El monseñor Vincenzo Turturro, quien inicia su misión en nuestro país como nuevo Nuncio Apostólico, tras el retiro del monseñor Eliseo Antonio Ariotti, llegó el jueves pasado desde Italia, y ayer presentó esta mañana las copias de sus cartas credenciales al canciller nacional, Rubén Ramírez Lezcano. Luego se reunió con el cardenal Adalberto Martínez Flores.
El Arzobispado de Asunción destacó este último encuentro como “un momento de comunión y diálogo que fortalece los lazos de la Iglesia en Paraguay”, en una publicación en la red social X. El monseñor fue nombrado por el Papa Francisco en diciembre del año pasado.
El nuncio ocupó el cargo de Vicario Parroquial de Santa María Assunta en la Catedral de Molfetta (Italia), desempeñando también funciones en la Secretaría particular del Obispo (2003 2006). Además, obtuvo el Doctorado en Teología Dogmática (2009) y la Licenciatura en Derecho Canónico en la Pontificia Universidad Lateranense (2011).
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Fue incorporado en el servicio diplomático de la Santa Sede el 1 de julio de 2009 y prestó servicios en las siguientes Representaciones Pontificias como secretario de la Nunciatura Apostólica en Zimbabwe, entre el 2009 y 2012, así como en Nicaragua, entre el 2012 -2015.
Ejerció labores de consejero de Segunda Clase de la Nunciatura Apostólica en Argentina entre el 2015 y 2018, y de Consejero de Primera Clase en la Sección para las Relaciones con los Estados y Organismos Internacionales de la Secretaría de Estado de la Santa Sede y en la Secretaría particular del Cardenal Secretario de Estado (2019-2023).
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Los venezolanos volvieron a misa, en medio de los escombros y el dolor
María Elizabeth Domínguez ha regresado ayer domingo a misa, después de que el 24 de junio la iglesia de San Sebastián se le vino encima, derrumbada por los dos terremotos que han causado más de 3.000 muertos en Venezuela. En silencio, los habitantes del pueblo de Maiquetía, aledaño al aeropuerto internacional, se reúnen en la Plaza Jerusalén, una construcción moderna de hormigón donde está el columbarium y una representación de las estaciones del Vía Crucis.
El padre Rafael Troconis oficia una misa de difuntos, al igual que todas las iglesias de Venezuela ayer domingo, y le recuerda a sus feligreses que “hemos sido creados para la vida”. “La muerte no tiene la última palabra. Creemos en la resurrección”, les dice enfático. “La fe es una luz potentísima que nos ayuda a encontrarle sentido a esto”, asegura. Domínguez, de 67 años, lo escucha de pie, mientras muchos de los presentes se secan las lágrimas.
“Tengo mucha tristeza por dentro, porque ha muerto mucha gente amiga, muchos vecinos”, dice esta mujer a la AFP. La iglesia de San Sebastián, de 1834, está derruida, con varios muros caídos y el campanario quebrado en sentido longitudinal. Todas las iglesias del estado La Guaira sufrieron los efectos del sismo y están inhabilitadas. En las calles se suceden cuadra tras cuadra los edificios colapsados, incluyendo el del aeropuerto internacional de Maiquetía. Bajo los escombros hay todavía un número indeterminado de cuerpos que no han podido ser recuperados.
“Reconstruiremos nuestras vidas”
“Las piernas me temblaban, no podía salir. Me tuvieron que ayudar”, recuerda Domínguez sobre el momento en que fue sacada del templo, minutos después de los dos sismos.
Ella estaba en la iglesia, donde recién se había terminado la misa y conversaba con otras mujeres. “Una de las compañeras gritó: ‘está temblando’ y yo me metí debajo del banco. Empezó eso a caerse. Polvo, polvo, polvo, yo no veía nada. Pensé que me iba a aplastar. Estuve rezando hasta que cesó”.
Esta es la segunda vez que Domínguez vive una catástrofe natural en La Guaira. En 1999, trabajaba en el aeropuerto de Maiquetía cuando las lluvias hicieron caer la montaña en un deslave que arrasó las poblaciones ubicadas en el este del estado. Ella vivía entonces en Macuto, donde su esposo quedó atrapado. El padre Troconis procura dar consuelo a sus feligreses. “He tenido encuentros con matrimonios que han perdido a sus dos hijos, o a dos de sus tres hijos”, refiere. “Uno quisiera estar cerca de quien sufre. Uno nota mucha tristeza y desesperanza”, dice.
Pero en seguida se recompone, y recuerda que él también sufrió el deslave en esta región hace 27 años. Era entonces rector del seminario y estaba en la iglesia de Macuto, donde pasó 24 horas refugiado junto a un grupo de personas en el coro del templo hasta que pudo salir caminando a través de varios kilómetros sobre el fango que tapió casas y edificios.
“Yo recuerdo que inicialmente parecía que aquello era el fin del mundo. La Guaira había quedado destrozada. Y bueno, pasaron los años y echamos pa’ lante (salimos adelante). Aquí va a ser lo mismo, con la ayuda de Dios”, señala. “Reconstruiremos materialmente el estado y reconstruiremos nuestras vidas. Ya tenemos experiencia”, sentencia Troconis.
Fuente: AFP.
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El Vaticano confirmó la excomunión de seis obispos lefebvreristas
El Vaticano confirmó ayer jueves la excomunión de seis obispos de la ultraconservadora Fraternidad Sacerdotal de San Pío X y advirtió de que cualquier fiel laico que “adhiera formalmente” al grupo sufrirá la misma sanción. “Los ministros consagrados pertenecientes a la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X se encuentran en cisma”, y los fieles laicos que formen parte de la Fraternidad serán considerados “cismáticos y excomulgados”, precisó en un decreto el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el organismo que vela por la doctrina católica en el mundo.
El decreto del Vaticano llega un día después de que el grupo, fundado en 1970 por el obispo francés Marcel Lefebvre y con unos 600.000 fieles en todo el mundo, consagrara a cuatro nuevos obispos, desafiando la petición expresa del papa León XIV de que no lo hicieran. La excomunión concierne a los cuatro obispos recién consagrados, los franceses Michel Poinsinet de Sivry y Marc Hanappier, el estadounidense Michael Goldade y el suizo Pascal Schreiber.
También queda excomulgados los obispos español Alfonso de Galarreta y el suizo Bernard Fellay, que ejercieron de consagrantes “sin mandato pontificio”, según el decreto firmado por el cardenal argentino Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe. El decreto calificó la ceremonia, celebrada en Suiza este miércoles, de “acto de naturaleza cismática”.
“Profundo dolor”
El miércoles, el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, mencionó ante los periodistas “el profundo dolor” en el seno de la Iglesia ante estas ordenaciones, que, según él, “rompen la unidad de la Iglesia” y constituyen “un acto cismático” acompañado de “sanciones muy precisas”, entre las que destaca, en primer lugar, “la excomunión” de los obispos de la comunidad.
“Ignoro cuándo y cómo se pronunciará esta excomunión, pero espero que, pese a lo ocurrido hoy, el diálogo pueda reanudarse y que se pueda encontrar una verdadera solución”, añadió.
La Fraternidad de San Pío X rechaza los cambios modernizadores de la Iglesia desde el Concilio Vaticano II (1962-1965), y defiende un modelo de sociedad patriarcal y un ideal de Estado teocrático.
Sus fieles siguen una interpretación estricta de la tradición doctrinal y litúrgica y celebran misas de rito tridentino, en latín y con el sacerdote de espaldas.
El papa León XIV había llamado a la Fraternidad a renunciar a su proyecto: “Les suplico desde lo más hondo del corazón: ¡reconsideren su decisión!”, escribió.
En 1988, el papa Juan Pablo II hizo un llamamiento similar en vano a la Fraternidad, que aquel año consagró a cuatro obispos. La ordenación auspiciada por Marcel Lefebvre provocó la excomunión inmediata de los obispos, que fue levantada en 2009 por Benedicto XVI.
Fuente: AFP.
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Fraternidad San Pío X consagró a cuatro obispos, un acto “cismático” para el Vaticano
La Fraternidad San Pío X consagró este miércoles por su cuenta a cuatro nuevos obispos, un acto “cismático” según el papa León XIV, que pidió a esta comunidad tradicionalista que renunciara a su proyecto. En una ceremonia en la pradera suiza de Écône, adonde asistieron miles de fieles de todo el mundo, la comunidad consagró a cuatro obispos: dos franceses, un estadounidense y un suizo.
Al ignorar el llamado último lanzado esta misma semana por el papa, los cuatro nuevos obispos consagrados se encuentran de facto excomulgados, al igual que los otros dos obispos con los que hasta ahora contaba la Fraternidad Pío X. La comunidad, fundada en 1970 por el obispo francés Marcel Lefebvre (1905-1991), agrupa a unos 600.000 fieles, según estimaciones, que se rigen por una interpretación estricta de la tradición doctrinal y litúrgica.
Rechaza en su conjunto los avances de la Iglesia desde el Concilio Vaticano II (en la década de 1960), defiende un modelo de sociedad patriarcal y un ideal de Estado teocrático. “Para mantener la fe, ¿acaso estamos rompiendo con la Iglesia? Este dilema es falso. Pertenecemos a la Iglesia, en primer lugar, por la fe, por la profesión integral de la fe de la Iglesia”, afirmó durante la homilía el padre Davide Pagliarani, que dirige la Fraternidad San Pío X.
La misa de consagración, de cuatro horas y en latín, se organizó al aire libre en la pradera de Écône, en el mismo lugar donde Lefebvre consagró a los primeros cuatro obispos de su comunidad, en 1988. “Es un día histórico. Está ocurriendo algo muy importante ahora, esto no va a detenerse aquí”, declaró a la AFP Jean-Pierre Stauffer, de 79 años, que viajó desde Ginebra para asistir a la ceremonia, pese a la lluvia.
“Acto cismático”
Para el Vaticano, consagrar a un obispo sin el acuerdo del papa es un acto de insubordinación directa que conlleva la excomunión automática de los obispos y constituye un “acto cismático”. “Les suplico desde el fondo de mi corazón: ¡reconsideren su decisión!”, escribió recientemente León XIV en una carta dirigida a Pagliarani, superior general de la Fraternidad.
En su misiva, el papa advirtió que, en caso de cisma, los sacramentos, como el matrimonio o la confesión, administrados por los obispos dejarían de ser reconocidos por la Iglesia católica. “No es un acto de rebelión: es un acto que nace del amor por la Iglesia”, dijo a la AFP el cura Michel Rion, profesor de Teología en el seminario de Écône.
“No hay absolutamente nada cismático o contrario a la Iglesia en nuestras acciones. Esperamos que llegue el día en el que el papa vea esto. Para nosotros, ser cismáticos es lo peor que podría ocurrir, preferiríamos morir a ser cismáticos”, insistió. “La Iglesia está buscando adaptarse constantemente, para adaptar su mensaje y dirigir las almas hacia el cielo” pero “se ha adaptado demasiado al mundo”, consideró. En 1988 el papa Juan Pablo II hizo un llamado similar a la Fraternidad para disuadirla de ordenar nuevos obispos. Fue en vano. La ordenación provocó una excomunión inmediata, que fue levantada en 2009 por Benedicto XVI.
La comunidad afirma estar presente en más de 75 países de seis continentes, con más de 750 sacerdotes. La Fraternidad San Pío X es influyente en ciertos círculos conservadores, y cuenta hoy día con 751 sacerdotes, 264 seminaristas y cerca de 800 lugares de culto repartidos por 77 países. Es no obstante muy minoritaria dentro del catolicismo, que cuenta con más de 1.300 millones de fieles en todo el mundo.
Fuente: AFP.
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¿Alivia el cuerpo y el espíritu el hecho de ir a misa?
La práctica de rituales religiosos libera sustancias químicas que fortalecen los vínculos sociales e incluso aumentan el umbral de percepción del dolor, según un estudio realizado en Brasil y el Reino Unido. Varias investigaciones demostraron que algunos opioides producidos de forma natural por el organismo, como la betaendorfina, desempeñan un papel fundamental en el apego social de los animales y en las relaciones sociales de los seres humanos adultos.
Estas “sustancias químicas del bienestar” se liberan cuando adoptamos determinados comportamientos, lo que posteriormente contribuye a que nos sintamos unidos a los demás, explica a la AFP Valerie van Mulukom, coautora de un estudio publicado esta semana en Proceedings of the Royal Society B. En los monos esto ocurre especialmente durante las sesiones de acicalamiento, esenciales para la cohesión del grupo. Sin embargo, en las sociedades humanas de gran tamaño, las interacciones cara a cara no bastan para reforzar los lazos sociales entre cientos o incluso miles de personas.
Una teoría del biólogo evolutivo británico Robin Dunbar sostiene que “desarrollamos ciertos comportamientos que nos permiten producir las mismas sustancias químicas que en las interacciones cara a cara, pero a una escala mucho mayor”, destaca Van Mulukom, investigadora en psicología de la universidad Oxford Brookes (Reino Unido).
“Estos comportamientos incluyen moverse de forma sincronizada (realizando espontáneamente los mismos movimientos), cantar juntos, hacer música juntos o saber que compartimos las mismas creencias”, explica.
En este contexto, ella y sus colegas estudiaron los rituales religiosos en 24 investigaciones de campo realizadas con fieles en el Reino Unido y Brasil.
Repetidos cada semana, “los rituales religiosos reúnen todos estos comportamientos. Cuando se asiste a una misa, por ejemplo, todos se levantan al mismo tiempo, rezan juntos, al final se desean mutuamente la paz, escuchan y cantan juntos”, señala la investigadora.
Conectados con Dios
En el Reino Unido, todos los participantes eran cristianos, aunque pertenecían a distintas confesiones (católica, anglicana, metodista y bautista).
En Brasil, los participantes practicaban el culto de la Umbanda, una religión afrobrasileña que combina el espiritismo, danzas y ritmos rituales africanos con oraciones e imágenes católicas.
Los participantes respondieron un cuestionario antes y después del servicio religioso sobre su sentimiento de pertenencia al grupo, que incluía preguntas como: “Pensando en todas las personas presentes, ¿hasta qué punto confía usted en los demás miembros de este grupo?”
Puesto que es imposible medir directamente la producción de opioides sin recurrir a procedimientos invasivos, y dado que estas sustancias actúan como analgésicos, los investigadores utilizaron un método habitual en los estudios experimentales: emplear el umbral del dolor como indicador indirecto.
Para ello, inflaron lentamente un manguito de presión -como los utilizados para medir la presión arterial- alrededor del brazo de cada participante antes y después del servicio religioso, hasta que este indicara sentir una “molestia importante”.
El resultado fue que, tras el ritual, el sentimiento de vínculo social era mayor que antes, al igual que el umbral del dolor. También aumentó ligeramente el afecto positivo (emociones agradables como la alegría, la serenidad y el placer), mientras que el afecto negativo disminuyó.
“Observamos que cuanto más conectadas con Dios se sentían las personas durante el ritual, más les ayudaba a crear vínculos con los demás”, destaca Van Mulukom.
Más allá de las actividades sincronizadas, “hay algo en las creencias que estas personas integran en su identidad que las une con mayor fuerza”, subraya.
“Del mismo modo que, si participo en una manifestación contra los combustibles fósiles porque coincide con mis creencias y mis principios, probablemente me sentiré más unido a los demás manifestantes que en un concierto, aunque en este último seguramente me mueva y cante de manera mucho más sincronizada con el resto”, concluye la investigadora.
Fuente: AFP.