El ministro de Economía de Argentina Sergio Massa se reunió este jueves 24 con el presidente de la República Santiago Peña. El secretario de Estado del vecino país se refirió a la deuda histórica en la Entidad Binacional Yacyreta (EBY), así como también respecto al compromiso pendiente en cuanto a cesión de energía y aseguró que el pago está previsto para este último cuatrimestre del 2023.
“Respecto al intercambio de energía, lo que hay es un saldo pendiente del 2022 de 86.000 millones de pesos argentinos que se cancelan en el próximo cuatrimestre, de acuerdo a un programa acordado con el gobierno de Paraguay”, expresó el ministro argentino en conferencia de prensa.
Asimismo, respecto a la deuda histórica de Argentina a Paraguay por uso de energía, la cual asciende a USD 4.500 millones, indicó que espera poder conversar con el presidente Santiago Peña de modo a articular estrategias de pago. Esto, pese a la existencia de un acuerdo de pago ya existente entre ambos países, conocido como el acuerdo Cartes-Macri.
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“Trabajamos con el presidente la posibilidad de generar instrumentos bilaterales que de alguna manera ayuden a Argentina sin complicar la vida de los paraguayos. El presidente Peña conoce muy bien los mecanismos de generación de instrumentos en el mercado para tratar de aliviar la situación de la EBY y de Argentina sin afectar las cuentas paraguayas”, expresó.
Argentina ya efectuó el pasado 23 de agosto un primer desembolso de USD 10 millones y entre este jueves y viernes se espera otro pago de USD 3 millones que corresponde al último mes, adelantó en la conferencia el canciller nacional Rubén Ramírez Lezcano.
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Peña anuncia revisión de acuerdos de Itaipú y reunión con Lula este fin de semana
El presidente de la República, Santiago Peña, informó sobre una reunión de alto nivel mantenida con el canciller de Brasil, Mauro Vieira, y el ministro de Relaciones Exteriores de Paraguay, Rubén Ramírez Lezcano, en la que se analizaron los avances en la negociación del tratado de Itaipú, con especial énfasis en el Anexo C, considerado uno de los puntos más sensibles del acuerdo bilateral.
Según lo expresado por el mandatario a través de sus redes sociales, el encuentro permitió evaluar de manera detallada los progresos alcanzados en torno a la revisión de las condiciones financieras y operativas de la hidroeléctrica, en un contexto en el que ambos países buscan actualizar los términos del tratado a las nuevas realidades energéticas y económicas de la región.
La reunión contó además con la participación del jefe de Gabinete Civil de la Presidencia, Javier Giménez, así como del ministro de Minas y Energía de Brasil, Alexandre Silveira, lo que refleja el carácter estratégico y multidimensional de las negociaciones en curso.
El presidente Peña adelantó que los temas abordados serán ampliados en un próximo encuentro con su homólogo brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, previsto para este domingo en Campo Grande. Esta reunión bilateral se presenta como una instancia clave para profundizar los acuerdos y avanzar hacia definiciones concretas en torno al futuro de Itaipú.
En ese sentido, el jefe de Estado reafirmó la cercanía histórica entre Paraguay y Brasil, destacando los esfuerzos conjuntos para impulsar, honrar y consolidar los 50 años de la construcción de Itaipú, una de las obras hidroeléctricas más importantes del mundo. Asimismo, subrayó la importancia de continuar fortaleciendo el desarrollo conjunto entre ambas naciones, en un marco de cooperación y diálogo permanente.
El proceso de revisión del tratado, especialmente en lo referente al Anexo C, es seguido de cerca tanto por autoridades como por sectores económicos, debido a su impacto en aspectos como la tarifa de energía, la deuda y la distribución de beneficios, elementos centrales para el futuro energético del Paraguay.
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Santiago Peña promulga ley que alivia el déficit de la Caja Fiscal
El tratamiento del proyecto se inició en la Cámara Baja durante el receso parlamentario, en medio de un intenso debate político y técnico.
El presidente de la República, Santiago Peña, promulgó ayer la ley de reforma de la Caja Fiscal, tras su sanción con modificaciones en la Cámara de Diputados, marcando un punto de inflexión en el sistema de jubilaciones y pensiones del sector público. La nueva normativa establece el marco general para el funcionamiento del sistema previsional estatal, con el objetivo de ordenar las finanzas, garantizar la sostenibilidad a largo plazo y corregir distorsiones acumuladas durante años. El tratamiento del proyecto se inició en la Cámara Baja durante el receso parlamentario, en medio de un intenso debate político y técnico que evidenció tanto la urgencia de los cambios como las resistencias de distintos sectores.
UN SISTEMA BAJO PRESIÓN
La reforma se da en un escenario de creciente presión sobre la Caja Fiscal, que agrupa a funcionarios públicos, docentes, militares y policías. En los últimos años, el sistema mostró un deterioro progresivo en su equilibrio financiero, con un aumento sostenido del déficit, impulsado por el envejecimiento de la población beneficiaria y la relación cada vez más desfavorable entre aportantes activos y jubilados.
A esto se suman regímenes especiales con condiciones más beneficiosas que el promedio, lo que generó inequidades internas y una carga adicional para el Tesoro. Informes técnicos del Ministerio de Economía venían advirtiendo que, de no introducirse cambios estructurales, el sistema podría volverse insostenible en el mediano plazo.
ANTECEDENTES Y DEBATE POLÍTICO
El impulso a la reforma no es nuevo. Administraciones anteriores ya habían planteado la necesidad de revisar el modelo previsional, pero los intentos chocaron con la falta de consenso político y la oposición de gremios y sectores afectados.
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Piden rechazar la exclusión de gobernaciones de Hambre Cero
Señalaron que no existen denuncias formales en contra de sus gestiones y que la medida es netamente política.
El presidente de la República, Santiago Peña, mantuvo un encuentro con los jefes departamentales, quienes le expresaron su disconformidad en torno a la decisión tomada por el Senado de retirar la administración y ejecución del programa Hambre Cero en las Escuelas a las gobernaciones de Concepción y Alto Paraná. Señalaron que no existen denuncias formales en contra de sus gestiones y que la medida es netamente política.
“Estuvimos conversando con el presidente sobre la cobertura, el alcance e impacto positivo que tiene el programa dentro del sistema educativo, por supuesto, le transmitimos la intención de que los gobernadores sigamos administrando Hambre Cero, conversamos sobre esa situación, pero no ahondamos sobre el tema, ya que no existen denuncias directas sobre los administradores de contratos”, indicó el gobernador de Ñeembucú, Víctor Fornerón, al programa “Así son las cosas” del canal GEN y Universo 970 AM/Nación Media.
SOMETIDOS A AUDITORÍAS
Fornerón acotó: “Nosotros estamos siendo sometidos permanentemente a auditorías del Poder Ejecutivo, la Contraloría y la Dirección Nacional de Contrataciones Públicas (DNCP), que nuestros cargos sean auditados y, si hay algún tipo de mal manejo, someternos a los organismos correspondientes. Le dijimos al presidente que las denuncias que se generan deben ser fundamentadas y evaluadas dentro de los organismos competentes no de la forma en que se hizo”.
La decisión de los senadores deberá ser analizada próximamente por la Cámara de Diputados, en caso de lograr su sanción y posterior promulgación por parte del Poder Ejecutivo, la provisión de la alimentación escolar en dicha zona quedará a cargo del Ministerio de Desarrollo Social (MDS).
Le expresamos nuestro desacuerdo, ya que lo realizado en el Senado fue netamente político, sostenemos que el programa no tiene que ser manoseado por cuestiones políticas. No existen denuncias, sí hubo cuestionamientos o problemas menores que se resolvieron de manera inmediata”, refirió.
“SERÁ UN RETROCESO LA CENTRALIZACIÓN”
Semanas atrás, el Consejo de Gobernadores emitió un comunicado argumentando que la centralización de Hambre Cero en el Ministerio de Desarrollo Social será un retroceso y hará dificultoso su ejecución sin la participación de los gobiernos locales.
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Los “analistas” de mala fe solo desean causar daño
El ministro de Economía y Finanzas, Carlos Fernández Valdovinos, con la expresa aprobación del presidente de la República, Santiago Peña, sostuvo la necesidad de contar con una economía de guerra que en términos de la política económica se entiende como la expresión de austeridad en los gastos públicos.
Esto significa encaminar la asignación presupuestaria con el recorte de gastos innecesarios y superfluos, manteniendo aquellos relacionados a los sectores prioritarios como salud, educación, seguridad y contención social para acometer con éxito la reducción del déficit fiscal.
La razón de lo expresado por el ministro se encuentra en que los ingresos no son suficientes y en consecuencia se hace necesario ajustarse los cinturones. Ante esta situación es absolutamente correcto limitar la ejecución de los gastos gubernamentales. Dicho de otro modo, el gobierno le dice a la población que se cuidará todavía más el dinero de los contribuyentes destinándolos a las anteriormente citadas áreas prioritarias.
Se trata de evitar la suba del déficit para no salir del plan que la actual administración se propuso –siendo uno de los motivos por el que ganó las elecciones– de corregir los desvaríos provocados por el carnaval del dinero público propiciado impunemente desde el gobierno anterior. Pero el gobierno del presidente Peña logró lo que muchos decían parecía imposible: Cumplió con su objetivo de reducir el déficit, creció la economía, se obtuvieron dos grados de inversión y bajó el riesgo país. Una vez logrado el crecimiento económico donde seguimos figurando en el ranking entre los primeros de la región y ante los cambios que se vienen dando en la economía global cada vez más interconectada, se hacía necesario evaluar los elementos que hagan sustentable el crecimiento en el tiempo. Esto es, si se desea seguir creciendo o caer en el estancamiento.
Los últimos meses no han sido fáciles para las economías emergentes como la nuestra. Se redujeron los ingresos estimados por diversas razones, como ocurre con el precio de los commodities a la baja, la inestabilidad en el tipo del cambio del dólar y la incertidumbre global.
De ahí que había que enfrentar la situación con transparencia y prudencia, como en efecto fueron las declaraciones del ministro de Economía y Finanzas. El motivo no debería escapar a nadie que considere en su análisis como relevante el bienestar de la gente, motivo por el cual el gobierno optó manifestando públicamente la necesidad de llevar una política de austeridad.
Este fue el verdadero sentido de las expresiones del ministro. Debemos conducirnos como país siguiendo una política económica prudente y transparente para seguir por la senda del crecimiento económico y mejores oportunidades, dado que la otra alternativa implica falta de capitales, inflación y desempleo.
No obstante y habiéndose expresado lo anterior, medios periodísticos juntos con algunos “sesudos” analistas de la economía, empezaron a decir que “había sido que el gobierno pintaba la economía a su antojo” y que “estamos yéndonos hacia lo peor”.
Confundieron de mala fe la diferencia entre economía y finanzas y al hacerlo llegaron a la conclusión de que controlar el déficit y tener un plan de austeridad es malo para la economía y por ende para la población.
Para esos analistas, revaluar el escenario financiero significa cambiar para mal el horizonte económico. Se equivocan y grande. El hecho de revaluar la situación diciéndole a la población que el mismo Estado va a ajustar sus gastos significa que la pretensión del gobierno es mantener el crecimiento ajustando el déficit a la Ley de Responsabilidad Fiscal. Pero no. Para los sesudos analistas y perifoneros del pesimismo, está mal contar con una política de austeridad y al mismo tiempo bajar el déficit fiscal para seguir creciendo. Es al revés de lo que dicen. Está bien y muy bien que el propio gobierno le diga al pueblo que está dispuesto a contener los gastos superfluos para que la economía siga creciendo.
La obsecuencia de sus pretendidos deseos de ver fracasar al actual gobierno, les hace apelar a la mala fe, tergiversando el verdadero significado de las expresiones del ministro de Economía y Finanzas. Ninguno de los “analistas” dijo y ni siquiera se atrevieron a felicitar al gobierno cuando en estos días reitero enfáticamente de que no se subirán los impuestos. Se callaron. Ni siquiera se animaron a decir que aumentar los impuestos sería llevar al país al infierno.
Tampoco los “analistas” dicen que si se suben los impuestos se estará ocasionado un problema mayor dado que afectará a la merma de la recaudación impositiva porque –como se sabe de acuerdo a la curva de Laffer– el aumento de las alícuotas impositivas tiende más bien a reducir el ingreso al erario alimentando incluso a la recesión de toda la economía. Nada de esto dicen los analistas económicos que desean causar daño. Es notoria su mala fe.