La princesa de Gales Kate Middleton generó mucho misterio estos últimos meses desde el anuncio de su cirugía abdominal, su ausencia pública y la supuesta crisis matrimonial con el príncipe William. En la red social X se viralizó una teoría de una aparente maldición que cayó en Middleton, así como en su recordada suegra Lady Di.
La supuesta maldición estaría vinculada a un anillo de zafiro que ambas emplearon. Diana Spencer, más conocida como Lady Di, sufrió un triángulo amoroso en su matrimonio con el ahora rey Carlos III, quien tuvo una relación extramarital con Camilla Parker-Bowles. Es sabido, que hoy en día la corona sigue bajo la aparente sombra de la infidelidad.
Pues se especula que el príncipe William estaría en un affaire con la marquesa Rose Hanbury. Ambos fueron vistos juntos el 14 de febrero del 2022 celebrando el Día de los Enamorados, aparentemente. A este rumor se le suma que tendría dos hijos más y que encima Kate Middleton estaría al tanto de la situación.
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Estas infidelidades estarían relacionadas con la maldición del anillo de zafiro que heredó Middleton de Lady Di. Con este anillo, las mujeres no solo corrieron con la pena de un engaño en su relación matrimonial, sino que la maldición tendría que culminar en un divorcio. Para los más esotéricos, la piedra del zafiro está relacionada con la energía de saturno, misma que atrae karma y divorcio.
Ante la teoría se compartieron varias reacciones en línea: “Lo peor del asunto es que le dio el mismo anillo que uso Lady Di, ese anillo contiene toda la tragedia que fue el catastrófico matrimonio con Carlos”, “El problema no es el zafiro, es la persona. Salió igual a su padre, no aprendió nada del sufrimiento de su mamá”, “Lo que atrae divorcios es la gente y su falta de principios, no una maldita piedra”, escribieron.
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Lady Di y su “vestido de la venganza” en cera, mientras preparan una muestra sobre el legado de moda de Isabel II
El museo de cera de París presentó la estatua de Lady Di, luciendo el llamado “vestido de la venganza”, famoso porque lo llevaba cuando su entonces marido el príncipe Carlos reveló sus infidelidades. Siguiendo con la monarquía británica, para el próximo año se prepara una exposición sobre el legado de moda de Isabel II en sus 70 años de reinado; a su vez, la princesa de Gales, Kate Middleton, está preocupada por los efectos nocivos de los smartphones en las relaciones humanas. Pasando a España, la reina Letizia fue objeto de muchas críticas en las redes por haber lucido un outfit del mismo color que su suegra, la reina Sofía, el día en que esta era homenajeada.
DIANA Y SU VESTIDO MÁS EMBLEMÁTICO, EN CERA
El Museo de Cera Grevin, situado en el centro de París, presentó en estos días el doble en cera de Lady Di que lleva una copia del famoso vestido negro con escote palabra de honor, de Christina Stambolian, que la entonces princesa lució cuando su marido confesó públicamente en la televisión sus infidelidades, en junio de 1994. “Este atrevido look, que rompía con los códigos de la realeza británica, fue rápidamente apodado el ‘vestido de la venganza’ e interpretado como un acto de reconquista, una poderosa imagen de feminidad afirmada, de confianza recuperada y símbolo de resiliencia”, señala el museo que ya contaba con los dobles en cera de Carlos III, ahora en el trono, y de su difunta madre, la reina Isabel II. Pero, sorprendentemente, la princesa Diana no estaba en el establecimiento, a pesar del destino trágico que une a Lady Di con la capital francesa, donde murió a los 36 años en un accidente de coche en agosto de 1997. La inauguración coincidió con los 30 años de una entrevista explosiva de Lady Di a la BBC el 20 de noviembre de 1995. “Éramos tres en ese matrimonio”, declaró entonces, en referencia a la amante de Carlos, Camila, que se convertiría en su segunda esposa. Diana, por su parte, reconoció haber tenido una aventura. “Diana sigue siendo una figura importante de la cultura pop mundial, admirada por su estilo, su humanidad y su independencia. Ella encarna esa mezcla única de tradición, modernidad e influencia cultural”, añade. La estatua de cera de la conocida como “princesa del pueblo” está expuesta bajo la cúpula del famoso museo, junto a otras conocidas figuras, como la del diseñador francés Jean-Paul Gaultier y la reina María Antonieta. Los dobles de Carlos III y de Isabel II están en otra galería, la de los jefes de Estado.
EXPONDRÁN EL GUARDARROPA DE ISABEL II
El Palacio de Buckingham acogerá, entre abril y octubre de 2026, una exposición sin precedentes que destacará el legado de moda dejado por la difunta monarca Isabel II en sus 70 años de reinado. Las entradas, que ya están a la venta, permitirán admirar unas 200 piezas del guardarropa de la soberana, fallecida en 2022 a los 96 años. La muestra incluirá desde sus suntuosos vestidos de ceremonia hasta sus célebres pañuelos, el estilo tan característico de la difunta reina. “El guardarropa de Isabel II era una lección magistral de simbolismo, costura y artesanía británica”, subrayó la comisaria de la exhibición, Caroline de Guitaut, citada en el comunicado. Los diseñadores Erdem Moralıoğlu, Richard Quinn y Christopher Kane contribuirán a esta exposición, llamada “Queen Elizabeth II: Her Life in Style” (Reina Isabel II: Su vida con estilo). Según Christopher Kane, “las prendas de la difunta reina cuentan la historia de Reino Unido y de la identidad cambiante del país a través de la moda”. Aproximadamente la mitad de las piezas se presentarán por primera vez al público, indicó en un comunicado el Royal Collection Trust, organismo encargado de la conservación del patrimonio de la monarquía. La muestra, presentada como la más grande dedicada al guardarropa de la soberana, también incluirá piezas más informales, como atuendos de equitación, un deporte que le apasionaba.
LA PREOCUPACIÓN DE KATE MIDDLETON
La princesa de Gales afirmó preocupada por los efectos nocivos de los teléfonos inteligentes en las relaciones humanas, en particular en los más jóvenes, según un texto publicado en el sitio web de su fundación para la infancia. En el sitio de la Royal Foundation Centre of Early Childhood, la organización que creó Kate Middleton en 2021 y que se ocupa de la primera infancia, la esposa del príncipe Guillermo firma un texto en colaboración con un psiquiatra estadounidense, Robert Waldinger, director de un estudio sobre el desarrollo adulto llamado “The Harvard Study of Adult Development”, para señalar los peligros de la “interferencia tecnológica”. “Aunque los dispositivos digitales prometen mantenernos conectados unos con otros, frecuentemente hacen lo contrario”, escriben la princesa y profesional. “Nuestros teléfonos móviles, tabletas y ordenadores se han convertido en fuentes de distracción permanente, que fragmentan nuestra atención y nos impiden prestar a los demás la consideración que las relaciones humanas exigen”, añaden. “Consultamos nuestros teléfonos durante las conversaciones, navegamos por las redes sociales en cenas familiares o respondemos correos electrónicos mientras jugamos con nuestros hijos. No solo estamos distraídos, sino que estamos retirando la forma de amor más elemental que requiere la conexión humana”, señala Kate en el texto escrito en colaboración con el psiquiatra.
¿GUIÑO O GANAS DE ROBAR LA ATENCIÓN?
Hace unos días, España celebraba los 50 años de la restauración de la monarquía, tras el fallecimiento del dictador Francisco Franco. En este contexto, se realizaron varios actos especiales, entre ellos un homenaje a la reina emérita Sofía quien recibió un Toisón de Oro de parte de su propio hijo, el rey Felipe VI.
Todo era dicha y emoción en el salón principal del Palacio Real, sede de la ceremonia, hasta que hizo su aparición en el lugar la reina Letizia luciendo un look del mismo color del traje de su suegra. Ambas vestían de rosa bebé, un color nada habitual en ceremonias institucionales, y el detalle no pasó desapercibido. La legendaria periodista Pilar Eyre, experta en realeza española, opinó en su columna de la revista Lecturas de que no se trataba de una casualidad, ni de un guiño, ni de un gesto cariñoso y cómplice de Letizia hacia la madre de su esposo, sino que de una trama premeditada para robarse el protagonismo en la ceremonia.
Las críticas en redes sociales no se hicieron esperar y muchos coincidieron en que fue una actitud irrespetuosa de Letizia que, teniendo un guardarropas enorme, justo optó por un diseño parecido al que iba a lucir su suegra quien llevó un atuendo hecho especialmente para ella, y con mucha antelación, por el modisto Alejandro de Miguel. “¿Cómo se puede llamar ‘gesto cariñoso’ vestirse exactamente igual que la persona a la que se homenajea?”, se preguntaba la columnista.
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Es como “una montaña rusa, dijo la princesa de Gales al hablar de su lucha contra el cáncer
La princesa de Gales Kate Middleton, que anunció en enero estar en remisión de su cáncer, comparó ayer miércoles la recuperación tras esta enfermedad con “una montaña rusa”, con “momentos difíciles”.
La princesa de Gales, esposa de Guillermo, el heredero al trono británico, reveló en marzo de 2024 que padecía cáncer, sin especificar de qué tipo. En enero, había anunciado, “aliviada”, que el cáncer estaba en remisión y en ese momento explicó que seguía “centrada” en su “recuperación”.
Tener cáncer es “una experiencia que cambia la vida, tanto para el paciente como para las familias”, destacó la princesa, madre de tres hijos, durante una visita al hospital de Colchester, en el este de Inglaterra.
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“No te das cuenta, sobre todo cuando es la primera vez, de hasta qué punto va a tener un impacto”, continuó la princesa, de 43 años. “Tienes que encontrar tu nueva normalidad, y eso lleva tiempo”, añadió.
“La recuperación, el camino hacia el restablecimiento” es como “una montaña rusa. (...) Pasas por momentos difíciles”, añadió Kate Middleton, dirigiéndose a pacientes, voluntarios y miembros del personal del centro oncológico del hospital.
“Pones buena cara, muestras cierto estoicismo durante el tratamiento, que termina y te dices ‘Puedo seguir, volver a una vida normal’, pero en realidad, el período posterior es realmente complicado”, insistió la princesa de Gales, subrayando la necesidad de apoyo para los pacientes en ese momento.
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Desde que anunció su remisión, la popular princesa ha retomado gradualmente sus actividades oficiales. A mediados de junio, sin embargo, renunció a asistir a las carreras de caballos de Royal Ascot. En ese momento, se dijo que estaba buscando “el equilibrio adecuado” tras su cáncer.
Fuente: AFP
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Vida, muerte, fantasía, ilusión, deseo… pulsiones y condición humana
- Ricardo Rivas
- Periodista
- X: @RtrivasRivas
- Fotos: Gentileza
Vida, muerte, ilusión, deseo... pulsiones incrustadas en la condición humana, aunque “reyes y peones, al final de la partida, vuelven a la misma caja”.
“¿Fantasear o desear...?”. Ese era el dilema que, en frecuentes charlas de café, proponía un tan veterano como anónimo polemista que habitaba, cuando la tarde agonizaba, algunas de las selectas mesas en el mítico café La Paz, en la esquina de la avenida Corrientes 1593, cuando esa arteria cordial se cruza con la calle Rodríguez Peña, muy cerca del Obelisco, en Buenos Aires, unos 1.300 kilómetros al sur de mi querida Asunción.
Era los años 70, en el siglo pasado. Enfrente –justo en diagonal– intentaba competir el bar Ramos. En concurrentes habituales estaban cabeza a cabeza. Inolvidables, por cierto. Pero el caso es que, luego de encender la polémica con aquel interrogante, con impostado tono académico, intentaba, aquel sanatero, zamarrearnos.
¡Me parece verlo! Acomodaba prolijamente los dos o tres libros de Sigmund Freud o de Foucault que siempre llevaba con él y lentamente –como buscando las palabras más adecuadas– iba al punto. Fumaba tabaco inglés en una pipa muy gastada y sobre su prominente nariz montaba espejuelos redondos tonalizados verde oscuro.
“El tío Segismundo –ironizaba mientras revoleaba sus manos refiriéndose a Freud– cuando compartíamos algunos puros con amigos en el Café Frauenhuber, en la inolvidable Viena, nos explicaba con claridad, jóvenes amigos, palabra más, palabra menos, que solo fantasean las personas insatisfechas”.
PULSIÓN
Lo seguíamos en silencio. Algunas veces –como la ignorancia nos impedía responder y/o, mucho menos, poner alguno de sus dichos en duda, hacía una pausa que disfrutaba y, si la memoria no me falla, en aquel caso puntual remató: “Cada fantasía surge de una pulsión para cumplir con un deseo insatisfecho, muy deseado, que corrija la realidad”.
Nunca recuerdo su nombre. En verdad, no tengo claro si alguna vez lo supe. Pero sí, sus anécdotas con pretensiones académicas y que se definía como “un libre pensador, diletante”. ¡Nos maravillaba! Aunque –debo admitirlo– teníamos dudas que no confesábamos sobre su presunta sabiduría por aquello de que entre los ciegos un tuerto es rey.
“¡Déjese de joder, farfullante…!”, recuerdo que le dijo –indisimuladamente molesto y a voz en cuello– un reconocido profesional y estudioso freudiano, de quien exclusivamente consignaré sus letras iniciales (G.G.), que incontenible por lo que también escuchó abandonó su café en una mesa cercana y lo increpó sin miramientos.
Un pesado silencio cubrió todas y cada una de las mesas. El increpado no atinó a responder. Se retiró cabizbajo –con sus tres libros bajo el brazo– enmudecido y sin plantarle cara. El increpante nos miró, se disculpó “por interrumpir la conversación sin que nadie me llame” y fue al punto: “Simple y sencillo, muchachos. La fantasía tiene que ver con el imaginario. Con lo que creemos o sabemos que muy difícilmente suceda. Con aquello que suponemos imposible y que, de alcanzarlo, imaginamos sería placentero, pero sabemos que no podrá ser. Desear es converger la fantasía con la realidad más deseada en algún momento de tu vida. ¡No entender esa diferencia es grave… y, pretender explicar desde la ignorancia y la confusión, no lo puedo dejar pasar!”.
Renovó su disculpa y volvió a su mesa. “Como una escuela de todas las cosas...”, como nos enseñó Discépolo cuando escribió aquel tangazo que llamó “Cafetín de Buenos Aires”, así era el bar La Paz. Fantasías. Deseos. Ilusiones. Me atrevo a añadir que, como entonces, en estos tiempos de imágenes exacerbadas y exacerbantes que circulan y atropellan en los avasallantes ecosistemas digitales que facilitan las comunicaciones reticulares contemporáneas, aquellas –junto con la vida y la muerte– emergen como inevitables pulsiones incrustadas en el día a día de nuestros días.
OXÍMORON
Claramente, forman parte de la condición humana. Pese a que, con el correr de los tiempos y a la democratización de las monarquías (¿oxímoron?), con mucho menos frecuencia que algún tiempo atrás y, en aquel contexto, escuchar decir “vida de príncipes”, sorprende porque pareciera ser una expresión que cae en desuso.
Aun así, hay quienes insisten con ella cuando se procura producir sentido respecto de alguna persona que –a juicio de quien así se expresa– tiene allanado el acceso a poderosos y poderosas o cuando dispone de bienes materiales en abundancia o cuando no debe preocuparse por necesidades que –como tales– sí lo son para la mayoría de la humanidad.
En ese contexto, tampoco el futuro debiera ser preocupante para quienes tienen –siempre a la vista de las otredades– tránsitos principescos o, acaso, propios de las realezas. Hambre, desocupación, falta de salud, de educación. En aquel contexto, se suponen alejados de aquellos y aquellas minorías vistosas. Sentires y decires. Pareciera, incluso, que nada ni nadie está exento, alguna vez, de emitir esos juicios o ser depositario de ese tipo de expresiones.
Hasta la muerte –en ciertas ocasiones, por la forma en que se produce y a quien afecta– hace que no sean escasas las voces que se atreven a afirmar que Mengana o Fulano “murió como un príncipe”. En el siglo XIX y buena parte del XX era frecuente que así se significara la partida de este mundo cuando las y los finados eran considerados socialmente como “patricios” o “ricos”.
Curioso, por cierto. Y tanto lo era (y es) que vaya a saber a quién y en qué situación tuvo la lucidez para destacar que “al final de la partida, reyes y peones vuelven a la misma caja”. ¿Sabiduría popular? Tal vez.
LA BODA DEL SIGLO
Aún recuerdo cuando el 29 de julio de 1981 –la tele satelital cuando el mundo era mundial y para nada global– puso “en el aire” (vieja expresión de uso común en la radiotelefonía de entonces, hoy casi olvidada), desde la catedral de San Pablo, en Londres, la que fue llamada como la “boda real o del siglo” porque, aquel día, el príncipe Carlos (32) –hijo primogénito de Isabel Alejandra María Windsor (1926-2022), la reina Isabel II del Reino Unido y de la Commonwealth desde 1952 hasta su muerte– contrajo matrimonio con la joven aristócrata llamada Diana Spencer (20).
Cerca de 800 millones de televidentes lo vimos. “¡Parece un cuento de hadas...!”, escuché decir a dos mujeres que – como otros muchos, frente a una vidriera colmada de televisores– vimos pasar a Carlos, por entonces príncipe de Gales, y Diana recién casados, a bordo del 1902 State Landau, como se conoce al carruaje que, en aquel año, el rey Eduardo VII –tío del contrayente– ordenó construir para ceremonias relevantes.
En la Argentina, desde poco menos de tres años, teníamos tele en colores. La novia, tanto en el ingreso a San Pablo –luego de descender junto con John, su padre, VIII conde de Spencer, de un carruaje vidriado– como en el momento en que salió de esa catedral con su esposo convertida en “alteza real”, tuvo que detenerse varios minutos para que las “damas de honor” acomodaran la cola de su vestido “de casi ocho metros de largo”, relataba la transmisión oficial.
¡Hermoso para ver! Un año y 22 días después –el 21 de julio de 1982– se anunció el nacimiento del príncipe Guillermo, heredero de la corona británica. El 15 de setiembre de 1984 –setecientos ochenta y siete días después que su hermano mayor– nació el príncipe Enrique.
Sin embargo, y como sostiene el dicho popular, “no todo lo que reluce es oro”. El 28 de agosto de 1996 –cinco mil quinientos nueve días después de aquella boda principesca– Diana y Carlos se divorciaron. Con el paso del tiempo la fantasía pública trocó en públicos desatinos vinculares. La princesa descubrió y confirmó que el príncipe tenía como amante a Camilla Parker-Bowles, una amiga de la Casa Real. ¡Crisis!
MULTITUD
Carlos pasó –para muchas y muchos– a ser el “realmente odiado”. Diana, en el transcurso de 1995, decidió no ocultar la situación. Habló con la BBC, la tele pública en el Reino Unido. “¿Cree que Camilla Parker-Bowles fue el factor que desencadenó el fracaso de su matrimonio?”, preguntó el periodista Martín Bashir a “su alteza real”. La respuesta fue simple, breve y clara: “Bueno, éramos tres en mi matrimonio. Y eso es una multitud”. El 31 de agosto de 1997, Diana, Dodi Al-Fayed (1955-1997), multimillonario egipcio, y el chófer, Henri Paul, murieron en un accidente de tránsito ocurrido en el interior del túnel del Pont de l’Alma, en París.
Aquel príncipe, Charles Philip Arthur George (77), desde el 8 de setiembre de 2022, es Carlos III, rey del Reino Unido y de los otros reinos de la Mancomunidad de Naciones. Camilla Rosemary Shand, luego Parker-Bowles (78) –la tercera de aquel matrimonio principesco que “era multitud”, como lo sentenció Diana, “la princesa del pueblo”, como la categorizó para siempre el ex primer ministro Tony Blair, el 31 de agosto de 1997– es reina consorte.
Fantasías. Deseos. Ilusiones. Condición humana. Fantasías. Deseos. Ilusiones. “Cambia, todo cambia”, canta como nadie Mercedes Sosa. Los khasi –una minoría étnica originaria que habita en el estado de Meghalaya, noreste de la India desde antes de las invasiones dravídicas pobladoras del sur en ese mismo país– desconocen quiénes de sus antecesores y cuándo comenzaron a orientar las raíces de los árboles para construir con ellas “puentes vivientes”.
Lejos de aquellas selvas inigualables, recién se supo algo de los que se conocieron entonces también como “los puentes de raíces vivas de Sohra (Cherrapunji)”, cuando era avanzado el siglo XIX. Los exploradores occidentales se asombraron con aquel descubrimiento. En La Sociedad Asiática, un histórico periódico que se publicaba en Calcuta en 1844, se consignó la información. Desde aquellos tiempos, es polo de atracción hasta nuestros días.
“AMOR RECÍPROCO”
Hacia allí, unas tres semanas atrás, partieron en luna de miel el príncipe Raj Raghuvanshi (21) y la princesa Sonam Raghuvanshi (24). Eran marido y mujer porque sus madres –en esa sociedad matrilineal– así lo acordaron. Ambos pertenecían a la misma clase social y casta. Aquel enclave natural que, además, con unos 12.000 milímetros de lluvias anuales es, según Guinness, el lugar más lluvioso de cada año, era perfecto para manifestarse amor recíproco sin interferencias. La actuación crucial de la mehndi, la celebración musical previa, la ceremonia principal, la fiesta posterior quedaron atrás.
Me explican –por Whatsapp, desde Nueva Delhi, tres diplomáticos chimenteros que me pidieron anonimato– que los fastos nupciales se extendieron por cuatro días. Las dos familias en estado de tranquilidad. Espiritual, social y económico. No faltó nada. Se observaron todos los rituales. Homa (la ofrenda al fuego) se concretó. El Panigrahena, los unió como nunca antes. Las siete vueltas al fuego –el Satapadi– hizo celebrar a muchas y muchos, sonreír a las y los más refinados y desear, ilusionarse... soñar, a otros y otras.
Samskara se instaló en la flamante pareja. Luego, silencio. Los días pasaban y... más silencio. Pero irrumpió la angustia. Primero en el que fue el pueblo de ambos, luego en la provincia, la región y, finalmente, en todo el país. “¿Dónde están?” “¿Qué se sabe?”. La falta de novedades fue parte de las informaciones de la agencia de noticias nacional. Se iniciaron las búsquedas. Los supuestos ganaron el espacio público. Las ideas conspiranoides de poderosos y poderosas ingresaron en los circuitos informativos.
Nadie respondía a las incesantes llamadas a los móviles de Raj y Sonam. La policía y los servicios de inteligencia de la India los monitoreaban inútilmente. También el de uno de los hermanos de la princesa. ¡Nada! Pero, cuando nadie lo esperaba, todo cambió. El domingo pasado aquella novia obediente de los acuerdos y mandatos familiares que se mostró alegre, ilusionada, ante los unos y los otros; que fue objeto de los comentarios de sus vecinos e incluso blanco preferente a la vista de aquellas y aquellos que por ser de clases inferiores o de castas poco respetables no debieran haberla mirado, trocaron interrogantes y angustia sociales.
DIMES Y DIRETES
Desde algunos anocheceres en las sacudidas calles de aquel país con 1.400 millones de habitantes, se sabía por trascendidos –que más tarde se confirmaron– que el cadáver de Raj fue encontrado y recuperado de las profundidades de un precipicio con abundante vegetación. Fue el momento de los dimes y diretes. Se conoció el escabroso detalle de que el cuerpo lo encontraron con el cráneo partido con dos golpes duros aplicados con algún objeto contundente y cortante.
¡Horror! Rescatistas e investigadores tuvieron la convicción de que fue asesinado. Así lo dejaron trascender. No murió como un príncipe. Pero las honras fúnebres sí lo fueron para despedir a su alteza real. Sonam, esposa por un breve tiempo –geolocalizada desde el momento en que se comunicó con uno de sus hermanos– supo por quienes la hallaron que era viuda.
Gritó. Se ahogó en llanto. Insistió con el deshilachado argumento de que fueron víctimas de secuestro. Pero no tenía una coartada que generara, por lo menos, una duda. También supo que Rai Kushwaha, un chófer a su servicio, estaba preso en otra celda. Fue apresado en su pueblo natal, Madhya Pradesh. Contrastaron sus respuestas. Eran amantes desde tiempo antes de que Sonam y Raj protagonizaran una boda principesca.
Como en el caso de Carlos y Diana –con Rai– también se constituyeron en multitud. El amante capturado también confesó. Señaló a los tres criminales que asesinaron al príncipe –sus cómplices– a los que convenció para que ejecutaran al joven esposo de la mujer que también amaba.
Los sicarios fueron apresados. Abrumados, admitieron. La exprincesa viuda dejó de ser víctima para ser victimaria. La justicia la acusa de ser quien incitó a su frustrado enamorado de la necesidad de asesinar a Raj. Vida, muerte, ilusión, deseo... pulsiones incrustadas en la condición humana, aunque “reyes y peones, al final de la partida, vuelven a la misma caja”.
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Kate Middleton y su futuro como reina: ¿se está preparando para el trono?
La prensa inglesa está especulando que la princesa de Gales, Kate Middleton (43) ya se estaría preparando para asumir el rol de reina consorte, tras la hospitalización del rey Carlos III y las dudas sobre su recuperación. Desde que Middleton anunció en enero que su cáncer entró en remisión, ella retomó gradualmente sus deberes reales y cambió el estilo de su guardarropa; lo que sería un guiño a la elegancia de lo que fue la reina Isabel II.
Medios británicos destacan que Kate implementó algunos cambios desde su regreso a la vida pública, lo que podría indicar su preparación para el rol de reina consorte. Entre estas modificaciones se encuentra su renovado estilo, con una preferencia por looks o outfits monocromáticos, similar a los que usaba la recordada la reina Isabel II.
Además, Kate incrementó su presencia institucional, asistiendo a eventos de gran relevancia, donde se muestra como toda una autoridad. Estos cambios llevaron a que algunos consideren que la princesa de Gales está adoptando una postura más acorde con el papel que eventualmente la convertiría en Reina de Inglaterra.
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Sobre Kate Middleton
Kate Middleton nació el 9 de enero de 1982 en Reading, Inglaterra, ella es la esposa del príncipe William y ostenta el título de Princesa de Gales desde el 29 de abril de 2011. Proveniente de una familia de clase media, estudió Historia del Arte en la Universidad de St. Andrews, donde conoció a al hijo de la princesa Diana. La pareja tiene tres hijos: el príncipe George, la princesa Charlotte y el príncipe Louis.
En marzo de 2024, Kate anunció que le habían diagnosticado cáncer tras una cirugía abdominal y comenzó un tratamiento de quimioterapia. Se apartó temporalmente de sus deberes reales para centrarse en su recuperación y en su familia. En enero de 2025, comunicó que estaba en remisión y retomó sus actividades públicas.
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