Por Emilio Agüero Esgaib
La historia de Bartimeo el ciego se encuentra en el evangelio de Mateo 20:29-34.
El relato habla de que a Jesús le seguía una gran multitud y que el ciego estaba junto al camino. Cuando Bartimeo supo que era Jesús quien pasaba, empezó a gritar: “¡Jesús, hijo de David, ten misericordia de mí!”. Gritó tanto que muchos lo reprendieron y le dijeron que se callase, pero él insistió aún más y siguió gritando. Entonces, Jesús lo mandó llamar y le preguntó qué quería que hiciese. Él pidió recibir la vista y la recibió.
Sin duda, Bartimeo era un ciego con visión, en el sentido que él sabía perfectamente lo que quería y de quién podría obtener aquello que anhelaba. Una vez preguntaron a Hellen Keller, escritora estadounidense sorda y ciega, qué es peor que ser ciega y ella respondió: “No tener visión”. El que no tiene visión, no puede ver el futuro, no puede esperar nada, no tiene expectativa, no tiene sueños, no anhela nada, no tiene fe, porque la fe tiene que ver con el futuro, en el sentido de que cuando tengo fe en algo aún no lo estoy viendo, aún no lo tengo. En incoherente que alguien diga: “Tengo fe de que tendré algo” cuando ya lo tiene; la fe es creer en algo antes de verlo. El apóstol dijo: “Caminamos por fe, no por vista”. El creyente vive su vida creyendo, siempre mira para el frente y espera algo bueno.
Tenemos que saber qué queremos y dónde conseguirlo. Bartimeo sabía lo que quería: recobrar la vista, y dónde lo conseguiría: en Jesús.
Hay gente que no sabe lo que quiere, y menos de dónde lo puede conseguir. Un dicho dice que para un barco sin rumbo ningún viento le sopla a favor.
Por otro lado, hay gente que sabe lo que quiere, pero lo busca en un lugar incorrecto. Creo yo, que toda persona normal y sana emocionalmente quiere, por poner un ejemplo, una buena familia, quiere formar un lindo hogar, quiere tener una vida plena, pero podría estar buscando estas cosas en lugares incorrectos o desde la actitud equivocada. Puede que sus conceptos sean errados o que sus emociones estén dañadas, o puede que esté llena de amargura, rebeldía e incredulidad y todo esto hace que yerre el camino. Tiene orgullo, egoísmo o deslealtad, y esto impide la confianza, el crecimiento del amor y la consolidación de la unidad.
Acude en busca de ayuda a fuentes erróneas: a gurúes, brujos, al humanismo u otras ideologías, pero no a su fuente de gracia y bendición, que es Cristo. La mayoría de las personas no quieren acudir a Cristo porque saben, instintivamente, que Él les pedirá que renuncien a sus egos y a sus caprichos, y tendrán que salir de su comodidad, perdonar, servir y renunciar. Sin embargo, ese es el camino correcto para ser felices y tener victorias.
Si vos sabés lo que querés y acudís a la fuente correcta, ya lograste dos de los tres principales pasos para obtener lo que anhelás. El tercero es tener una actitud correcta.
Bartimeo tenía una actitud correcta en cuanto a su fe, tenía una fe persistente. A pesar de su ceguera física, supo darse cuenta de que su bendición estaba pasando cerca. Esto es porque él estaba atento, expectante, de seguro sabía quién era Jesús y los milagros que realizó y creía que también podría hacer uno con él.
Para que la oportunidad no pase de largo, tenemos que tener la capacidad de estar atentos, expectantes.
Bartimeo clamó sin vergüenza ni etiquetas. La Biblia dice que la esperanza no avergüenza. ¿Por qué tendríamos que tener vergüenza de clamar a Dios por ayuda? Solo el que desea algo malo debería de tener vergüenza de clamar, de exteriorizar su necesidad. El que desea lo bueno no debe tener vergüenza.
Puede también que incluso el que desea lo bueno tenga vergüenza, por guardar una imagen. Esto es orgullo y, si vamos a conseguir algo de Dios, tiene que ser con una actitud humilde y sincera.
Dejanos tu comentario
¿Alivia el cuerpo y el espíritu el hecho de ir a misa?
La práctica de rituales religiosos libera sustancias químicas que fortalecen los vínculos sociales e incluso aumentan el umbral de percepción del dolor, según un estudio realizado en Brasil y el Reino Unido. Varias investigaciones demostraron que algunos opioides producidos de forma natural por el organismo, como la betaendorfina, desempeñan un papel fundamental en el apego social de los animales y en las relaciones sociales de los seres humanos adultos.
Estas “sustancias químicas del bienestar” se liberan cuando adoptamos determinados comportamientos, lo que posteriormente contribuye a que nos sintamos unidos a los demás, explica a la AFP Valerie van Mulukom, coautora de un estudio publicado esta semana en Proceedings of the Royal Society B. En los monos esto ocurre especialmente durante las sesiones de acicalamiento, esenciales para la cohesión del grupo. Sin embargo, en las sociedades humanas de gran tamaño, las interacciones cara a cara no bastan para reforzar los lazos sociales entre cientos o incluso miles de personas.
Una teoría del biólogo evolutivo británico Robin Dunbar sostiene que “desarrollamos ciertos comportamientos que nos permiten producir las mismas sustancias químicas que en las interacciones cara a cara, pero a una escala mucho mayor”, destaca Van Mulukom, investigadora en psicología de la universidad Oxford Brookes (Reino Unido).
“Estos comportamientos incluyen moverse de forma sincronizada (realizando espontáneamente los mismos movimientos), cantar juntos, hacer música juntos o saber que compartimos las mismas creencias”, explica.
En este contexto, ella y sus colegas estudiaron los rituales religiosos en 24 investigaciones de campo realizadas con fieles en el Reino Unido y Brasil.
Repetidos cada semana, “los rituales religiosos reúnen todos estos comportamientos. Cuando se asiste a una misa, por ejemplo, todos se levantan al mismo tiempo, rezan juntos, al final se desean mutuamente la paz, escuchan y cantan juntos”, señala la investigadora.
Conectados con Dios
En el Reino Unido, todos los participantes eran cristianos, aunque pertenecían a distintas confesiones (católica, anglicana, metodista y bautista).
En Brasil, los participantes practicaban el culto de la Umbanda, una religión afrobrasileña que combina el espiritismo, danzas y ritmos rituales africanos con oraciones e imágenes católicas.
Los participantes respondieron un cuestionario antes y después del servicio religioso sobre su sentimiento de pertenencia al grupo, que incluía preguntas como: “Pensando en todas las personas presentes, ¿hasta qué punto confía usted en los demás miembros de este grupo?”
Puesto que es imposible medir directamente la producción de opioides sin recurrir a procedimientos invasivos, y dado que estas sustancias actúan como analgésicos, los investigadores utilizaron un método habitual en los estudios experimentales: emplear el umbral del dolor como indicador indirecto.
Para ello, inflaron lentamente un manguito de presión -como los utilizados para medir la presión arterial- alrededor del brazo de cada participante antes y después del servicio religioso, hasta que este indicara sentir una “molestia importante”.
El resultado fue que, tras el ritual, el sentimiento de vínculo social era mayor que antes, al igual que el umbral del dolor. También aumentó ligeramente el afecto positivo (emociones agradables como la alegría, la serenidad y el placer), mientras que el afecto negativo disminuyó.
“Observamos que cuanto más conectadas con Dios se sentían las personas durante el ritual, más les ayudaba a crear vínculos con los demás”, destaca Van Mulukom.
Más allá de las actividades sincronizadas, “hay algo en las creencias que estas personas integran en su identidad que las une con mayor fuerza”, subraya.
“Del mismo modo que, si participo en una manifestación contra los combustibles fósiles porque coincide con mis creencias y mis principios, probablemente me sentiré más unido a los demás manifestantes que en un concierto, aunque en este último seguramente me mueva y cante de manera mucho más sincronizada con el resto”, concluye la investigadora.
Fuente: AFP.
Dejanos tu comentario
La increíble historia del hombre que revivió la ilusión de todo un país
- Jorge Zárate
- jorge.zarate@nacionmedia.com
- Fotos: Archivo / Gentileza
Aunque nunca jugó en primera e incluso pensó en abandonar la dirección técnica, Gustavo Alfaro estará al frente de una selección por segunda vez consecutiva en un Mundial. Aquí un repaso por la vida y obra del hombre que ilusiona a la Albirroja y a todo un país.
La locutora irrumpe al aire con energía de programa matinal de radio: “¡Saben que lo que más se vende en Areguá son las alcancías del profe Alfaro, los “Alfaritos…!”, dice y explica que se consiguen a 50 mil guaraníes y que los “alfareros” no dan abasto y las risas y voces se mezclan en comentarios sobre el Mundial, las expectativas, en la espera del contacto con los enviados, yendo al corte que vende televisores.
El fenómeno, más allá de la felicidad que aportó la clasificación, tiene mucho que ver con la capacidad motivadora de Alfaro, algo que construyó en el tiempo, desde el joven futbolista, el empecinado técnico del fútbol de ascenso en la Argentina, su llegada a primera división, su paso por Boca Juniors y el salto final a ser técnico de selecciones.
Ahora sueña con dar junto a la Albirroja el paso más grande de su carrera. “Nosotros tenemos que pasar de ser un equipo que amenaza de contragolpe a un equipo que tiene letalidad de contragolpe, que va a definir de contragolpe”, dice Alfaro tras el último amistoso y anticipa una figura táctica que tomará forma definitiva en los tres partidos de la fase de grupos.
Un hombre que, con trabajo, enciende una ilusión, una constante en su vida. Gustavo Alfaro nació en Rafaela, Santa Fe, y le dicen Lechuga, porque de joven su cabellera encrespada se parecía a un atado de hojas de la hortaliza.
LIDERAZGO INNNATO
Cuenta Miguel González, periodista del portal Rafaela Noticias, que el actual técnico de la Albirroja era volante central, número 6 en nuestro país, 5 en la Argentina. “Siempre fue caudillo, líder dentro de la cancha, más bien rústico, no era un creativo. Era más de marca, despliegue, de estar apoyando. Esporádicamente llegaba al gol, pero hizo goles importantes, siempre era el que hablaba, ponía la cara, el capitán”, describe. “Flaquito, parecía endeble, pero era aguerrido como jugador, mucha marca, estaba en todos lados, gran líder”, agrega.
Jugó en Sportivo Norte y Villa Alvear de Chaco y entre los años 84 al 93 jugará en el Atlético de Rafaela en una carrera en la que “pega el salto del amateurismo al profesionalismo en el 89”, cuenta el colega. “Juega un torneo que le permite clasificarse al ascenso Nacional B, actual primera nacional, y él fue el capitán, caudillo, referente principal, porque se había formado en el equipo y era un técnico dentro de la cancha, era muy profesional, serio, estudioso”, memora.
Perseguir ese ascenso era como un sueño impensable para un club de una ciudad mediana que tenía una liga local de poco más de 10 equipos, pero lo hicieron, ganaron un regional provincial y clasificaron al nacional. “Arranca como futbolista, desde las formativas, se hace capitán del equipo y es el referente que logra ascender”, resume.
Néstor Clivati, de radio El Espectador de Rafaela, confirma lo anterior: “Lo sigo desde el 89 cuando consiguió el ascenso con el Atlético”, cuenta. Desde Miami, donde cubre en estos días la participación de Argentina en el Mundial, cuenta que mantiene una buena relación con Alfaro, que sus familias son amigas y que también estará atento a la suerte de Paraguay en el torneo.
De su liderazgo apunta que “viene de su personalidad, de joven, era la voz cantante, el que ponía el umbral del temperamento y siempre tuvo buena comunicación con los compañeros y el entorno. Tiene un aire intelectual, pero se debe a su formación, que fue importante”.
DISYUNTIVA
Alfaro contó en primera persona que debió elegir entre su carrera universitaria o seguir su pasión por el fútbol: “Mi camino empezó cuando tenía 28 años, después de dejar la carrera de Ingeniera Química a falta de diez materias para el título. La decisión fue muy difícil de entender por mis padres. Años antes había llegado a un acuerdo con ellos para pausar mis estudios y dedicarme al fútbol por completo. Fue cuando llegamos con Atlético de Rafaela al Nacional B. En una categoría así, ya tienes que entrenar todos los días, sin tiempo para enfocarte en los estudios u otros asuntos. “Déjenme hacer esto que es lo que soñé toda mi vida. Porque ingeniero puedo ser a los 40, pero futbolista no”, les dije. Y ellos aceptaron”, apuntó en el sitio Coaches Voice (La voz de los técnicos).
Sigue contando el profe: “Entonces jugué tres años y medio, y después me retiré. Ya me había sacado el gusto por jugar. Pero al volver a la ingeniería no cumplí con mi parte del trato con mis padres: terminar la carrera.
Ahí sentí que la pasión por la ingeniería se había muerto y había nacido mi verdadera pasión, que era la que tenía de chico cuando soñaba con los domingos del fútbol de primera división. Como no lo había alcanzado como jugador, sí quería hacerlo como entrenador de un equipo de primera.
Debió pasar diez años en segunda división para poder hacer realidad la ilusión de poder disfrutar el privilegio de estar en primera, pero llegó. Por eso digo siempre a mis jugadores –también a mis hijas– el valor de perseguir los sueños. Lamentablemente mis padres ya no estaban con vida para poder verlo hecho realidad”, narró. Quizá de la ingeniería le venga el afán de mantener el orden y las estructuras en sus equipos.
CONDUCTOR DE GRUPOS
Más tarde, dice González: “Asciende, juega en el profesionalismo, comienzan a codearse con el futbol nacional, cuando se retira, pasa a ser el técnico del equipo y en su cuerpo técnico hasta hoy está Carlos González, que jugaba de 8 a su lado en Atlético Rafaela y Sergio Chiarelli, que es el preparador físico de sus equipos, era también del club y se conocen desde chicos”, cuenta.
Clivati agrega que “Claudio Cristofanelli lleva 20 años con ellos. Habla muy bien de él, saber rodearse y mantener el equipo en el tiempo”. Entiende que allí está una de las claves de su desarrollo: “Esa química que logra en los vestuarios viene de la que él generó en su cuerpo técnico y sus ayudantes. Si bien es notorio el caso de Paraguay, no es la primera vez que despierta un grupo, ya lo hizo con otros planteles en otras campañas, no es infalible, pero sus jugadores siempre destacan esa empatía que logran él y su cuerpo técnico que lo respalda”.
Dirigiendo Atlético Rafaela en su primera experiencia, cuenta González que “estuvo a punto de ascender a la primera, llegó a jugar definitorias con Estudiantes de La Plata, donde el capitán era Juan Sebastián Verón”, apunta.
Después pasa a Olimpo de Bahía Blanca, Belgrano, Quilmes y en un tiempo más consigue llegar a dirigir en primera división y disputa la Copa Sudamericana con Arsenal de Sarandí. “Es todo mérito suyo, porque no era un tipo de Buenos Aires que crece codeado con los más grandes, viene del fútbol del interior, de una liga provinciana”, destaca.
SEGUNDO MUNDIAL
Alfaro lo cuenta así: “Por eso, después de dirigir a Boca, sentí que lo que tenía que hacer en Argentina estaba cumplido…Yo he estado en cuatro mundiales seguidos, desde Alemania 2006 a Rusia 2018, trabajando para una televisión de Colombia. Antes de cada partido, miraba abajo desde la posición de la cabina de televisión y me fijaba en los seleccionadores y siempre me hacía las mismas preguntas: “¿Por qué yo no estoy ahí? ¿Qué me falta para dirigir en un Mundial?”.
Clivatti recuerda que “pensó en dejar de dirigir después de Boca, que fue traumático para él, pero después hace un quiebre positivo y pasa de ser entrenador de seleccionados”. Primero en Ecuador (2020-22), con el que fue a Catar, luego Costa Rica (2023-24) y finalmente Paraguay. Con 63 años cumplidos el 14 de agosto pasado, tendrá su segunda experiencia mundialista consecutiva.
González apunta: “Desde siempre fue un conductor de grupo, líder, un tipo preparado, estudioso, formado, lector de muchos temas. No solo estudia el fútbol, sino también las cosas cotidianas, no es que vende humo”. Señala que “su familia tenía una pequeña industria metalúrgica que quebró en una época difícil, creo que de autopartes, no viene de un hogar de carencias, y el equipo del que es referente es del centro de la ciudad. Al Atlético le dicen la Crema es un club importante en lo social”.
Entiende que es un emblema de Rafaela, “una ciudad con poder adquisitivo que sobresalió en la región y en el país. Tiene una idiosincrasia de gente que provino en gran medida de la inmigración italiana que dio empuje y desarrollo, e instaló fábricas de caramelos, colchones, lácteos, frigoríficos, etc.”.
El Atlético de Rafaela administra además el autódromo de la ciudad, reconocido internacionalmente, al punto de que “los autos de las 500 millas de Indianápolis corrieron aquí en el 71 y allí en ese predio está el centro de entrenamiento que tiene el complejo de canchas e instalaciones del fútbol”.
UN REFERENTE EN SU COMUNIDAD
Perfila a Alfaro como “un muchacho de clase media que aprovechó oportunidades y que trabajó duro. No sé si soñó lo que le dio el fútbol” y comenta que “es muy reconocido y querido en la ciudad como un referente de fútbol en el mundo, no viene muy seguido, pero cuando lo hace suele dar charlas a los juveniles y se lo escucha con respeto”.
Clivati agrega que “es una figura admirada por sus valores, su compromiso, tiene una identificación con Atlético, pero lo quieren en general. Hace muchos años se fue de la ciudad donde quedan algunos familiares”.
A la hora de trazar un perfil, apunta que “es una persona presente, es amigo de los amigos, es afectuoso, tiene siempre buena memoria emotiva y creo que en dosis se nota cuando puede llegar a un grupo de profesionales”.
Agrega que “si repasas sus declaraciones, las matiza con alguna riqueza conceptual, con hechos que tienen que ver con el jugador persona y es un recurso que lo hace un entrenador distinto, que llega al jugador y le toca la fibra más íntima, lo que le agrega valor a su liderazgo como jefe de grupo”. En diciembre de 2025, lo homenajearon en la fiesta del deporte en su Rafaela natal.
UNA CAMISETA ESPECIAL
“Fue una experiencia impresionante, el profe Alfaro me trató como su hijo, me sentí como un niño chiquito al que su papá le da un abrazo”, cuenta Ignacio Villalba Denis, el dibujante guaireño que pinta camisetas biográficas de futbolistas y personalidades destacadas.
Comenta que esperó media hora en la portería de la APF en Ypané “hasta que escuché la radio que decían ‘déjenle pasar a Ignacio Villalba’. La seguridad era tremenda y cuando logré entrar vi la locura que genera el profe, porque cuando él salió incluso hasta los que trabajan todos los días allí se acercaron para tomarse una foto con él”, recuerda.
“Fue superamable supercorrecto, tenía un aura y me puse muy nervioso, fue tan lindo y emocionante. Me hicieron un video los de la Albirroja y ahí le dije a Alfaro que esto es por todos los paraguayos, por lo que nos devolviste y cuando vio el cuadro se le iluminaron los ojos. Casi se me escapan algunas lágrimas y me abraza el profe y me dice ‘muchísimas gracias, voy a llevarme a un recuerdo muy bonito de Paraguay’”, concluye.
Dejanos tu comentario
La Albirroja entra hoy al Mundial más tecnológico de la historia
La Selección Paraguaya debuta este viernes frente a Estados Unidos en un Mundial que promete marcar un antes y un después en la historia del fútbol. Más allá de la expectativa deportiva que genera el estreno albirrojo, la Copa del Mundo 2026 se distingue por ser la primera en desplegar un conjunto de tecnologías sin precedentes, con la inteligencia artificial como protagonista central.
Según destaca el medio RT, esta edición del torneo será la más avanzada desde el punto de vista tecnológico, incorporando herramientas que nunca antes habían sido utilizadas de manera tan amplia en una competición mundialista. La innovación alcanzará tanto a los jugadores y entrenadores como a los árbitros, transformando la forma de analizar, interpretar y gestionar cada partido.
Una de las principales novedades será el acceso universal a sistemas de inteligencia artificial capaces de analizar en tiempo real los movimientos de los futbolistas y el comportamiento táctico de los equipos. De esta manera, todas las selecciones participantes podrán disponer de información detallada para evaluar rendimientos, detectar patrones de juego y ajustar estrategias durante la competencia.
Te puede interesar: Del Chaco al Mundial, una fecha que une la historia y la ilusión paraguaya
Cada jugador tendrá un avatar
Otro avance inédito es la creación de avatares tridimensionales de cada jugador. Estos modelos digitales, elaborados a partir de escaneos corporales, permitirán reconstruir con precisión las acciones más polémicas del encuentro y servirán de apoyo para determinar fueras de juego, posibles infracciones, manos o faltas dentro del área.
La tecnología también estará presente en el balón oficial, equipado con sensores internos capaces de registrar contactos y movimientos. Esta información complementará el trabajo del sistema de videoarbitraje (VAR), aportando datos adicionales para esclarecer jugadas controvertidas.
Asimismo, los cuerpos técnicos recibirán estadísticas en vivo sobre desplazamientos, intensidad física y posicionamiento de los futbolistas, una herramienta que hasta hace pocos años estaba reservada a algunos de los clubes más avanzados del mundo.
Interpretación correcta
Para los especialistas, el desafío ya no consiste únicamente en recopilar grandes volúmenes de información, sino en interpretarla correctamente.
Franco Impellizzeri, editor jefe de la revista Science and Medicine in Football e investigador de la Universidad Tecnológica de Sídney, señaló que la mayoría de las grandes selecciones ya incorporan expertos en ciencia del deporte y análisis de datos, además de investigadores especializados que colaboran de forma permanente con los equipos.
Así, mientras Paraguay inicia su camino mundialista frente a Estados Unidos, también será protagonista de una experiencia inédita: disputar el primer Mundial en el que la inteligencia artificial, los sensores y los modelos digitales tendrán un papel tan decisivo como el talento dentro del campo de juego.
Leé también: El Mundial llegó a albergue de Asunción y usuarios podrán ver y alentar a la Albirroja
Dejanos tu comentario
IA, poder y verdad: el desafío de no perder el alma en la era de los algoritmos
Columnista invitado: César Palacios, @cespala comunicador, docente y estudiante de Antropología Social.
Vivimos en una época en la que la velocidad supera a la reflexión, donde la información circula más rápido que nunca, pero la verdad, paradójicamente, se vuelve cada vez más frágil. En este nuevo escenario, la inteligencia artificial no es solo una herramienta: es un espejo y lo que refleja no siempre es lo mejor de nosotros.
La reciente encíclica Magnifica humanitas del Papa León XIV plantea una advertencia que trasciende el ámbito religioso y se instala con fuerza en el corazón del debate contemporáneo: la tecnología no es neutral, lleva la huella de quienes la diseñan, la financian y la utilizan y en ese proceso, puede convertirse en un instrumento de progreso o en un vehículo de distorsión.
Hoy, uno de los riesgos más preocupantes no es la inteligencia artificial en sí misma, sino su convergencia con una cultura de la inmediatez que ha debilitado los filtros del pensamiento crítico. Vivimos en la era de la sobreinformación, pero también en la de la desinformación y en ese terreno, la verdad compite en desigualdad de condiciones con la emoción, el prejuicio y el interés.
Te puede interesar: Gobernanza como camino: la reestructuración de la empresa familiar
La encíclica advierte sobre una “arquitectura de la visibilidad” en la que lo viral desplaza a lo veraz y lo impactante pesa más que lo comprobado. En ese ecosistema, las fake news no son un accidente: a menudo son el resultado lógico de un sistema que premia la velocidad por encima de la certeza.
Y aquí emerge una responsabilidad ineludible: la de los medios de comunicación. Porque cuando un medio publica sin verificar, acusa sin pruebas y amplifica versiones sin contrastar, no solo comete un error profesional, contribuye, consciente o inconscientemente a erosionar uno de los pilares fundamentales de la democracia: la confianza.
La inteligencia artificial, en este contexto, puede agravar el problema. La capacidad de generar contenidos, automatizar narrativas o manipular imágenes y sonidos introduce un nuevo nivel de complejidad. No estamos solo ante noticias falsas: estamos ante la posibilidad de construir realidades alternativas con apariencia de verdad.
Por eso, la advertencia del Papa es profundamente vigente: no basta con una tecnología más avanzada; necesitamos una ética más sólida. La cuestión de fondo no es si la IA es buena o mala. La verdadera pregunta es: ¿Al servicio de quién está? ¿De la persona y el bien común o de las lógicas de poder, del lucro y de la manipulación?
En esta era digital, la verdad se convierte en un bien común que debe protegerse activamente. No alcanza con denunciar la desinformación, es necesario construir una cultura que valore la veracidad, fomente el contraste de fuentes que premie el rigor y no el escándalo.
Aquí, el desafío también es educativo, formar ciudadanos capaces de dudar, de preguntar, de no aceptar como cierto todo lo que aparece en una pantalla. Como señala la encíclica, incluso es necesario “educarnos en el ayuno de la IA”, es decir, recuperar espacios en los que el pensamiento humano no sea reemplazado, sino fortalecido.
Pero el desafío no es solo individual, es institucional. Los medios, las plataformas digitales, los sistemas educativos y los Estados deben asumir una corresponsabilidad ética. La libertad de expresión no puede ser excusa para la irresponsabilidad informativa. Y la innovación tecnológica no puede convertirse en coartada para eludir la verdad.
Porque cuando la verdad se debilita, lo que se erosiona no es solo el debate público, se erosiona la convivencia, la confianza y en última instancia, la democracia misma. En este contexto, la inteligencia artificial se convierte en un campo de disputa moral. Puede utilizarse para ampliar el conocimiento, mejorar la vida de las personas y fortalecer la transparencia. O bien puede usarse para confundir, manipular y concentrar el poder.
La elección no es tecnológica, es profundamente humana. Como lo plantea León XIV, estamos ante una bifurcación histórica: construir una nueva Babel, donde el ruido y la fragmentación dominen o edificar una “ciudad” en la que la verdad, la dignidad y el bien común orienten el desarrollo.
La pregunta, entonces, no es qué puede hacer la inteligencia artificial, la pregunta es qué estamos dispuestos a hacer nosotros para que no nos quite lo más importante: la capacidad de discernir, de dialogar y de decir la verdad.
Lea también: Depósitos por USD 30.016 millones. Ranking bancos y financieras a abril 2026