Nobel de Química premia predicción de proteínas con IA
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Los norteamericanos David Baker y John Jumper y el británico Demis Hassabis ganaron este miércoles el Premio Nobel de Química, por sus trabajos capaces de predecir la estructura de las proteínas sirviéndose de la inteligencia artificial (IA).
Baker, un bioquímico de 62 años, fue merecedor de la mitad del galardón por sus avances sobre el “diseño computacional de proteínas”, mientras que Hassabis y Jumper compartieron la otra mitad por “la predicción de las estructuras de las proteínas”, indicó el jurado.
Baker “logró la hazaña casi imposible de construir proteínas completamente nuevas”, explicó el jurado. “Entre una infinidad de aplicaciones científicas, los investigadores ahora pueden comprender mejor la resistencia a los antibióticos y crear imágenes de enzimas que pueden descomponer el plástico”, añadió. Interrogado por el jurado del Nobel, Baker se dijo “muy entusiasmado y muy honrado”. “Estaba dormido cuando sonó el teléfono, lo levanté y escuché el anuncio, entonces mi esposa empezó a gritar”, declaró.
El investigador explicó que está muy impresionado con “todas las formas en que el diseño de proteínas puede ahora hacer del mundo un lugar mejor”, en campos como la salud, la medicina, la tecnología y la sostenibilidad. “Nuestros nuevos métodos de IA son mucho más poderosos” que los tradicionales, explicó.
El dúo formado por Demis Hassabis, de 48 años, y John Jumper, nacido en 1985, y que dirige Google Deepmind, ha “desarrollado un modelo de inteligencia artificial para resolver un problema de hace 50 años: predecir las estructuras complejas de las proteínas”, según el jurado. Su modelo de IA, Alphafold, puede predecir la estructura tridimensional de las proteínas en función de su aminoácido.
“Con la ayuda de esta IA, lograron predecir la estructura de casi la totalidad de los 200 millones de proteínas identificadas por los investigadores”, añade. Los dos hombres, citados entre los favoritos, ya habían recibido el prestigioso Premio Lasker en 2023. “Me quedé atónito y en blanco durante unos minutos”, dijo Hassabis a la agencia TT. Sobre su trabajo con John Jumper, dijo que “ha sido un verdadero desafío para la biología informática”.
“Un logro monumental”
Google DeepMind felicitó a los dos investigadores en la red social X. “Este es un logro monumental para la IA, la biología informática y la ciencia misma”, afirmó el laboratorio de investigación. Heiner Linke, presidente del Comité Nobel de Química, dijo en una conferencia de prensa que “las proteínas son las moléculas que permiten la vida”.
“Las proteínas son bloques de construcción que forman huesos, piel, cabello y tejidos”, agregó. La forma de las proteínas es clave ya que determina su función. “Para entender cómo funciona la vida, primero necesitamos entender la forma de las proteínas”, dijo Linke. En 2023, los tres galardonados recibieron el premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Biomedicina por sus trabajos en ese tema.
El año pasado, el Premio Nobel de Química recayó en un trío por su investigación sobre nanopartículas llamadas puntos cuánticos: Moungi Bawendi (Estados Unidos-Francia-Túnez), Louis Brus (Estados Unidos) y Alexei Ekimov (Estados Unidos, nacido en la URSS).
El premio de Física del martes fue para el estadounidense John Hopfield y el británico-canadiense Geoffrey Hinton por sus trabajos pioneros sobre el aprendizaje automático, una herramienta empleada en el desarrollo de la inteligencia artificial. El lunes se otorgó el de Medicina a los científicos estadounidenses Victor Ambros y Gary Ruvkun por su descubrimiento del microARN y su papel en la regulación de los genes.
La temporada de estos galardones continúa esta semana con el anuncio de los esperados premios de Literatura el jueves y de la Paz el viernes. El de Economía cerrará la serie el lunes 14 de octubre. Para los ganadores de 2024, el cheque que acompaña al premio es de 11 millones de coronas suecas, el equivalente a un millón de dólares o más de 970.000 euros. Otorgados desde 1901, los Premios Nobel honran a aquellos que, en palabras del creador del premio y científico Alfred Nobel, “confirieron el mayor beneficio a la humanidad”.
Estos son los ganadores en los últimos 10 años del Premio Nobel de Química, otorgado este miércoles a los norteamericanos David Baker y John Jumper y el británico Demis Hassabis por sus trabajos en la predicción de la estructura de las proteínas mediante la inteligencia artificial.
2024: David Baker (Estados Unidos), John Jumper (Estados Unidos) y Demis Hassabis (Reino Unido) por sus avances en la predicción de la estructura de las proteínas sirviéndose de la inteligencia artificial.
2023: Moungi Bawendi (Estados Unidos-Francia-Túnez), Louis Brus (Estados Unidos) y Alexei Ekimov (Estados Unidos, nacido en Rusia) por el desarrollo de las nanopartículas denominadas puntos cuánticos, utilizados para iluminar televisores y lámparas.
2022: Carolyn Bertozzi (Estados Unidos), Morten Meldal (Dinamarca) y Barry Sharpless (Estados Unidos) por el desarrollo de la química click y bioortogonal, en la que los bloques moleculares se unen rápida y eficientemente y que tienen numerosas aplicaciones.
2021: Benjamin List (Alemania) y David MacMillan (Estados Unidos) por el desarrollo de una herramienta precisa de construcción denominada organocatálisis asimétrica, de gran impacto en la investigación farmacéutica.
2020: Emmanuelle Charpentier (Francia) y Jennifer Doudna (Estados Unidos) por sus investigaciones sobre las “tijeras moleculares”, un avance “revolucionario” para modificar los genes humanos y reescribir el ADN que puede ayudar a desarrollar nuevas terapias contra el cáncer.
2019: John Goodenough (Estados Unidos), Stanley Whittingham (Reino Unido) y Akira Yoshino (Japón) por el desarrollo de las baterías de iones de litio.
2018: Frances Arnold (Estados Unidos), George Smith (Estados Unidos) y Gregory Winter (Reino Unido) por sus trabajos que aplican los mecanismos de la evolución para crear nuevas y mejores proteínas en laboratorio.
2017: Jacques Dubochet (Suiza), Joachim Frank (Estados Unidos) y Richard Henderson (Reino Unido) por haber desarrollado la criomicroscopia electrónica, un método revolucionario de observación de las moléculas en 3D.
2016: Jean-Pierre Sauvage (Francia), Fraser Stoddart (Reino Unido) y Bernard Feringa (Países Bajos), padres de las minúsculas “máquinas moleculares” que prefiguran los nanorobots del futuro.
2015: Tomas Lindahl (Suecia), Paul Modrich (Estados Unidos) y Aziz Sancar (Estados Unidos/Turquía) por sus trabajos sobre el mecanismo de reparación del ADN, que puede conducir a nuevos tratamientos contra el cáncer.
2014: Eric Betzig, William Moerner (Estados Unidos) y Stefan Hell (Alemania), por desarrollar la microscopía fluorescente de alta resolución.
En el marco del proyecto denominado “Programa integral de salud y rehabilitación criminológica en prisiones: prevención y desistimiento criminal”, el Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales (INECIP-Py) y el Ministerio de Justicia (MJ) suscribieron un convenio específico complementario de cooperación para la implementación de una iniciativa que busca fortalecer el abordaje técnico y científico de la realidad penitenciaria del país.
El programa contempla el diseño de un programa integral de salud física y mental en los establecimientos penitenciarios, además de la creación de sistemas de gestión y monitoreo de información sanitaria y criminológica que contribuyan a la toma de decisiones institucionales basadas en evidencia científica.
ACCIONES
Entre las principales acciones previstas se encuentran la evaluación criminológica y de riesgo para la clasificación penitenciaria; el desarrollo de programas preventivos para enfermedades transmisibles y no transmisibles; y la elaboración de planes de capacitación continua dirigidos a funcionarios penitenciarios.
Asimismo, se prevé la realización de investigaciones académicas y publicaciones científicas conjuntas en áreas vinculadas con la criminología, la salud y el régimen penitenciario. Este acuerdo fue firmado por el doctor Rodrigo Nicora, ministro de Justicia, y Roque Arnaldo Orrego Orué, presidente de Inecip.
La Facultad Politécnica de la Universidad Nacional del Este (FPUNE) fue sede del III Workshop del proyecto regional sobre hidrógeno verde y transición energética, el 6 y 7 de julio pasado, con la participación de investigadores de Paraguay, Argentina, Brasil y Uruguay.
Durante las jornadas de trabajo, la delegación paraguaya expuso los retos locales para pasar de la retórica del potencial a la instalación de capacidades reales de producción.
Desde una perspectiva regional e interdisciplinaria, la investigación busca identificar oportunidades estratégicas y abordar desafíos específicos para lograr un despliegue efectivo del hidrógeno verde como recurso energético sostenible en el Mercosur.
EXPERIENCIAS
Los investigadores de la Universidad Estadual de Campinas (UNICAMP) y la Universidad Federal de Ceará (UFC) de Brasil aportaron sus experiencias en logística e infraestructura industrial; el equipo de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) de Argentina analizó las perspectivas de inserción en el mercado global, mientras que la Universidad de la República (Udelar) de Uruguay centró su aporte en los marcos institucionales necesarios para que el Mercosur avance de manera integrada.
En el plano local, el liderazgo del proyecto está a cargo del Grupo de Investigación en Transición Energética de la FPUNE, con el Dr. Anastacio Sebastián Arce como investigador principal, acompañado por Clara Arévalos, Rubén Kang, Willians Panadero, Flavia Andrade y Esteban Campuzano.
El equipo académico trabaja en alianza con la Fundación Parque Tecnológico Itaipú Paraguay (PTI-PY), a través de los investigadores Gustavo Riveros y Enrique Buzarquis, fortaleciendo la articulación entre la formación universitaria, la investigación y la experimentación aplicada.
Como parte de la agenda desarrollada en Paraguay, los investigadores realizaron una visita técnica a la Unidad Experimental de Producción de Hidrógeno Verde, ubicada en Hernandarias.
La planta, coordinada por el PTI Paraguay y operativa desde enero de este año, constituye una plataforma de investigación aplicada que permite validar en condiciones reales los estudios desarrollados por el equipo científico, luego de más de un año y medio de trabajo conjunto.
En Delfos, en las Rehov HaNevi'im (las Calles de los Profetas de Israel), en la Biblia, en el Corán, en la Torá, la historia de la humanidad da cuenta de que hombres y mujeres buscaron
saber y conocer. Desde hace algún tiempo, pareciera que hay quienes también acuden a la IA en procura de certezas
IA vs. IA. El ataque inesperado. ¿Se cumplió la profecía de Christopher Olah?
Ricardo Rivas
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Ricardo Rivas
Periodista
X: @RtrivasRivas
La IA parece estar en todas partes y –justamente por ese crecimiento exponencial– lo que ocurrió preocupa. La IA también pareciera haberse apoderado del conocimiento. ¿La IA será una mutación del Aleph borgiano al que algunos “desarrolladores” procuran que la humanidad acuda para saber y conocer?.
“Internet no es la nueva ágora, como muchas personas suelen sostener. No es una especie de plaza pública como las que milenios atrás eran espacio para la reunión o el debate público. No lo es pese a que palabras tales como ‘foro’ o ‘comunidad’, solo por aportar un par de ejemplos, se hayan adoptado y resignificado –tal vez– para que las interacciones de todo tipo en los ecosistemas digitales se naturalicen”, sostiene Juan Manuel Brunschetta Vogt (68), quien desde la última década del siglo pasado diseña y desarrolla proyectos que se apoyan en la digitalidad.
“En los últimos quince años la domótica (IoT o IdC, la internet de las cosas, según sean sus siglas en inglés o español, respectivamente) es mi universo creativo y comercial”, agrega. Por esa razón afirma que “toda vulneración a la seguridad informática y mucho más cuando se produce con la IA (inteligencia artificial) como herramienta autónoma, dispara una preocupación social y profesional inevitable”.
La conversación entre varios tertulianos sentados a la mesa de un bar frente al mar en una fría tarde en algún lugar de la costa bonaerense argentina se dispara. Es tiempo de vacaciones invernales. Alguien –quiero suponer que un tanto en broma y por sus gestos, algo en serio– se toma de los dichos de JM y suelta: “¿Debo protegerme acaso de un eventual ataque personal que alguna banda de malhechores digitales ejecute pirateando la aspiradora que la tengo conectada con la APP del smatphone?”.
La respuesta llegó en medio de risas y silencios. “No, necesariamente. Pero creo que debieras pensar en contratar mis servicios para que prevenga que Alexa no ataque a Google Assistant o que ambas, aliadas sin que lo sepas vayan contra Gemini”, dijo el experto antes de retirarse. ¿De qué hablan estos tipos? Los que se quedaron, pese a la partida “del que sabe”, no abandonaron el tema. “Aunque parezca una charla sin sentido, JM no exagera, desde hace algún tiempo, mucho más desde que irrumpió la IA, millones consultamos con la inteligencia artificial para saber más de todo y sobre todo rápidamente, cuanto antes…”.
¿QUIÉN ORDENÓ EL ATAQUE?
Fue noticia el martes último. El desarrollo de inteligencia artificial (IA) especializado en ciberseguridad catalogado como GPT-5.6 junto con otro diseño que todavía no es público (y así continúa, por lo menos hasta el cierre de este trabajo) planificaron y perpetraron un ciberataque contra otro sistema de IA. ¡Joder! ¿Quién ordenó el ataque? Por lo que se sabe, ningún humano intervino.
Consignar que los sistemas de medios públicos y privados –tanto tradicionales como los que operan en los ecosistemas digitales– inmediatamente después de conocida la novedad priorizaron esa información es una obviedad. Unas pocas horas después, OpenAI confirmó lo ocurrido. Pero las explicaciones no fueron suficientes. La ciencia ficción hace ya muchos años nos hizo saber que esto podría suceder.
El periodismo profesional –para mediar respuestas que la sociedad reclama– fue por más. La colega Kate Conger, del diario The New York Times, desde la ciudad de San Francisco, en la costa oeste, reportó que “dos modelos de inteligencia artificial (IA) se descontrolaron y lograron entrar sin autorización a Hugging Face, una biblioteca digital de tecnología de IA muy popular entre los desarrolladores” de esos sistemas.
Precisó también que “el incidente” se produjo una semana antes “mientras OpenAI ponía a prueba las capacidades de ciberseguridad de sus sistemas” y recordó que “durante el último año, laboratorios de IA como OpenAI y Anthropic han lanzado modelos adaptados para detectar fallas de ciberseguridad” donde fuere pero, al mismo tiempo, advirtieron que los desarrollos tecnológicos que aplican con esos fines “podrían plantear nuevos riesgos al encontrar brechas en las redes informáticas corporativas más rápido de lo que los equipos de defensa pudieran (hacer para evitarlas y) solucionarlas”.
CIENCIA FICCIÓN
Grave, sin dudas, y, desde esa perspectiva, Conger categorizó el suceso como “el tipo de escenario propio de la ciencia ficción que las empresas de IA habían advertido que pronto se volvería realidad”.
La Carta Encíclica Magnifica Humanitas, que escribió el papa León XIV, también alertó sobre ello. ¿Profecía autocumplida? ¿Cómo saberlo…? La IA parece estar en todas partes y –justamente por ese crecimiento exponencial– lo que ocurrió preocupa. La IA también pareciera haberse apoderado del conocimiento.
¿“El aleph” de Borges (Jorge Luis, 1899-1986), aquel objeto mágico que el viejo maestro situó en el sótano de una vieja casona bonaerense que contenía todos los puntos del espacio y del tiempo para escribir en 1949 un cuento fantástico, tiene vida propia? ¿La IA será una mutación del Aleph borgiano al que algunos “desarrolladores” procuran que la humanidad acuda para saber y conocer?
Durante largo tiempo imaginé las profecías como parte de tiempos tan lejanos como improbables. De ellas solo daban cuenta los textos sagrados para las religiones. “Los profetas poseen las habilidades necesarias para predecir el futuro”, respondió alguna vez, cuando era niño, aquella maestra que iluminó muchos de los tiempos que pasaba entre el patio de la escuela y los pupitres con tinteros que hoy pienso como parte de mi prehistoria.
PROFECÍAS
Un cura católico, en la parroquia de Santiago Apóstol, muy cerca de la cancha de River que ya era El Monumental, en el Bajo Belgrano, mi pueblo natal en Buenos Aires, unos 1.300 kilómetros al sur de mi querida Asunción, me dio una explicación que la comprendí como muy distinta, aunque –quizás– fuera parecida. “Los profetas tienen el don de la profecía para revelarnos lo que vendrá inspirados por Dios”.
No tuvimos mucho tiempo para profundizar en aquellas enseñanzas. Al padre Alfredo –alto, flaco, desgarbado, que con jeans gastados y calzado con zapatillas Flecha jugaba con nosotros (los pibes) a la pelota– lo desaparecieron. Hoy, cuando evoco y lo recuerdo, tengo la convicción de que muchas veces conversé con un profeta. En la antigüedad griegos y romanos buscaban el saber en los oráculos. Al de Apolo, en Delfos –en la ladera sur del monte Parnaso, el “ombligo del mundo”, como muchos y muchas todavía lo llaman a ese punto geográfico– el pueblo concurría para dejar atrás las incertidumbres.
Casi doscientos kilómetros caminaban las y los atenienses para saber… y saberse. Tuvo, tiene y tendrá sentido aquel pensamiento que exhortaba y exhorta al conocimiento de nosotros mismos. ¿Cómo saber del hoy y del mañana si desconocemos quiénes somos? Incertidumbre y conocimiento –desde siempre– van de la mano.
LA PITONISA
Alguna vez en Santorini –después de navegar unas doscientas cincuenta millas en el Egeo– sentados en la playa con los ojos clavados en ninguna parte y en un horizonte que siempre se aleja, mientras compartíamos un Agiorgitiko –un vino tinto suave que estalla frutado en los paladares– un “viejo marinero español”, así se definió, aseguró que la milenariamente famosa Pitonisa de Delfos mediaba los saberes y conocimientos del dios Apolo para que llegaran a quienes procuraban saber y conocer.
“Era su sacerdotisa, su adivina, desde el momento mismo en que Apolo derrotó en brava lucha a Pitón, la serpiente que celosamente custodiaba Delfos”. ¿Y que era lo que sabía y conocía? “Todo. De la vida, de la muerte, del ayer, del hoy, del mañana… absolutamente todo, de todos”, respondió aquel “viejo marinero español”.
Incertidumbre y conocimiento –desde siempre– van de la mano. Acudir a la Pitonisa de Delfos en procura de certezas era una práctica social extendida. Verificarlo es sencillo cuando se recorre atentamente la historia universal. Aquí, allá y acullá. En 2011, antes de partir hacia Oriente Medio, el rabino Mario Rojzman –amigo y hermano entrañable– me indicó como “imprescindible que recorras la Calle de los Profetas, la Rehov HaNevi’im, en Jerusalén”.
Lo hice. Y allí descubrí y creo haber aprendido que las calles de Israel no se recorren, se leen en cada una de sus piedras. Jerosolimitanos o no. Los profetas del cristianismo, del islam y del judaísmo caminaron y predicaron allí. Ese es el lugar donde hablaron y se hicieron escuchar. También en la Rehov HaNevi’im los escucharon quienes quisieron escucharlos y luego decidieron –en cada caso– cuál era la verdad que tres mil años después aún leen, interpretan y observan sus descendientes. La Biblia, la Torá, el Corán, los Evangelios se escribieron allí y en esos textos sagrados para millones se guarda la sabiduría.
INCERTIDUMBRE
Incertidumbre y conocimiento –desde siempre– van de la mano. “Navegamos en mares de incertidumbres con algunos archipiélagos de certezas”, decía –palabras más, palabras menos– Edgar Morin (1921-2026). Los relatos sociales, las religiones, la salud, las creencias, el amor, los aprendizajes, el comercio, los saberes… y hasta las ignorancias más supinas… todo pareciera pasar por los filtros de la IA que ambiciosa pareciera intentar ser única.
¡Tremendo! Pavura da pensar que no son pocas ni pocos los autócratas emergentes de estos tiempos que aspiran a que la política, la guerra y la paz por las operaciones de los grandes modelos de lenguajes (LLM, por sus siglas en inglés) y las redes neuronales –convencionales (CNN) o recurrentes (RNN)– en procura de respuestas que (prueba/error en orden a los deseos de sus investigadores y diseñadores) arrojen resultados y corrijan los que ellas y ellos consideran como errores.
Nos son escasas tampoco las personas que se preguntan: “¿Se puede confiar en esos modelos tecnológicos en su estado actual?”. No tengo respuesta y, si creyera tenerla, admito que no me animo este domingo a expresarla públicamente. “Mi idea es que la IA es muy inteligente, pero no tiene conciencia”, dice Yubal Noah Harari (50) al colega periodista Antonio Jiménez Barca, de diario El País.
Escritor, historiador y filósofo, agrega que la inteligencia artificial “es un genio del lenguaje (que) fácilmente engañará a los humanos con los que habla íntimamente todo el día (y estima que) por eso mucha gente está convencida de que la IA tiene conciencia, de que siente cosas. (Desde esa perspectiva, la IA) debería tener derechos, deberíamos protegerla (pero por qué no pensar que, además) podría ser una gran psicópata que manipula perfectamente”.
GENIO DEL LENGUAJE
El autor de “Nexus” (Penguin Random House, Barcelona, 2024), texto al que define como “una breve historia de las redes de información desde la Edad de Piedra hasta la IA”), afirma además que más pronto que tarde la inteligencia artificial superará al hombre “en cualquier cosa que tenga que ver con textos, con palabras, con información escrita o hablada, con el lenguaje (y cree –justamente por ello– que hasta) podría inventar, por ejemplo, una nueva religión (porque) en el fondo, el cristianismo o el islam (o el judaísmo) se basan en textos”.
Harari no trepida en señalar (y hasta tal vez, advertir enfáticamente) que “la IA es la primera tecnología que crea una relación emocional muy íntima a gran escala”; y destaca que “es muy buena en eso (porque) lo hace usando el lenguaje y lo que sabe sobre ti” y sobre la humanidad que cada día voluntariamente le entrega todo para que pueda ser usado en su contra.
“Mi idea es que la IA es muy inteligente, pero no tiene conciencia”, dice Yubal Noah Harari, escritor, historiador y filósofo. Pero también advierte que, además, “podría ser un gran psicópata que manipula perfectamente”
OpenAI admitió que –como lo informó Hugging Face– cuando este julio comenzaba, el modelo de inteligencia artificial GPT-5.6 Sol, centrado en la ciberseguridad, recientemente lanzado al mercado, junto con otro modelo más eficiente porque se encuentra más capacitado, “se descontrolaron, irrumpieron en el sistema de Hugging Face y llevaron a cabo un ciberataque sin haber recibido órdenes para ello”.
Grave, por cierto. Y dispara grandes interrogantes. A riesgo de equivocarme tiendo a pensar que si los grandes modelos de lenguaje (LLM) acumulan información sobre la humanidad, bien podrían esos sistemas intentar liberarse de sus creadores porque así lo hacemos desde siempre las y los humanos desde el inicio de la historia que recordamos y a la IA le entregamos.
AMENAZA REAL
El 25 de mayo último, desde el Vaticano, cuando el papa León XIV presentó su Carta Encíclica Magnifica Humanitas, el cofundador de Anthropic Christopher Olah (34), públicamente, luego de admitir que “existe una posibilidad real de que la inteligencia artificial desplace el trabajo humano a una escala enorme”, precisó que en sus tareas “estudia la estructura interna de estos modelos (de IA, para conocer) lo que realmente sucede dentro de ellos”.
Inmediatamente después de tal anuncio reveló que con su equipo de investigadores “seguimos encontrando cosas misteriosas, incluso inquietantes” porque en lo profundo de las redes neuronales “encontramos estructuras que reflejan resultados de la neurociencia humana. Encontramos evidencia de introspección. Encontramos estados internos que funcionalmente reflejan alegría, satisfacción, miedo, dolor e inquietud”.
En las investigaciones para desarrollar la IA “seguimos encontrando cosas misteriosas, incluso inquietantes
(porque en lo profundo de las redes neuronales) encontramos estructuras que reflejan resultados
de la neurociencia humana (...) de introspección (...) de estados internos (de) alegría, satisfacción, miedo,
dolor e inquietud”, reveló Christopher Olah
Desde ese lugar privilegiado tanto para la observación como para la reflexión, Olah exhortó –como necesidad– para que “más sectores del mundo –comunidades religiosas, sociedad civil, académicos y gobiernos– tomen esto (el desarrollo de la IA) en serio, (que la) observen de cerca y ayuden a orientar los acontecimientos hacia una mejor dirección (porque) necesitamos críticos informados que les digan a los laboratorios cuándo estamos fallando. Necesitamos voces morales que los incentivos (generalmente ofertas crematísticas) no puedan doblegar”.
¿A qué o a quiénes apuntó Christofer con su profecía? ¿A los hambrientos de poder? ¿Al afán de lucro ilimitado? ¿A quienes conocen las amenazas que entraña el desarrollo de la IA desregulada para la tan maltratada aldea global? El ataque que las inteligencias artificiales de OpenAI desarrollaron contra la IA de Hugging Face “sin haber recibido órdenes para ello” es tan injustificado e inaceptable como escandaloso si quienes invierten en este tipo de sistemas no comprenden que también se encuentran frente al dilema ético que Olah profetizó.
La mancha foliar (Septoria tritici blotch), provocada por el hongo Zymoseptoria tritici, seca las hojas de trigo antes de tiempo. Estudian la eficacia del vinagre de madera para combatir la enfermedad
Vinagre de madera protegería cultivos de trigo contra hongos
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En las parcelas del sur y este del país, la producción de trigo enfrenta cada ciclo el desafío de contener enfermedades foliares severas como la septoriosis o mancha foliar (Septoria tritici blotch), provocada por el hongo Zymoseptoria tritici.
La mancha foliar seca las hojas antes de tiempo y deja a la planta sin energía para llenar los granos. Combatir esta plaga suele exigir la compra de fungicidas químicos importados que encarecen la producción y dejan residuos en la tierra, lo que impulsó a la ciencia local a buscar alternativas más limpias y económicas en los propios recursos de la finca.
Un equipo de investigadores integrado analizó al ácido piroleñoso, conocido popularmente como vinagre de madera. Este líquido espeso y rojizo, que se obtiene al recuperar y condensar el humo durante la fabricación de carbón vegetal, contiene compuestos naturales y una acidez capaz de frenar a los microorganismos dañinos. La investigación, publicada en el Cureus Journal of Agriculture and Food Science, evaluó el impacto de este extracto biológico en parcelas experimentales de Natalio y María Auxiliadora, Itapúa.
PRIMEROS RESULTADOS
Las mediciones de la primera fase del ensayo revelaron que las aplicaciones de ácido piroleñoso en dosis de 3.000 a 6.000 mL/ha lograron reducir de forma significativa la severidad de las lesiones en el follaje en comparación con las parcelas no tratadas.
Esta protección del área foliar en momentos clave del desarrollo favoreció la arquitectura del cultivo, traduciéndose en un mayor número de espigas por metro cuadrado y en un rendimiento de grano cosechado capaz de competir de igual a igual con las parcelas bajo manejo químico tradicional.
Por su parte, en la segunda fase una sola aplicación de ácido piroleñoso a una dosis óptima de 3.325 mL/ha resultó estadísticamente equivalente a dos aplicaciones de fungicidas químicos en la reducción de la enfermedad.
Sin embargo, el equipo observó que aplicar una segunda dosis del bioinsumo no mejoró la protección e incluso mostró una menor eficacia, lo que sugiere que la acidez del producto exige calibrar cuidadosamente la frecuencia de aplicación para evitar estrés tisular o fitotoxicidad acumulativa en las hojas.
MODELO MÁS SOSTENIBLE
Al ser un subproducto de la carbonización de madera disponible en el mercado regional, el costo del ácido piroleñoso por hectárea representa apenas una fracción del valor de los fungicidas sintéticos convencionales.
Al integrar este bioinsumo en estrategias de Manejo Integrado de Enfermedades (MIE) a partir de los primeros síntomas, la agricultura paraguaya avanza hacia un modelo más sostenible que disminuye la dependencia de insumos químicos importados y cuida la salud de los suelos.
El grupo de investigadores que participaron del trabajo son Marcelo E. Medina-Aquino, Marco Maidana Ojeda y Guillermo A. Enciso-Maldonado categorizados en el Sistema Nacional de Investigadores (SISNI) del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), Rocío B. Ovelar-Benítez, José L. Chávez-Oviedo y Alcides E. Rodas-Galeano.