Doña María Eustropia Garay nació en la comunidad de Kara Kara’i, distrito de Maciel, departamento de Caazapá, el 2 de noviembre de 1925. El fin de semana celebró los 100 años, rodeada de gran parte de su familia. “Fue emocionante, tanto para ella como para nosotros. Es algo demasiado grande que ella llegue a esta edad”, destacó su nieto, Santiago Mora.
Siendo joven, se vio obligada a partir de su ciudad natal durante la Revolución del 47. “Ella y su papá eran colorados, por eso les persiguieron y les echaron de la ciudad”, recordó Mora.
Entonces, deambularon por varias ciudades del interior del país, hasta que finalmente se afincaron en 29 Proyectadas y Antequera, barrio Obrero de Asunción. “Mi abuela tuvo cinco hijas. Cuando estaba en Encarnación, su pareja la abandonó y se quedó con la primera hija. Luego, se unió con mi abuelo y tuvo cuatro hijas. Nunca más supo de su primera hija”, comentó.
Actualmente tiene 47 nietos, 61 bisnietos y 38 tataranietos. Varios de ellos estuvieron presentes en el festejo del centenario de la abuela. “Nos juntamos lo más que se pudo. También vinieron de Buenos Aires. Hicimos un almuerzo, hubo torta, mariachis. Estuvimos alrededor de cien personas”, indicó a La Nación/ Nación Media.
La mujer se mantiene saludable, pese a su avanzada edad. “Ella ve bien, camina, se baña sola. Le agarró ACV, pero se recuperó. Solo de vez en cuando pierde la memoria”, manifestó.
El mayor legado que les dejó es la solidaridad, sentenció. “Aparte de criarnos a nosotros, le daba de comer a la gente necesitada. Como era un barrio pobre, cocinaba en una olla grande y a los que iban a trabajar en el vertedero Cateura, ella les invitaba siempre con un plato de comida”, refirió.
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