• AFP.

Jerí fue destituido del cargo al que había accedido como presi­dente del Congreso en octu­bre por inconducta en sus funciones y falta de idoneidad tras un juicio político relám­pago con 75 votos a favor, 24 en contra y tres abstenciones. Esto luego de un escándalo por tráfico de influencias.

La estadística demuestra que la presidencia peruana devino en un trabajo de alto riesgo en la última década. En ese lapso, solo uno de siete mandatarios completó su período.

El nombre del octavo presi­dente se conocerá hoy cuando el Congreso elija a su nuevo jefe, quien automáticamente se convertirá en mandatario encargado en reemplazo de Jerí. Gobernará hasta julio tras las elecciones generales de abril.

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El origen de la inestabilidad se remonta a los comicios de 2016, cuando estalló un choque de poderes entre un Legislativo fuerte y un Eje­cutivo débil, situación que se mantiene debido a la frag­mentación y falta de con­senso político.

El capítulo más reciente lo protagonizó Jerí, destituido ayer y quien estuvo en el cargo desde el 10 de octubre. En ese entonces, era jefe del Congreso y asumió la presi­dencia interina tras la desti­tución de Dina Boluarte.

Del grupo de siete presiden­tes, cuatro fueron destituidos por el Congreso, dos renun­ciaron antes de correr la misma suerte y solo uno com­pletó su mandato interino.

EL INICIO DE LA CRISIS

La crisis empezó en el gobierno de derecha de Pedro Pablo Kuczynski, elegido en julio de 2016 por cinco años tras derro­tar en una apretada elección a la populista Keiko Fujimori.

Durante ese quinquenio, Fujimori tuvo mayoría abso­luta en el Parlamento y forzó la renuncia de Kuczynski en marzo de 2018, en vísperas de que el Congreso lo desti­tuyera por el escándalo de Odebrecht.

Así se fueron sucediendo otros breves mandatos hasta que Pedro Castillo, maestro de escuela de origen cam­pesino, cuya presidencia de 2021 a 2026 se vislum­braba como una reivindica­ción de los peruanos pobres y excluidos, acabó desti­tuido en diciembre de 2022 por intentar disolver el Con­greso y gobernar por decreto.

Su vicepresidenta, Dina Boluarte, lo reemplazó. La única mujer mandataria de Perú fue removida del cargo el 10 de octubre pasado por el mismo Congreso que la encumbró.

Su destitución, que ocurrió tras un juicio político en el que se alegó su incapacidad para el cargo, se produjo en medio de masivas protestas por una ola de inseguridad y extorsiones en el país.

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