensora pública hace un sentido clamor sobre abordaje de la adicción
Ciudad del Este. Agencia Regional.
La defensora pública del fuero penal y adolescente de Hernandarias, Miriam Díaz, escribió en su red social una larga reflexión en memoria del joven Richard Aiub Ovando, quien falleció tras ser quemado por un grupo de adictos supuestamente.
El joven es una de las víctimas de la adicción y andaba en situación de calle con algunos antecedentes de detenciones por hechos punibles.
“Hoy nos duele profundamente la muerte de Richard Aiud, un joven cuya historia refleja una realidad que, lamentablemente, conocemos muy de cerca quienes trabajamos como operadores del sistema penal. Richard fue uno de tantos que cayó en las redes de la adicción, uno de tantos que buscó -sin éxito- una salida en un sistema que no le ofreció más que rejas, procesos penales y estigmas”, dijo la funcionaria judicial.
Asimismo manifestó que “durante años, he visto desfilar ante los estrados judiciales a adolescentes, jóvenes y adultos que cometen hechos punibles menores, motivados no por la maldad, sino por la desesperación que genera la dependencia a las sustancias psicotrópicas”.
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“Son personas enfermas, atrapadas en un círculo de consumo, exclusión y reincidencia; la sociedad los señala, pero pocas veces se pregunta por qué vuelven, una y otra vez, al mismo camino”, agregó.
Centros de Rehabilitación
Para la defensora pública de Hernandarias, las causas son evidentes: “La proliferación impune de los puntos de distribución de drogas y la ausencia de verdaderos centros de rehabilitación capaces de ofrecer un tratamiento integral, eficaz y humano”.
Indicó que en Paraguay, no existen espacios de internación adecuados, con infraestructura, profesionales y programas que permitan recuperar a quienes están en etapas avanzadas de adicción. Asimismo, dice que los centros de desintoxicación y rehabilitación exigen “voluntariedad” para recibir tratamiento, y olvidan que la adicción, en sí misma, anula esa voluntad.
“Richard, días atrás, fue exhibido públicamente como un -peligro - tras haber sido liberado y llevado por sus padres a un centro del que volvió a escapar. Hoy murió, con el 80% de su cuerpo quemado, víctima del abandono, del miedo y de la indiferencia social. Su muerte no debe pasar inadvertida ni ser reducida a una estadística más”, sostiene la defensora pública.
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No criminalizar la enfermedad
Apela a que “su inmisericorde final sea un llamado urgente a la reflexión y a la acción” y agrega que “no podemos seguir criminalizando la enfermedad, ni construyendo discursos de odio hacia quienes necesitan ayuda”.
La abogada explicó a La Nación/Nación Media que ella llegó a atender a Richard Aiub en uno de los casos penales y cree que el tiempo en que estuvo en la cárcel empeoró su situación porque no recibió ninguna asistencia.
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XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario (C)
- Hno. Mariosvaldo Florentino
- Capuchino
Creo que este evangelio nos da una oportunidad para reflexionar sobre nuestra relación con Dios y con los demás. Todos necesitamos de la ayuda de Dios y de los otros. Recurrimos a ellos para hacerle pedidos en nuestras dificultades, así como aquellos diez leprosos que gritaban a Jesús para que les sanara.
A veces cuando queremos pedir algo a Dios, le suplicamos de todos los modos posibles, nos arrodillamos dando señal de humildad, hacemos oraciones en que nos pintamos como muy sumisos a su voluntad, y como queriendo convencerlo a que nos dé, lo que necesitamos, prometemos de todo llenándonos de buenos propósitos. Más o menos lo mismo hacemos con los demás.
Muchas veces hasta somos muy exigentes. Creemos que Dios tiene la obligación de darnos todas las gracias que deseamos. Y si por acaso algo no nos hace como hemos dicho, entonces nos enfurecemos, y nos quedamos enojados con él.
Le criticamos y para colmo hasta hacemos ciertas cosas por despecho, sin darnos cuenta de que los únicos perjudicados seremos nosotros mismos.
Lo más increíble en nuestro comportamiento es que cuando Dios o los demás nos dan lo que estamos suplicando, entonces con mucha rapidez abandonamos la situación de humildad que teníamos antes y con insensibilidad continuamos nuestro camino, sin al menos parar y hacer algo concreto para agradecer por el bien que nos hicieron.
En el fondo con nuestro comportamiento dejamos entender que creemos que ellos no hicieron nada más que su obligación. Al igual que los nueve leprosos sanados, en general, no retornamos para agradecer.
Seguramente todos, los diez, estaban contentos con la sanación y en su interior hasta habrán pensado: “¡Qué bueno fue Dios!” Sin embargo, uno solo volvió para alabar concretamente. Los otros nueve siguieron sus caminos. En ellos la gratitud no encontró un modo de expresarse y así quedó solo un sentimiento pasajero. Y por eso, porque la gratitud no fue manifestada, ellos perdieron una excelente ocasión de crear con Jesús una relación más profunda.
Solo cuando nuestros sentimientos son manifestados, ellos pueden colaborar para que nuestra vida sea más auténtica y nuestras relaciones más profundas. Manifestar el sentimiento hace crear lazos con los demás.
Cuando manifiesto mi gratitud con alguien, me comprometo con aquella persona y en cierto sentido me dispongo, para de algún modo retribuir el bien hecho. También la persona que recibe la gratitud se siente confirmada en su acción y comprometida para el futuro. Entre estas dos personas crece la unidad.
Tal vez sea por eso que aquellos nueve no volvieron. Estaban contentos con la sanación, pero no querían comprometerse con Jesús. No querían sentirse comprometidos con él. Querían mantener una relación superficial.
Creo que tantas veces nuestra ingratitud, es miedo a sentirnos obligados con el otro. Es miedo a que me pueda pedir algo. Es miedo a crear lazos. Cuando necesitamos, forzados por la situación, somos presionados a pedir, a suplicar... pero después que conseguimos lo que queríamos, sin la presión de la necesidad, entonces el miedo, el egoísmo, la superficialidad nos hacen preferir no manifestar nuestra gratitud, supuestamente para salvaguardar nuestra independencia. Y aunque sea completamente injusto con quien nos hizo el bien, así lo hacemos, pues el egoísmo nos deja ciegos.
En general somos muy sensibles cuando no nos agradecen, (todos deseamos que los otros estén comprometidos con nosotros) pero todos tenemos naturalmente miedo de agradecer. Jesús nos desafía a vencer este miedo. Él nos invita a romper las cadenas del egoísmo. Pues solo así podremos participar de su reino. Solo así seremos salvados.
De hecho, aquel único leproso, y solo él volvió inmediatamente y manifestó concretamente su gratitud: “llegó alabando a Dios en alta voz y echándose a los pies de Jesús, con el rostro en tierra, le daba gracias”, Jesús le pudo dar lo que más quería, no solo la simple sanación de su cuerpo, más también la salvación integral. Con él Jesús pudo empezar una nueva relación. Él aceptó estar comprometido con Dios.
Oh Jesús, cuantas veces sin percibir también yo hice lo mismo. Cuantas veces como un mecanismo de defensa, no manifesté mi gratitud a mis familiares, a mis amigos, a mis colegas y principalmente a ti, para no sentirme comprometido y obligado.
Cuantas veces en mi egoísmo preferí mantener relaciones superficiales, usando y desechando a los demás. Perdóname Señor, y ayúdame a ser diferente. Ayúdame a manifestar concretamente mi gratitud, pues despacito me doy cuenta que no existe otro camino de salvación y ni de felicidad.
El Señor te bendiga y te guarde,
El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti,
El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.