El alzhéimer es una enfermedad neuro­degenerativa progre­siva y la forma más común de demencia. Se manifiesta ini­cialmente con una pérdida leve de la memoria hasta llegar a afectar la capacidad de las personas para realizar sus actividades diarias.

El neurólogo Fernando Espí­nola explica las señales de alerta, cómo detectar los pri­meros síntomas y el abordaje familiar para acompañar al paciente.

“El alzhéimer es una enfer­medad neurodegenerativa y progresiva que está rela­cionado al envejecimiento neuronal. Es la forma más común de demencia y se caracteriza por la acumu­lación anormal de proteí­nas como la beta-amiloide y la tau, que dañan y des­truyen las neuronas con el tiempo. Esto se traduce en problemas de memoria, pen­samiento, lenguaje y com­portamiento, afectando la capacidad de las personas para realizar sus actividades diarias”, señaló a La Nación/Nación Media.

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Las manifestaciones apare­cen de diferentes formas. Al principio, el alzhéimer puede presentarse como olvidar nombres, fechas o dónde dejamos las llaves. Pero con el tiempo, las personas empiezan a tener más difi­cultad para recordar cosas importantes, como quiénes son sus seres queridos o cómo realizar tareas simples, como cocinar o vestirse.

“En la etapas avanzadas de la enfermedad, causa depen­dencia continua para la reali­zación de tareas cotidianas.

También puede afectar el estado de ánimo, causando confusión, tristeza o incluso cambios de personalidad”, afirmó. El especialista brindó algunos indicadores que pue­den significar que la persona está desarrollando los sínto­mas de la enfermedad. Esas señales que podrían indicar alzhéimer incluyen: olvi­dar información reciente o repetir la misma pregunta varias veces, dificultad para planificar o resolver proble­mas simples, como pagar facturas, perderse en luga­res conocidos o no recordar cómo llegar a casa, cambios de humor o comportamiento, como estar más irritable o desconfiado y problemas para hablar o encontrar las palabras correctas.

Lo más importante es no ignorar los síntomas y con­sultar a un médico lo antes posible. Mientras más rápido se detecte la enfermedad, más opciones habrá para tratarla. Tras el diagnós­tico, busca apoyo en la fami­lia, grupos de ayuda e infór­mate sobre la enfermedad.

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